B. Riley sube el precio objetivo de New Era Energy & Digital a 13 dólares

B. Riley eleva de 10 a 13 dólares el precio objetivo de New Era Energy & Digital y mantiene la recomendación de comprar, pese a que la acción acumula un desplome del 34% desde junio por la incertidumbre regulatoria, los tipos altos y el frenazo en la firma de contratos.
Wall Street vuelve a mirar con mejores ojos a New Era Energy & Digital. El analista de B. Riley Nick Giles ha elevado el precio objetivo de la compañía desde los 10 dólares hasta los 13 dólares por acción y mantiene su recomendación de comprar. Para quien no esté familiarizado con la jerga: el precio objetivo es la cotización que ese analista cree que la acción puede alcanzar en los próximos meses. No es un compromiso ni una promesa, sino una estimación que se revisa con cada novedad, y en este caso llega justo después de un castigo serio en el parqué.
Y es que New Era Energy & Digital, englobada en el grupo de compañías de minería digital e infraestructura de computación de alto rendimiento (HPC, por sus siglas en inglés), acumula una caída del 34% desde el pasado 22 de junio. En ese mismo periodo, el índice Russell 2000 —que agrupa a las empresas pequeñas estadounidenses— apenas se ha dejado un 6,2%. Es decir, la acción ha caído bastante más que su entorno de referencia.
¿Por qué ese desplome? El analista señala tres motivos. El primero, la incertidumbre regulatoria que rodea al sector. El segundo, unos tipos de interés más altos, que encarecen la financiación de estos proyectos y restan atractivo a las inversiones de crecimiento. Y el tercero, un ritmo más lento de lo esperado a la hora de cerrar contratos de arrendamiento de capacidad (es decir, alquilar su infraestructura a clientes). Esa combinación está pesando en las valoraciones de todo el grupo, no solo en esta compañía.
La parte más interesante del informe es la distinción que hace Giles dentro del propio sector. Según él, las compañías que ya están generando ingresos a corto plazo tienen margen para revalorizarse simplemente ejecutando bien lo que ya tienen entre manos, mientras que las que dependen de una cartera de proyectos futuros siguen pendientes de que lleguen anuncios de nuevos contratos de alquiler. Traducido al lenguaje de andar por casa: unas necesitan demostrar con números y otras necesitan anunciar titulares.
En el contexto de New Era conviene tener presente otro detalle: la compañía puso en marcha un programa de emisión de acciones (lo que se conoce como ATM) en pleno clima de incertidumbre regulatoria. Es una vía habitual para captar dinero cuando el mercado no está para grandes operaciones, pero tiene una contrapartida clara: diluye a los accionistas actuales, porque su participación pasa a repartirse entre más títulos. Para que la tesis funcione, no basta con que un analista suba el precio objetivo; hace falta que lleguen contratos y que la caja aguante.
El análisis de Salseo
- Subir el precio objetivo después de un desplome del 34% no significa que el negocio haya cambiado, sino que el analista considera que el castigo bursátil se ha pasado de frenada respecto a lo que la empresa puede llegar a generar. Lo relevante es que mantiene el 'comprar' con el sector de capa caída, no que acompañe a la acción en su caída.
- El informe deja una pista que vale para todo el sector: la brecha entre compañías que ya ingresan y compañías que viven de anuncios de futuros contratos. Las primeras se pueden revalorizar con resultados; las segundas necesitan titulares constantes. Identificar en qué lado está cada empresa evita llevarse sustos cuando el goteo de anuncios se frena.
- Los tres lastres que menciona el analista (regulación, tipos altos y menos contratos firmados) son también las tres palancas de una posible recuperación: si los tipos bajan o se aclara el marco regulatorio, los valores que más han caído son los que más recorrido tienen al alza. Las señales concretas a vigilar: nuevos contratos de arrendamiento de capacidad y la evolución de los ingresos en los próximos resultados.
- Lo que no cuenta el titular: la compañía ha recurrido a un programa de emisión de acciones (ATM) en plena incertidumbre regulatoria, lo que alivia la caja pero diluye al accionista actual. Un precio objetivo más alto de un solo analista no cambia que el negocio consume capital y necesita cerrar contratos para sostener la tesis.