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Las aerolíneas mejoran el Wi-Fi de a bordo: Musk presiona a Delta por no elegir Starlink

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Las aerolíneas mejoran el Wi-Fi de a bordo: Musk presiona a Delta por no elegir Starlink

Starlink, la división de internet por satélite de SpaceX, se está metiendo de lleno en la conectividad de los aviones, pero no todas las aerolíneas la han elegido. Elon Musk ha cargado públicamente contra el primer ejecutivo de Delta Air Lines por ese motivo.

El Wi-Fi de los aviones ha dejado de ser un adorno que casi nunca funcionaba para convertirse en un campo de batalla comercial. Las aerolíneas están renovando sus sistemas de conexión a bordo y, en ese proceso, tienen que decidir con qué proveedor de internet se alían. Uno de los nombres que más suena es Starlink, el servicio de internet por satélite que depende de SpaceX, la compañía aeroespacial de Elon Musk. El problema es que no todas las aerolíneas están apostando por él.

Ahí está el origen del último rifirrafe. Musk ha arremetido públicamente contra el máximo responsable de Delta Air Lines por no haber escogido a Starlink como proveedor de internet para sus aviones. No se trata de una simple queja en redes: es un toque de atención con nombre y apellidos a una de las grandes aerolíneas de Estados Unidos, en un momento en el que el reparto de contratos de conectividad a bordo todavía está abierto.

Para entender por qué importa, hay que mirar al negocio que hay detrás. La conexión a bordo ya no se vende solo como un extra para entretener al pasajero en un vuelo largo: se ha convertido en un argumento para captar viajeros de negocio y para justificar tarifas más altas en clase preferente. Si una aerolínea ofrece un internet rápido y estable y otra no, esa diferencia pesa en la decisión de compra. Y detrás de cada contrato hay una pelea entre los proveedores de conectividad por satélite, un sector con pocos actores, contratos largos y volúmenes millonarios.

El episodio también retrata una forma de hacer negocios cada vez más habitual: usar el altavoz público, y en este caso la propia red social del empresario, para presionar a un cliente potencial que ha dicho no. La decisión de qué proveedor instala una aerolínea responde a criterios técnicos, de coste de instalación y de plazos de adaptación de la flota, no a la presión mediática. Pero el ruido público añade una capa de desgaste reputacional y puede influir en cómo se perciben las alternativas disponibles.

La clave para los próximos meses está en ver qué aerolíneas van anunciando acuerdos y con qué ritmo se van adaptando los aviones, porque instalar y certificar nuevos equipos en cientos de aparatos lleva tiempo y no se hace de un día para otro. Cada anuncio de una compañía es, en la práctica, un voto a favor de un bando tecnológico y una pista sobre quién se está quedando con el mercado de la conectividad aérea. El pulso entre Musk y Delta es la parte visible de una guerra comercial que se juega, sobre todo, en las letras pequeñas de los contratos.

El análisis de Salseo

  • Lo relevante no es el enfado de Musk en redes, sino que confirma que Starlink quiere entrar en serio en la conectividad de los aviones, un negocio dominado por proveedores tradicionales con contratos plurianuales. Cada aerolínea que dice no es una cuota que se queda el rival.
  • El argumento de venta de las aerolíneas ya no es el precio del billete: la calidad de la conexión a bordo se ha vuelto un elemento de fidelización, sobre todo entre viajeros de negocio. Eso da a los proveedores de internet por satélite un poder de negociación mayor del que parece desde fuera.
  • La presión pública de Musk es una señal de urgencia: si ataca a un cliente que ha dicho no, es porque necesita casos de éxito visibles para convencer a las siguientes aerolíneas. Ojo a los anuncios de nuevas flotas conectadas, porque funcionan como referencia para el resto del sector.
  • El matiz que el titular no cuenta: cambiar de proveedor no es gratis ni rápido. Adaptar la flota implica certificaciones, equipos nuevos y tiempo en tierra, así que muchas aerolíneas optarán por mantener a su socio actual hasta que toque renovar contrato, aunque el ruido público sugiera lo contrario.

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Fuente: NYTimes