Alphabet: por qué el gigante de Google sigue siendo atractivo pese al riesgo antimonopolio

Las cuentas de Alphabet siguen creciendo a doble dígito y la nube ya es un motor de margen, mientras los tribunales han aparcado la idea de trocear Google. La factura de la IA y la dilución son ahora el examen de verdad.
Alphabet sigue pareciendo atractiva pese al riesgo antimonopolio porque su negocio de búsqueda no deja de crecer y de generar caja. Google continúa siendo el buscador dominante, y eso le da a la compañía un núcleo muy potente, aunque los reguladores cuestionen precisamente cómo mantiene esa posición. El origen del lío es conocido: en 2024 un juez federal dictaminó que Google había violado la ley de competencia al pagar a Apple para que su buscador fuese el que viene por defecto. Ese caso sigue en fase de apelación y, si el resultado final cambia la forma en que Google reparte su buscador, el golpe sería real.
Aun así, el proceso judicial ha ido perdiendo filo. En 2025 el juez Mehta rechazó la pretensión del Departamento de Justicia de obligar a Alphabet a vender Chrome y también descartó forzar la venta de Android. Lo que sí impuso fue prohibir los acuerdos de exclusividad y obligar a Google a licenciar datos de búsqueda a sus rivales, manteniendo la posibilidad de pagar a sus socios por aparecer en sus plataformas, eso sí, con contratos que solo pueden durar un año. En enero de 2026 Google presentó su aviso de apelación y el Gobierno insistió en acabar con el acuerdo con Apple y en perseguir la venta de Chrome. La respuesta de Google está fechada el 29 de septiembre y los alegatos orales de ambos equipos legales llegarían a comienzos de 2027. En paralelo, la jueza Brinkema decidió no obligar a Google a vender su plataforma publicitaria AdX, apuntando a cambios en el funcionamiento de la misma. La lectura es que dos jueces distintos han analizado ya la posibilidad de trocear la compañía y han propuesto soluciones menos drásticas.
Mientras los abogados discuten, el negocio sigue respondiendo. En el segundo trimestre los ingresos de Alphabet crecieron un 24%, hasta 119.800 millones de dólares, por encima de los 116.930 millones que esperaban los analistas, y fue el duodécimo trimestre consecutivo con crecimiento de dos dígitos. Dentro de esa cifra, la búsqueda y el resto de negocios asociados facturaron 63.300 millones, un 17% más. Este dato importa mucho, porque muchos temían que los chatbots de inteligencia artificial se comiesen el negocio de búsqueda, y de momento está ocurriendo lo contrario: el consejero delegado, Sundar Pichai, asegura que las funciones de IA están impulsando las consultas, es decir, refuerzan el negocio principal en lugar de sustituirlo. La otra pata es la nube, que se está convirtiendo en un segundo motor: sus ingresos saltaron un 82%, hasta 24.800 millones, con un margen operativo del 35,6% frente al 20,7% de un año antes. La cartera de pedidos acumulada de Google Cloud alcanzó los 514.000 millones y la dirección espera convertir algo más de la mitad en ingresos en los próximos dos años. En conjunto, el beneficio operativo subió un 30%, hasta 40.800 millones, con un margen del 34%.
El examen de verdad, más que el pleito, es la factura de la inteligencia artificial. Alphabet elevó su previsión de inversión de capital para 2026 a un rango de entre 195.000 y 205.000 millones de dólares, y la dirección ha avisado de que volverá a subir de forma notable en 2027. Ese esfuerzo ya se nota en la caja: las inversiones del segundo trimestre ascendieron a 44.900 millones y dejaron un flujo de caja libre negativo de 5.900 millones en el periodo. En los últimos doce meses, ese flujo libre ha bajado hasta unos 53.000 millones, desde los 73.000 millones de 2025, aunque el flujo de caja operativo creció hasta cerca de 186.000 millones. Para financiar semejante despliegue, la compañía ha tirado del mercado: en junio de 2026 movió unos 80.000 millones en acciones, incluida una colocación privada de 10.000 millones con Berkshire Hathaway y nuevas acciones preferentes convertibles obligatorias, y en agosto sumó una emisión de bonos de 25.000 millones. El respaldo de Berkshire es un voto de confianza, pero las acciones nuevas diluyen a los accionistas actuales y las preferentes limitan las recompras y los dividendos si no se pagan sus propios dividendos. Hay además un par de baches de calendario: Google está alquilando capacidad a terceros para atender la demanda, algo que la dirección espera que pese ligeramente en el margen de la nube en el tercer trimestre, y buena parte de los ingresos por sus chips TPU no se reconocerá hasta 2027. Son cuestiones de tiempos, no de demanda: la demanda va muy por delante de la oferta, que es un problema mucho mejor que el contrario.
Queda la valoración. Alphabet capitaliza alrededor de 4,27 billones de dólares y muchos argumentarán que sigue barata, pero conviene mirar con lupa las cifras de titular: los beneficios del segundo trimestre quedaron inflados por una ganancia de unos 99.000 millones procedentes de inversiones en participaciones, de modo que el ratio precio/beneficio de los últimos doce meses, de 17,1 veces, hace que la acción parezca bastante más barata de lo que realmente es. La foto honesta llega al mirar el beneficio estimado para los próximos doce meses, no el ya pasado.
El análisis de Salseo
- El corazón del caso antimonopolio ha cambiado de sitio: ya no se discute trocear la empresa, sino cómo se reparte el pastel. Dos jueces distintos han rechazado las ventas forzosas de Chrome, Android y la plataforma AdX, así que el escenario extremo se ha enfriado. Lo que queda en juego es el acuerdo con Apple: perderlo sería un golpe, pero el tráfico y la base de usuarios que ya tiene Google amortiguan bastante el efecto. Señal concreta a vigilar: la respuesta de Google del 29 de septiembre y los alegatos orales de comienzos de 2027.
- El argumento que se está pasando por alto es que la nube ya no es una promesa, es una máquina de margen: 35,6% de margen operativo y una cartera de pedidos de 514.000 millones. Cuanto más pesa Google Cloud en el beneficio total, menos le puede hacer daño al conjunto cualquier remedio que caiga sobre la búsqueda. Es una cobertura natural contra el pleito que no depende del resultado judicial.
- La prueba de fuego no es el juez, es la factura de la IA. El gasto en infraestructura se dispara a entre 195.000 y 205.000 millones en 2026 y subirá más en 2027; en el segundo trimestre el flujo de caja libre ya fue negativo (-5.900 millones) y en doce meses ha caído a unos 53.000 millones desde 73.000. A eso se suma la financiación: unos 80.000 millones en acciones, con Berkshire dentro, y 25.000 millones en bonos. Que entre Berkshire es una buena señal, pero las acciones nuevas diluyen y las preferentes condicionan recompras y dividendos.
- Cuidado con el 'parece barata': el PER de 17,1 veces está distorsionado por una ganancia contable de unos 99.000 millones en inversiones, no por el negocio recurrente. La referencia buena es el beneficio estimado, no el ya cerrado. Y hay dos detalles de calendario que pueden mover la cotización: el alquiler de capacidad de terceros que apretará el margen de la nube en el tercer trimestre y unos ingresos de chips TPU que no se reconocerán hasta 2027.