Archer vs. Rocket Lab: una inversora lo tiene claro y no es un empate técnico

Dos formas muy distintas de invertir en el futuro de la aviación: Archer aún espera certificaciones para sus taxis aéreos eléctricos y Rocket Lab ya factura con cohetes y satélites. Una inversora lo compara y elige sin dudar.
Archer Aviation (cotiza en el NYSE bajo el ticker ACHR) y Rocket Lab (NASDAQ: RKLB) apuntan a dos mercados que aspiran a ser enormes en el futuro del vuelo, pero lo hacen desde puntos de partida casi opuestos. Archer desarrolla aviones eVTOL, es decir, aparatos eléctricos que despegan y aterrizan en vertical y están pensados para funcionar como taxis aéreos urbanos. Rocket Lab, en cambio, se ha construido un negocio espacial más amplio: lanza cohetes, fabrica satélites y suministra componentes para naves. Para el inversor, son dos maneras muy diferentes de exponerse al sector aeroespacial: una compañía que todavía pelea por arrancar su operación comercial y otra que ya tiene negocio funcionando y una cartera de pedidos abultada.
La historia de Archer se apoya en su aeronave Midnight y en la idea de que los taxis aéreos se conviertan en una nueva forma de transporte urbano. La empresa ha avanzado en pruebas de vuelo, incluidos vuelos pilotados entre ciudades, y se prepara para participar este año en el programa piloto de integración de eVTOL del Gobierno de Estados Unidos. También ha ampliado sus ambiciones con la compra prevista de los negocios de Boeing Wisk Aero, Insitu y SkyGrid: Insitu aportaría más de 200 millones de dólares de facturación anual, mientras que los otros dos traerían tecnología de vuelo autónomo y de gestión del espacio aéreo. Además, Boeing invertirá en Archer y se convertirá en socio estratégico. Las cuentas, eso sí, siguen siendo las de una empresa en fase temprana: 5 millones de dólares de ingresos en el segundo trimestre, unas pérdidas netas de 263,2 millones y una quema de caja operativa de 156,4 millones en el trimestre. Eso sí, terminó junio con 1.560 millones en efectivo, equivalentes y inversiones a corto plazo.
Rocket Lab está bastante más adelante. Su cohete Electron le ha dado un hueco en el mercado de lanzamientos y su división de sistemas espaciales provee a fabricantes de satélites y naves. En el segundo trimestre facturó la cifra récord de 234 millones de dólares, un 62% más que un año antes, y su cartera de pedidos (el trabajo ya contratado y pendiente de ejecutar) alcanzó otro máximo de 2.360 millones, un 137% más. La compañía trabaja además en el cohete Neutron, de mayor tamaño, que podría ampliar de forma notable su mercado potencial. Solo en el segundo trimestre y el periodo inmediatamente posterior firmó más de 437 millones en nuevos contratos de lanzamiento, con lo que su cartera supera ya las 90 misiones. También ha acordado adquirir Iridium Communications, una operación que, si se cierra, la llevaría más adentro del negocio de las comunicaciones por satélite.
Los riesgos también son distintos. Archer tiene por delante el reto de conseguir las aprobaciones regulatorias necesarias y demostrar que puede fabricar y operar sus aviones a escala; a eso se suma el riesgo de ejecución de su expansión hacia la defensa y la aviación autónoma. Rocket Lab, por su parte, sigue expuesta al riesgo técnico de cada lanzamiento y a su dependencia de contratos públicos y comerciales, y la compra de Iridium añade incertidumbre sobre financiación e integración. En valoración, Rocket Lab cotiza caro: alrededor de 49 veces sus ventas de los últimos doce meses y unas 51 veces su valor de empresa sobre ingresos, aunque con ingresos reales y una cartera contratada que dan una foto más nítida de lo que ya hace. Archer cotiza a unas 558 veces ventas, así que su precio depende muchísimo más de lo que se espera que ocurra en el futuro con sus aviones y con los negocios que está incorporando.
Para la inversora Sarah Appino, que colabora con The Motley Fool, esa diferencia es la que decide la balanza. Reconoce que Archer podría tener un recorrido importante si los eVTOL se convierten en un medio de transporte masivo y que su entrada en defensa y tecnología autónoma suma atractivo, pero recuerda que el negocio sigue colgando de que certifiquen, comercialicen e inviertan sin descanso. Por eso se queda con Rocket Lab, y dice que no es una decisión ajustada: ya genera ingresos, gana contratos y construye un negocio que no para de crecer. Conviene recordar que es la opinión de una inversora concreta y que, en el parqué, Wall Street aprecia a las dos: Archer tiene consenso de compra fuerte con un precio objetivo medio de 11,60 dólares (un 17,5% de potencial a doce meses) y Rocket Lab también, con un objetivo medio de 109,47 dólares y un recorrido estimado del 54%.
El análisis de Salseo
- La clave no es cuál vuela más alto, sino cuánto de su precio depende de cosas que todavía no existen. Archer cotiza a unas 558 veces ventas: casi todo su valor está en el futuro. Rocket Lab, a unas 49 veces ventas, ya tiene ingresos recurrentes. Es la diferencia entre pagar por un negocio y pagar por una promesa, y explica por qué una inversora lo llama "no es una decisión ajustada".
- La cartera de pedidos es el verdadero amortiguador. Los 2.360 millones ya contratados por Rocket Lab (un 137% más) son trabajo que se irá cobrando aunque el mercado se enfríe; Archer, con 5 millones de ingresos trimestrales, aún no tiene esa red. Un dato a vigilar: cuánto de esa cartera se convierte en caja de verdad cada trimestre.
- La expansión de Archer con Insitu, Wisk y SkyGrid cambia su tesis: deja de ser solo taxis aéreos y pasa a ser también defensa y aviación autónoma, con más de 200 millones de facturación anual extra y a Boeing como socio. El contrapeso es la ejecución y la caja: quemó 156,4 millones en un trimestre y, a ese ritmo, sus 1.560 millones dan para algo menos de tres años. Si el gasto se acelera con las compras, el margen se estrecha.
- El titular oculta un detalle incómodo para los dos bandos: Wall Street tiene consenso de compra fuerte en ambas, y el potencial que le ve a Archer (17,5%) es mucho menor que el de Rocket Lab (54%). Es decir, el mercado ya descuenta buena parte de las buenas noticias de la primera. Señales concretas que seguir: la certificación y el programa piloto de eVTOL en Estados Unidos para Archer, y el primer vuelo real de Neutron más el cierre de la compra de Iridium para Rocket Lab.