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Las acciones cuánticas caen en bloque por el repunte de los bonos: IonQ, Rigetti y D-Wave

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Las acciones cuánticas caen en bloque por el repunte de los bonos: IonQ, Rigetti y D-Wave

IonQ, Rigetti y D-Wave Quantum se dejaron llevar por las ventas generalizadas en la tecnología tras el fuerte repunte de la rentabilidad de los bonos del Tesoro de EE. UU. El detonante no fue nada de las empresas, sino el humor del mercado con los tipos de interés.

El lunes 28 de septiembre fue un día complicado para la computación cuántica en bolsa. Las acciones del sector cayeron de forma generalizada y arrastraron a nombres tan conocidos para el inversor particular como D-Wave Quantum (QBTS), Rigetti Computing (RGTI) e IonQ (IONQ), entre otros. Lo llamativo es que no hubo ningún anuncio, resultado ni problema interno en estas compañías detrás del batacazo: el detonante llegó de fuera, del mercado de bonos.

¿Y qué tiene que ver un bono con una empresa que investiga computación cuántica? Mucho más de lo que parece. Cuando la rentabilidad de la deuda pública estadounidense (el famoso rendimiento del Treasury) sube con fuerza, el dinero «seguro» empieza a pagar más. Eso cambia el cálculo que hace el mercado: si puedo cobrar un interés atractivo sin asumir apenas riesgo, exijo más a cambio de invertir en empresas cuyos grandes beneficios se esperan dentro de muchos años. Y aquí está la clave del asunto: cuanto más lejos en el tiempo están esas ganancias prometidas, más se castiga su valor cuando los tipos suben.

La computación cuántica es, probablemente, el ejemplo más extremo de esto. Son compañías que cotizan sobre una promesa a largo plazo —ordenadores capaces de resolver problemas que hoy son inabordables— cuyos ingresos actuales son todavía modestos en relación con su tamaño en bolsa. Eso las convierte en valores muy sensibles al humor del mercado: cuando el apetito por el riesgo se enfría, son las primeras de la lista en sufrir ventas, porque su tesis depende de hitos científicos y contratos que aún tienen que llegar. No es que el cuántico deje de tener sentido, es que su valoración aguanta peor los sustos macroeconómicos.

De cara a las próximas semanas, el foco estará en dos frentes. El primero, el macro: cualquier dato de inflación, movimiento de tipos o subasta de deuda que vuelva a tensar la rentabilidad de los bonos puede repetir el guion de este lunes. El segundo, lo propio de cada compañía: anuncios de avances técnicos, nuevos acuerdos con clientes o administraciones públicas y, sobre todo, la capacidad de convertir pruebas piloto en ingresos recurrentes de verdad. Mientras eso no llegue, estas acciones seguirán bailando al son de los tipos de interés, para bien y para mal.

Conviene no perder la perspectiva: una caída de un día provocada por el mercado de bonos no cambia por sí sola la tesis de inversión en el sector. Lo que sí hace es recordar algo importante para quien tenga o quiera tener estos valores en cartera: son apuestas de largo plazo, con mucha volatilidad, y su comportamiento a corto plazo depende en gran medida de factores que no tienen nada que ver con lo que hacen sus ingenieros.

El análisis de Salseo

  • El mecanismo es puramente financiero, no operativo: cuando sube la rentabilidad de los bonos, el mercado descuenta más los beneficios futuros y las empresas que prometen ganar dinero dentro de muchos años son las que más caen. IonQ, Rigetti o D-Wave no publicaron ninguna mala noticia ese día; simplemente fueron el eslabón más frágil de la cadena tecnológica.
  • La trampa de las valoraciones basadas en promesas: estas compañías cotizan por lo que se espera que sean dentro de una década, no por lo que facturan hoy. Eso las hace especialmente sensibles a los tipos de interés, porque cada punto que sube la deuda reduce el valor presente de esos beneficios lejanos. Es el mismo efecto que golpea a otras tecnológicas de crecimiento, pero amplificado.
  • Qué vigilar: por un lado, los datos de inflación, las decisiones de tipos y las subastas de deuda de EE. UU., que son el termómetro del nerviosismo. Por otro, los catalizadores propios del sector: nuevos contratos, avances en corrección de errores o hitos técnicos y, sobre todo, si alguna de estas empresas empieza a convertir proyectos piloto en ingresos recurrentes. Ahí sí cambiaría la tesis.
  • La lectura contraria: una caída así mete en el mismo saco a compañías que no están en la misma fase ni atacan el problema cuántico de la misma forma. Para un inversor con horizonte largo, estos episodios de venta indiscriminada suelen abrir la puerta a distinguir quién tiene negocio detrás y quién solo tiene relato, algo que el titular del día no cuenta.

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Fuente: TipRanks