Alphabet y su 'más por menos dinero': los chips TPU como as en la guerra del gasto en IA

Alphabet prevé gastar hasta 205.000 millones de dólares en 2026 y su caja libre ya se ha vuelto negativa, pero un inversor defiende que sus chips propios TPU le permiten sacar más partido a cada dólar invertido que a sus rivales.
Las grandes tecnológicas de la nube han decidido gastar sin complejos. Alphabet, la matriz de Google, acaba de orientar sus inversiones (lo que en la jerga se llama 'capex', el dinero que se destina a comprar máquinas, centros de datos y chips) hacia una horquilla de entre 195.000 y 205.000 millones de dólares solo para 2026. Es una cifra enorme, y no ha tardado en encender las alarmas entre una parte de los inversores: tanto gasto tiene un efecto directo sobre la caja que genera el negocio.
La letra pequeña asusta. En su último trimestre, Alphabet registró una caja libre negativa de 5.900 millones de dólares (es decir, gastó más de lo que ingresó tras pagar sus inversiones), una cifra llamativa si se tiene en cuenta que su beneficio operativo en ese trimestre fue de 40.800 millones. Dicho de otro modo: el negocio gana mucho dinero, pero se lo está comiendo casi todo la carrera por construir la infraestructura de la inteligencia artificial. La defensa de la compañía es que la demanda existe y es enorme: su negocio de nube, Google Cloud, cerró el trimestre con una cartera de pedidos pendientes de 514.000 millones de dólares, un 82% más que un año antes.
Sobre esa base construye su tesis el inversor Adam Levy, que escribe para The Motley Fool. Levy no mira tanto los ingresos como el hardware: cree que Alphabet va camino de generar más de 50.000 millones de dólares al año con sus TPU (Tensor Processing Unit), los chips de diseño propio que la compañía usa tanto para entrenar sus modelos de inteligencia artificial como para hacerlos funcionar después. Su argumento es sencillo: si Alphabet se fabrica sus propios chips, le salen bastante más baratos que comprar los famosos GPU de terceros que usan casi todos sus competidores, así que con el mismo presupuesto consigue más capacidad de cálculo. Esa eficiencia, sostiene, es una ventaja competitiva real en un momento en el que todo el mundo está compitiendo por el mismo dinero.
Levy añade dos ideas más. La primera, que Alphabet ha atado a algunos de sus clientes más valiosos con contratos de largo plazo, lo que da bastante visibilidad sobre los ingresos futuros. La segunda, que la compañía volverá a ser la máquina de generar caja que era en apenas unos años, una vez pase el pico de inversión. En cuanto al precio, el inversor considera que la acción cotiza barata: unas 16 veces los beneficios previstos para los próximos doce meses, por debajo de Amazon y de Microsoft, y concluye que es una buena oportunidad de inversión ahora mismo. No está solo: el consenso de los analistas que cubren el valor es mayoritariamente favorable, con once recomendaciones de compra frente a una sola de mantener, según recoge el propio artículo. Conviene recordar que todo esto son opiniones de terceros y que la decisión de invertir es de cada uno.
El trasfondo del debate es el mismo para todo el sector: la inteligencia artificial obliga a adelantar cantidades gigantescas de dinero hoy para cobrar mañana, y el mercado aún no tiene claro cuánto tiempo tardará ese mañana en llegar. Alphabet asegura que su volumen de pedidos pendientes le da margen para esperar. La duda es si el resto de gigantes tecnológicos, con menos margen de maniobra o más dependientes de chips ajenos, podrán aguantar el ritmo.
El análisis de Salseo
- El dato clave no es el gasto, sino la caja: Alphabet pasó a una caja libre negativa de 5.900 millones en el trimestre mientras guía hasta 205.000 millones de inversión para 2026. Eso significa que el beneficio operativo de 40.800 millones se está reinvirtiendo casi íntegro en infraestructura, así que la pregunta relevante para el accionista ya no es cuánto gana, sino cuánto tarda ese gasto en convertirse en ingresos.
- Los TPU son el corazón del argumento: si a Alphabet le cuesta menos fabricar su propio chip que comprar GPU de terceros, con el mismo presupuesto obtiene más capacidad de cálculo y, por tanto, mejores márgenes que sus rivales. La señal a vigilar es si esa ventaja se traduce en mejoras visibles de rentabilidad en Google Cloud y si la compañía acaba rentabilizando los TPU también fuera de casa, alquilándolos a terceros.
- El riesgo que el titular no cuenta: todo este plan depende de que la demanda de IA siga creciendo al ritmo de la cartera de pedidos de 514.000 millones. Si el apetito se enfría o los clientes retrasan proyectos, esas inversiones se quedan como capacidad instalada sin usar, que es la peor factura posible para un negocio de infraestructura. Conviene seguir la evolución trimestral del backlog y de los márgenes de la nube.
- El múltiplo barato (16 veces beneficios previstos, por debajo de Amazon y Microsoft) puede leerse de dos formas: como una oportunidad, o como el descuento que el mercado aplica por dudas sobre el gasto y por la presión competitiva en el negocio publicitario de búsqueda, que es el que paga las facturas. Es decir, la acción no está barata por descuido del mercado, sino porque hay incertidumbre real sobre el retorno de tanto dinero invertido.