Alphabet vs. Tesla: los chips TPU y la búsqueda ganan la partida al coche eléctrico

Un inversor compara las dos grandes tecnológicas: ve en Alphabet una oportunidad de largo plazo por sus chips y su nube, mientras que a Tesla le llueven las dudas sobre entregas, márgenes y gasto desmedido.
Alphabet y Tesla tienen algo en común más allá de ser dos de las empresas más grandes de la bolsa estadounidense: ambas forman parte del selecto grupo de las Magnificent Seven y las dos están intentando convencer al mercado de que su futuro va mucho más allá del negocio que las hizo gigantes. En el caso de Google, eso significa convertir su infraestructura de inteligencia artificial y sus chips propios en una fuente de ingresos relevante, sin dejar que se le escape el negocio publicitario que aún sostiene el imperio. Tesla, por su parte, persigue una visión mucho más amplia que incluye conducción autónoma, robótica y fabricación de semiconductores, además de su negocio original de coches eléctricos.
El inversor Bohdan Kucheriavyi ha analizado ambas compañías y su tesis sobre Alphabet arranca con un elemento que, a su juicio, el mercado todavía valora poco: los TPU, los chips de inteligencia artificial diseñados por Google. Hasta hace poco, los clientes accedían a ellos principalmente a través de Google Cloud, pero la compañía ha empezado a suministrar sistemas TPU directamente a determinados clientes, y los primeros ingresos por hardware ya aparecieron en el segundo trimestre. Como respaldo de que la demanda está ahí, señala la cartera de pedidos de su nube, valorada en 514.000 millones de dólares. Anthropic habría acordado gastar alrededor de 200.000 millones en cinco años en Google Cloud y sus chips, mientras que Crux AI, una aventura de infraestructura de IA respaldada por Google, consiguió recientemente 22.000 millones de financiación bancaria para comprar TPUs. Para este inversor, esa financiación es una prueba más concreta de demanda que cualquier previsión.
El negocio publicitario tradicional también juega a favor. Una encuesta de Evercore concluyó que el 78% de los encuestados sigue usando Google como buscador principal, frente al 70% del momento más bajo, registrado en 2024 y principios de 2025. Los ingresos de búsqueda y otros crecieron un 17% interanual en el segundo trimestre, y los productos de IA de la compañía ganan usuarios: tanto el modo AI como la aplicación Gemini han superado los 1.000 millones de usuarios mensuales. A eso se suma Waymo, la filial de conducción autónoma, que ya opera en 14 ciudades estadounidenses y se prepara para entrar en Singapur, mientras Alphabet sigue invirtiendo fuerte para ampliar su capacidad de cómputo. Con todo esto, Kucheriavyi considera la acción una inversión sólida a largo plazo.
El caso de Tesla es muy distinto. Su negocio de vehículos afronta previsiones de entregas más débiles, y unos tipos de interés altos encarecen la financiación de los coches. Goldman Sachs acaba de recortar su previsión de entregas del tercer trimestre hasta 435.000 vehículos, por debajo de lo que espera el consenso. Al mismo tiempo, la compañía destina recursos enormes a proyectos ajenos al automóvil: junto a SpaceX ha anunciado una inversión inicial de 16.800 millones de dólares en Terafab, una futura fábrica de semiconductores en Texas cuyo coste final podría ser mucho mayor, aunque el compromiso exacto de Tesla no está claro. El momento elegido para ese gasto también genera dudas: Tesla registró un margen operativo del 1,4% en el segundo trimestre y un flujo de caja libre negativo de 1.100 millones, mientras la dirección espera superar los 25.000 millones de inversión este año. A la presión se suma la competencia: los fabricantes chinos, y BYD en particular, ganan terreno en mercados exteriores, y la posibilidad de que acaben produciendo en Estados Unidos cambiaría el tablero. El futuro Roadster y el robot Optimus abren vías de crecimiento, pero hoy no aportan nada relevante a las cuentas.
Con la acción cotizando muy por encima de su valor razonable estimado (que no supera los 92 dólares por título), este inversor califica Tesla como una venta y Alphabet como una compra. Conviene recordar que son sus opiniones, no una recomendación. En el conjunto del mercado, el consenso sobre Alphabet es de compra fuerte, con un precio medio de 428,88 dólares que implicaría una subida del 25% en un año, mientras que Tesla luce una compra moderada con un objetivo medio de 388,85 dólares, apenas un 5% por encima del precio actual. La foto resume bien la diferencia: la misma historia de futuro tecnológico se paga con optimismo contenido en un caso y con expectativas muy exigentes en el otro.
El análisis de Salseo
- Vender los chips TPU directamente y no solo alquilándolos a través de la nube cambia el modelo de negocio: Google pasa de cobrar por tiempo de cómputo a vender hardware, con márgenes distintos y compitiendo de frente con Nvidia. La señal a vigilar en los próximos resultados es cuánto pesa ya esa línea de hardware y si crece o se queda en algo simbólico.
- La cartera de pedidos de 514.000 millones y los 200.000 millones acordados con Anthropic dan visibilidad, pero también revelan concentración: buena parte del futuro de la nube y los chips depende de unos pocos clientes gigantes de IA. Si uno recorta su plan de gasto, el respaldo se tambalea, así que toca seguir la evolución del 'backlog' y si llegan clientes nuevos que lo diversifiquen.
- El dato de la encuesta de Evercore (78% frente al 70% de mínimo) desmiente por ahora la idea de que la IA generativa se está comiendo a Google. Ojo con el matiz: que la gente siga usándolo no significa que se monetice igual, porque una respuesta generada en modo AI puede dejar menos ingresos que un clic publicitario tradicional. La prueba real estará en los ingresos por búsqueda y en el precio por clic.
- El contraste de valoración es la lectura que el titular no cuenta: el mismo relato de IA y futuro se paga con descuento relativo en Alphabet y con expectativas muy altas en Tesla, donde el propio analista cifra el valor razonable por debajo de 92 dólares frente a una cotización muy superior. Eso convierte a Tesla en una acción mucho más sensible a cualquier decepción en entregas o márgenes, aunque su consenso de mercado siga siendo positivo.