AeroVironment se desploma un 47% y enfrenta demanda colectiva por el fiasco del contrato SCAR

Inversores institucionales tienen hasta el 27 de julio de 2026 para liderar una demanda contra AeroVironment, acusada de ocultar los riesgos de su mayor contrato, el programa SCAR de 1.700 millones de dólares, que terminó cancelado.
AeroVironment, el fabricante de drones y sistemas de defensa, está en el ojo del huracán. Una demanda colectiva de accionistas alega que la compañía y varios de sus altos ejecutivos —incluido el CEO Wahid Nawabi— maquillaron la realidad de su contrato estrella con la Fuerza Espacial de Estados Unidos. Hablamos del programa SCAR (Satellite Communication Augmentation Resource), un acuerdo valorado en 1.700 millones de dólares que la empresa presentaba como un pilar de crecimiento futuro, una "franquicia de mil millones", incluso semanas antes de que todo saltara por los aires.
El castigo en bolsa ha sido brutal. Entre el 25 de junio de 2025 y el 10 de marzo de 2026, las acciones de AVAV pasaron de cotizar a 392,86 dólares a hundirse hasta los 207,73 dólares, una pérdida de más del 47% desde máximos. La sangría se produjo en tres oleadas de malas noticias: primero, una orden de paralización de trabajos en enero de 2026; luego, la decisión de la Fuerza Espacial de abrir el programa a múltiples proveedores; y finalmente, la cancelación definitiva del contrato, acompañada de un deterioro de fondo de comercio de 151,3 millones de dólares y unas pérdidas operativas trimestrales de 179 millones.
La firma de abogados Levi & Korsinsky, a través de su iniciativa SueWallSt, está movilizando a los inversores institucionales —fondos de pensiones, hedge funds y asesores de inversión— para que evalúen si deben liderar la demanda. El plazo para presentarse como demandante principal vence el 27 de julio de 2026. Según la acusación, AeroVironment restó importancia a la probabilidad de que la Fuerza Espacial abandonara su estrategia de proveedor único, lo que mantuvo el precio de las acciones artificialmente inflado durante meses.
Para los grandes tenedores, el cálculo de pérdidas es complejo, ya que depende de cuándo compraron y vendieron en ese período de turbulencias. Quienes adquirieron títulos después de la presentación a inversores del 30 de septiembre de 2025 —donde la dirección insistió en el potencial de SCAR— y aguantaron hasta el anuncio de la paralización, tienen un perfil de daños distinto al de quienes compraron más tarde. La demanda busca que los máximos responsables rindan cuentas por el agujero patrimonial.
Aunque el plazo para liderar la acción legal apremia, cualquier inversor que tuviera acciones en esas fechas y perdiera dinero puede sumarse a la clase sin necesidad de dar un paso al frente ahora. La pregunta que sobrevuela el caso es si la cúpula de AeroVironment conocía los verdaderos riesgos del programa SCAR y, de ser así, cuándo dejaron de ser transparentes con el mercado.
El análisis de Salseo
- La caída del 47% no es un simple susto: refleja que el contrato SCAR era, para muchos inversores, la principal tesis de crecimiento de AeroVironment. Su cancelación fulminante obliga a recalibrar por completo las expectativas de ingresos futuros y deja un agujero de credibilidad en la dirección.
- El momento de las revelaciones es clave. Si la empresa llevaba meses insistiendo en el potencial del programa mientras la Fuerza Espacial ya coqueteaba con múltiples proveedores, la demanda podría tener recorrido. La indemnización por deterioro de 151 millones sugiere que el valor contable del negocio estaba hinchado.
- Para el inversor particular, la señal de alerta es doble: ojo con empresas muy dependientes de un solo contrato gubernamental y, sobre todo, con aquellas cuyo discurso optimista no cuadra con los movimientos del cliente. Aquí, el cliente era la Fuerza Espacial, y su cambio de estrategia era un riesgo evidente que quizá no se comunicó bien.
- A corto plazo, el foco está en si los fondos institucionales se lanzan a liderar la demanda. Si lo hacen, la presión sobre la compañía aumentará y podría forzar un acuerdo millonario. Pero el daño reputacional ya está hecho: recuperar la confianza del mercado llevará tiempo, y el valor de AVAV dependerá ahora de otros programas y de si logran diversificar de verdad.