Financiación

Alphabet y Blackstone aseguran 22.000 millones para la nube de chips TPU de Crux AI

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Alphabet y Blackstone aseguran 22.000 millones para la nube de chips TPU de Crux AI

Un consorcio de diez bancos financia con 22.000 millones de dólares la compra de chips TPU diseñados por Google para Crux AI, la 'nube' de inteligencia artificial que Alphabet y Blackstone pusieron en marcha el pasado mayo.

Alphabet y Blackstone han dado un paso de gigante en su apuesta conjunta por la infraestructura de inteligencia artificial. Su aventura en la nube, Crux AI, habría cerrado una financiación de deuda de 22.000 millones de dólares destinada, nada menos, que a comprar los chips Tensor Processing Units (TPU) que diseña Google, según ha adelantado Bloomberg News. Detrás del préstamo hay un grupo de diez bancos, entre los que figuran Goldman Sachs, Sumitomo Mitsui Banking Corp, Barclays, BNP Paribas y Bank of Nova Scotia. El simple tamaño de la operación da una idea de cuánto capital se está moviendo para ampliar la capacidad de cálculo construida alrededor de los procesadores propios de Google.

Crux AI no es un proyecto improvisado. Alphabet y Blackstone lo presentaron en mayo con el objetivo de atender la creciente demanda de servicios de computación para inteligencia artificial. En el reparto de tareas, Blackstone comprometió una inversión inicial de 5.000 millones de dólares en capital (equity), mientras que Google aporta sus chips TPU personalizados, además del software y los servicios asociados. La idea de fondo: sacar los TPU del circuito cerrado de Google y colocarlos en el centro de una plataforma de nube de IA financiada por separado. Es decir, Google pone la tecnología y los chips; el dinero para levantar la infraestructura viene de otro bolsillo.

La estructura del préstamo tiene su miga. La deuda queda respaldada tanto por el valor de los propios TPU como por los contratos de clientes que Crux AI vaya firmando. Eso significa que los bancos no se fian solo de la solvencia de las empresas matrices, sino de los ingresos futuros que genere esa capacidad de cálculo. El plan pasa por poner en marcha los primeros 500 megavatios de capacidad de centro de datos en 2027, con ampliaciones posteriores sobre la mesa.

La reacción del mercado fue tibia: las acciones de Alphabet cerraron el miércoles con una caída del 0,61%, hasta 342,87 dólares, aunque en el premercado rebotaban alrededor de un 1,2%. Para ponerlo en contexto, el consenso de los analistas que siguen al valor es de compra fuerte: de 28 valoraciones publicadas en los últimos tres meses, 24 son de comprar y 4 de mantener, con un precio objetivo medio de 427,08 dólares, lo que implicaría un recorrido al alza del 24,56% desde los niveles actuales.

La clave que viene ahora no es cuánto dinero se ha levantado, sino cuánto de ese dinero se convierte en demanda real. El préstamo da músculo de sobra para la compra de hardware, pero el impacto financiero de verdad para Alphabet dependerá de cuánta capacidad TPU terminen usando los clientes y de la velocidad con la que Crux AI crezca más allá de esos primeros 500 megavatios. Es decir, del tránsito entre 'tener los chips' y 'tener a alguien pagando por usarlos'.

El análisis de Salseo

  • Lo relevante aquí no es que se levanten 22.000 millones, sino cómo se levantan: una 'nube' respaldada por chips que Google fabrica y que se financia con deuda ajena. Alphabet logra colocar sus TPU fuera de sus propios centros de datos sin cargar ella sola con el coste de levantar la infraestructura, y además cobra por software y servicios. Es una forma de expandir su ecosistema de chips con riesgo compartido.
  • El detalle que más merece atención es que la deuda esté avalada por el valor de los propios TPU y por los contratos de clientes. Un chip se deprecia rápido y queda obsoleto en pocos años; si Crux AI no firma clientes a buen ritmo, los bancos se quedan con hardware que pierde valor por el camino. Ese es el punto débil de toda la operación y explica por qué el siguiente hito (clientes firmados) importa más que el préstamo en sí.
  • El movimiento encaja en la guerra silenciosa contra el dominio de Nvidia: Google quiere que sus TPU dejen de ser un secreto interno y se conviertan en una alternativa real para terceros. Que un fondo del tamaño de Blackstone ponga 5.000 millones en capital y diez bancos se presten a financiar la compra de esos chips es la señal de que el mercado empieza a tomarse en serio la opción de no depender solo de los chips de siempre.
  • Ojo con el calendario: la capacidad inicial (500 megavatios) no llega hasta 2027. Para una compañía del tamaño de Alphabet, 22.000 millones de financiación ajena apenas mueven la aguja de los resultados a corto plazo, y de hecho la acción cerró en ligero descenso ese día. El valor de la noticia es estratégico y de largo plazo, no un catalizador de beneficios inmediato.

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Fuente: TipRanks