'No cunda el pánico' con Alphabet: un inversor ve más allá del gasto en IA

Un inversor conocido como Esxeleryn Analytics sube Alphabet a compra fuerte pese al flujo de caja libre negativo: sostiene que el mercado castiga el desembolso en IA sin mirar el gas barato de Nuevo México ni el negocio de sus chips TPU.
Alphabet, la matriz de Google, atraviesa un momento incómodo en Bolsa. El debate de fondo es si la carrera por la inteligencia artificial va demasiado rápido y si tanto ladrillo y tanto chip acabarán saliendo caros. La compañía acaba de presentar un dato que ha encendido las alarmas: su flujo de caja libre fue negativo en 5.900 millones de dólares en el último trimestre, a pesar de que su beneficio operativo ascendió a 40.770 millones. Es decir, gana mucho con su negocio, pero se le va aún más dinero en construir la infraestructura de la IA.
Ese fenómeno no es exclusivo de Alphabet: las grandes tecnológicas que alquilan capacidad de computación en la nube, los llamados hyperscalers, están dedicando cientos de miles de millones de dólares a este proyecto, y eso tensiona su caja. Aquí entra un inversor que firma como Esxeleryn Analytics y que ha decidido subir su valoración de Alphabet hasta compra fuerte. Su tesis: mirar solo el gasto y el flujo de caja es un error, porque el mercado valora a Google como si fuera una tecnológica más atrapada en una carrera que le come los márgenes, y no está viendo dos jugadas que, en su opinión, cambian el relato.
La primera tiene que ver con la energía. Alphabet está explorando un nuevo proyecto de centro de datos en el condado de Lea, en Nuevo México. La zona está cerca de la cuenca del Pérmico, donde las limitaciones de gasoductos provocan que se quemen enormes cantidades de gas (el llamado flaring). Para este inversor, construir centros de datos justo donde sobra esa energía varada permite a Google practicar una suerte de arbitraje energético fuera de la red: electricidad baratísima, casi gratis, que abarata una de las facturas más grandes de cualquier centro de datos.
La segunda pata es la de los chips. Alphabet ha pasado de usar sus TPU solo para sus propias tareas a ofrecerlos también a clientes externos, lo que el inversor describe como un giro hacia el "silicio comercial". Cita estimaciones de Morgan Stanley según las cuales los ingresos de Google Cloud vinculados a los TPU podrían llegar a 108.000 millones de dólares en 2028, con un margen bruto del 30%. Con esa cifra sobre la mesa, defiende que el desembolso previsto de 205.000 millones en inversión deja de ser un coste interno enterrado y pasa a ser un negocio con ingresos propios. Wall Street, por su parte, ya es bastante optimista: 11 analistas recomiendan comprar y solo uno mantener, con un precio objetivo medio a doce meses de 430,78 dólares, un 27% por encima del nivel actual.
Conviene recordar que todo esto es la opinión de un inversor publicado en una plataforma de análisis, no un hecho contrastado. Su tesis puede ser acertada o no, y el propio artículo original se cura en salud recordando que cada cual debe hacer su propio análisis antes de invertir.
El análisis de Salseo
- Un flujo de caja libre negativo no significa que Alphabet pierda dinero: su beneficio operativo del trimestre fue de 40.770 millones. Lo que ocurre es que el dinero de construir centros de datos sale de la caja hoy y los ingresos que generarán llegan mañana. La pregunta clave no es cuánto gasta, sino si ese gasto se convierte en negocio recurrente o se queda en un pozo sin fondo.
- La jugada del gas quemado en el Pérmico es más interesante de lo que parece: allí se quema gas porque no hay gasoductos para transportarlo, así que capturarlo sale casi gratis. Si Alphabet instala sus servidores junto a esa energía varada, se ahorra buena parte de la factura eléctrica, que es el coste operativo más pesado de un centro de datos. Señal concreta a vigilar: si la compañía confirma el proyecto del condado de Lea.
- El giro hacia vender sus chips TPU a clientes externos cambia la naturaleza del gasto: deja de ser un coste que Alphabet se come solo y pasa a ser un producto que factura a terceros. La cifra de 108.000 millones en 2028 con un 30% de margen es una estimación de Morgan Stanley, no una realidad, así que el dato que importa es cuánto de ese negocio aparece trimestre a trimestre en las cuentas de Google Cloud.
- Ojo con la lectura contraria: esto es la opinión de un inversor particular, no un hecho nuevo, y el consenso de analistas ya es muy alcista (11 compras frente a 1 mantener). Cuando todo el mundo espera beneficios, el margen para sorpresas positivas se estrecha y cualquier señal de que la IA obliga a invertir más y ganar menos golpearía con más fuerza.