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Los accionistas de Iridium aprueban por goleada la compra por Rocket Lab

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Los accionistas de Iridium aprueban por goleada la compra por Rocket Lab

El 99,6% de los votos emitidos respalda la fusión con Rocket Lab, que pagará 27 dólares en efectivo y acciones por cada título de Iridium. El cierre no llegará hasta mediados de 2027 y depende todavía de los reguladores.

Iridium Communications ha dado el sí definitivo a su venta a Rocket Lab. En una junta extraordinaria de accionistas celebrada el 24 de septiembre de 2026, aproximadamente el 99,6% de los votos emitidos se mostró a favor del acuerdo de fusión anunciado previamente, un respaldo que equivale al 81% de todas las acciones de Iridium con derecho a voto. El detalle completo de la votación quedará reflejado en un formulario 8-K que la compañía presentará ante el regulador bursátil estadounidense, la SEC.

Los términos de la operación son los siguientes: por cada acción de Iridium, sus dueños recibirán 27 dólares en efectivo y un número de acciones de Rocket Lab que se calculará aplicando un ratio de canje con una banda de ajuste (lo que en la jerga se conoce como 'collar'). Ese mecanismo sirve para que la parte pagada en acciones de Rocket Lab no se dispare ni se hunda si la cotización del comprador se mueve mucho antes de que la operación se cierre. El valor teórico de la transacción se sitúa en 54 dólares por acción de Iridium. El cierre está previsto para mediados de 2027 y aún depende de las autorizaciones regulatorias que faltan y de otras condiciones habituales.

El consejero delegado de Iridium, Matt Desch, calificó la votación de "hito importante" hacia la unión de "dos compañías con capacidades complementarias, un compromiso compartido con la innovación y una profunda experiencia apoyando algunas de las misiones más críticas del mundo". Por su parte, el fundador y consejero delegado de Rocket Lab, Sir Peter Beck, aseguró que se trata de un paso clave para crear "una potencia espacial de nueva generación" y destacó que la operación combinará la red global de Iridium, su espectro radioeléctrico y décadas de experiencia operativa con las capacidades de lanzamiento y sistemas espaciales de Rocket Lab.

Las dos compañías juegan en ligas distintas pero encajables. Iridium (que cotiza bajo el ticker IRDM) opera la única red mundial de satélites móviles y da servicio de voz, datos, mensajería, posicionamiento y sincronización (PNT) y vigilancia de aeronaves en cualquier punto del planeta, además de ser un socio relevante en conectividad por satélite para el 'internet de las cosas' (IoT) y en comunicaciones directas al dispositivo (D2D). Tiene su sede en McLean (Virginia) y trabaja con más de 500 socios tecnológicos y de distribución. Rocket Lab (ticker RKLB) es un actor de lanzamiento y sistemas espaciales cuyo cohete Electron es el pequeño de órbita más lanzado del mundo; también desarrolla el vehículo HASTE para pruebas hipersónicas del Gobierno estadounidense y aliados, y el cohete Neutron, aún en desarrollo, pensado para despliegues de constelaciones y misiones de seguridad nacional. Sus componentes y naves han participado en más de 1.700 misiones.

La aprobación de los accionistas era el paso más previsible, pero no el menos importante: despeja el riesgo de que la operación se cayera en la junta y desplaza toda la atención hacia los reguladores, que son quienes de verdad pueden mover el calendario. Para Rocket Lab, el movimiento supone algo más que crecer: pasa de vender lanzamientos, un negocio cíclico y de márgenes irregulares, a controlar infraestructura en órbita con ingresos recurrentes y un activo difícil de replicar como es el espectro. El calendario, eso sí, es largo: la operación no se cerrará previsiblemente hasta mediados de 2027, así que durante más de un año ambas compañías seguirán funcionando por separado y publicando sus propias cuentas trimestrales.

El análisis de Salseo

  • El voto elimina el riesgo de que los accionistas tumbaran la operación, pero traslada todo el peso al frente regulatorio: hasta que no lleguen las autorizaciones que faltan, no hay fecha de cierre firme. La señal a vigilar es si el 'mid-2027' se mantiene o empieza a correrse, porque cada retraso alarga la incertidumbre y encarece la integración.
  • La parte del pago en acciones de Rocket Lab va con una banda de ajuste, lo que significa que el precio final que reciban los dueños de Iridium depende de cómo cotice RKLB durante más de un año. Traducido: quien tenga Iridium está, de facto, expuesto a Rocket Lab desde ya, aunque la fusión no se haya cerrado.
  • Para Rocket Lab, esto cambia la naturaleza del negocio: deja de ser un proveedor de lanzamientos (cíclico, dependiente de contratos y calendario) para sumar una red de satélites en órbita con ingresos recurrentes, espectro propio y servicios como la vigilancia aérea por satélite. Es la diferencia entre vender misiones y cobrar suscripciones.
  • La letra pequeña que el titular no cuenta: la operación no se cierra hasta mediados de 2027, así que quedan varios trimestres en los que Iridium seguirá reportando en solitario y en los que cualquier bache de resultados, o un vaivén fuerte en la cotización de Rocket Lab, puede reabrir dudas sobre los términos acordados. Integrar una operadora de red con un fabricante de cohetes es, además, un reto de ejecución que no se ve en el porcentaje de votos.

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