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Las acciones de IA se hunden tras el llamamiento de sus grandes jefes a frenar el desarrollo

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Las acciones de IA se hunden tras el llamamiento de sus grandes jefes a frenar el desarrollo

Los gigantes tecnológicos y los fabricantes de chips caen con fuerza después de que el CEO de Anthropic, Dario Amodei, pida ralentizar la mejora de los modelos de IA, una petición secundada por Sam Altman y Elon Musk.

Las bolsas han empezado la semana castigando a todo lo que suena a inteligencia artificial. El detonante no ha sido un mal dato de resultados ni un susto macroeconómico, sino un ensayo firmado por Dario Amodei, cofundador y consejero delegado de Anthropic, en el que pide abiertamente frenar el ritmo al que se mejoran las capacidades de los modelos de IA. Lo llamativo es que el aviso no viene de un regulador ni de un inversor crítico, sino de uno de los propios protagonistas de la carrera, y que otros grandes nombres del sector se han sumado en cuestión de horas.

El goteo de caídas ha sido amplio y muy internacional. En Asia, los pesos pesados surcoreanos SK Hynix y Samsung Electronics cerraron con descensos superiores al 6% y al 4%, respectivamente, mientras que SoftBank, uno de los mayores inversores de OpenAI, se dejó un 10% en Japón. En Europa, el fabricante de equipos para chips ASML cayó más de un 4%, Nokia alrededor de un 5% e Infineon más de un 6%, y también bajaron compañías ligadas a la construcción de centros de datos como Siemens Energy y Schneider Electric. En el premercado estadounidense el patrón se repitió: Micron en torno a un 5% abajo, Intel cerca de un 6% y Nvidia algo más de un 2%, con Microsoft, Amazon y Alphabet ligeramente en negativo.

Detrás del movimiento está un debate que llevaba días creciendo y que estalló la semana pasada. Jacob Coxon, investigador de Anthropic que antes trabajó en OpenAI, anunció que dimitía por su preocupación de que ambas compañías estén "jugando con nuestras vidas". A eso respondió Evan Hubinger, investigador de seguridad de Anthropic, afirmando que cree que hay más de un 10% de probabilidad de que la IA "mate a todos los humanos" en la próxima década. Las publicaciones incendiaron las redes sociales y empujaron a los líderes del sector a mojarse: Amodei publicó el sábado su ensayo pidiendo ralentizar el desarrollo, el CEO de OpenAI, Sam Altman, dijo estar de acuerdo en la necesidad de "marcar el ritmo de la frontera" y Elon Musk, consejero delegado de SpaceX, zanjó en X con un escueto "Dario tiene razón".

El problema para el mercado es que buena parte del rally de los últimos tiempos se ha construido sobre la promesa de crecimiento y de ganancias de productividad que traería la IA. Así lo resume Zoe Gillespie, directora sénior de RBC Brewin Dolphin: si esa expectativa empieza a descarrilar, puede afectar al comportamiento de la renta variable, porque gran parte de la rentabilidad que se espera de estas compañías ya está descontada en su crecimiento futuro de beneficios, y si eso se pone en duda, el mercado se desestabiliza. En cristiano: no hace falta que el negocio empeore hoy, basta con que la promesa parezca menos sólida.

Conviene no perder de vista a quién golpea realmente. Muchas de las empresas que más han caído no venden IA al usuario final, sino las herramientas para fabricarla: memoria, equipos de producción de chips e infraestructura para centros de datos. Por eso la clave de las próximas semanas será si este freno se queda en un debate ético y filosófico o si acaba traduciéndose en menos pedidos, retrasos de proyectos o recortes de inversión por parte de los grandes compradores. Los proveedores de chips y de maquinaria serán los primeros en notarlo, y sus cuentas serán el termómetro más fiable para saber si el susto de hoy era solo eso, un susto.

El análisis de Salseo

  • El aviso no llega desde fuera, sino desde dentro: cuando los propios jefes de la IA piden frenar, el mercado entiende que podría haber menos inversión y menos pedidos a corto plazo. Eso es exactamente lo que castiga a los vendedores de chips y maquinaria, que viven de que la carrera siga acelerando.
  • Ojo al matiz: hoy no ha empeorado ningún negocio. Ninguna de estas compañías ha presentado peores cuentas; lo que se ha movido es la expectativa de crecimiento futuro. En valores que cotizan con valoraciones muy exigentes, un cambio de relato se traduce en caídas de varios puntos en una sola sesión.
  • La señal concreta que hay que vigilar no es el titular, sino los pedidos. Si las grandes tecnológicas mantienen sus planes de inversión en centros de datos, esto se queda en un debate ético pasajero. Si alguna anuncia retrasos o recortes de compras de chips y equipos, ahí sí cambia la tesis del sector.
  • La lectura contraria también existe: frenar la carrera no significa dejar de construir. El cuello de botella sigue estando en la capacidad de cómputo y en la memoria, y quien ya va por delante puede incluso beneficiarse de que la competencia se tome un respiro. La volatilidad, eso sí, ha venido para quedarse: este sector se mueve hoy más por titulares que por resultados.

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Fuente: CNBC