La carrera espacial llega a la farmacia: por qué los medicamentos se fabricarán en órbita

La microgravedad permite crear fármacos más uniformes y fáciles de administrar. Redwire, con su filial SpaceMD, ya trabaja con grandes farmacéuticas para cristalizar proteínas en el espacio.
La fiebre por el espacio ya no es solo cosa de cohetes y satélites. Cada vez más empresas están subiendo a la órbita baja terrestre para fabricar medicamentos en condiciones de microgravedad, un entorno que permite procesos químicos imposibles de replicar en la Tierra. Morgan Stanley calcula que la economía espacial superará el billón de dólares en 2040, y aunque sectores como los semiconductores o la fibra óptica también se beneficiarán, los expertos consultados por CNBC creen que la medicina será la primera gran disrupción.
Redwire, una empresa de tecnología espacial y de defensa que cotiza en bolsa, creó el año pasado una filial dedicada exclusivamente a este negocio: SpaceMD. Su objetivo es comercializar fármacos desarrollados en el espacio. La tecnología estrella es el PIL-BOX, un mini laboratorio automatizado diseñado para cristalizar proteínas en órbita. Según su CEO, John Vellinger, ya han volado 54 unidades y han probado 37 compuestos distintos. "Hemos trabajado con Eli Lilly, Bristol Myers Squibb y otras farmacéuticas, y les hemos enseñado estas nuevas formas de cristal. Quieren seguir trayéndonos nuevos candidatos a fármacos", explicó a CNBC.
¿Por qué fabricar medicinas en el espacio? En la Tierra, la gravedad estropea constantemente la formulación de los fármacos. Fenómenos como la sedimentación (las partículas pesadas se hunden) o la convección (el líquido caliente sube y el frío baja) generan cristales de tamaños irregulares. En microgravedad, en cambio, los cristales crecen de forma más uniforme y sin defectos, lo que los hace más predecibles. Phil Williams, profesor de biofísica en la Universidad de Nottingham, explica que esa uniformidad facilita la administración al paciente: si los cristales son todos del mismo tamaño, el líquido es menos espeso. Y la viscosidad es clave: los medicamentos biológicos muy densos suelen requerir agujas grandes e infusiones hospitalarias de horas. Si se logra una versión más fluida, se pueden convertir en inyecciones finas y casi indoloras que el paciente se pone en casa.
El primer gran caso de éxito lo protagonizó Merck (conocida como MSD fuera de Estados Unidos). En 2014 realizó experimentos de crecimiento de cristales en la Estación Espacial Internacional con su exitoso fármaco oncológico Keytruda. Originalmente, Keytruda se administraba por vía intravenosa en el hospital durante horas. Las imágenes ultravioleta de las muestras espaciales revelaron que los anticuerpos cultivados en órbita formaban una mezcla altamente uniforme y estable que se disolvía con facilidad. Merck encontró la forma de replicar esas condiciones en la Tierra, y en 2025 la FDA aprobó una versión inyectable que se administra en minutos.
El negocio va más allá de Redwire. Varda Space Industries apuesta por la producción orbital continua con satélites autónomos de 300 kilos equipados con cápsulas de reentrada. Ya ha completado seis vuelos, el último lanzado con un cohete de SpaceX. Su presidente, Delian Asparouhov, defiende que la industrialización del espacio es lo que hará posible la expansión humana, y que la fabricación de medicamentos es el primer caso de uso industrial. La clave está en la concentración: los principios activos de los fármacos son tan potentes que con cargas relativamente pequeñas se puede generar un valor enorme. Por ejemplo, el volumen de principio activo cristalino necesario para dosificar a 450 millones de pacientes con la vacuna de Pfizer contra el Covid-19 cabría en apenas dos dedales.
El análisis de Salseo
- El verdadero negocio no es fabricar el fármaco completo en órbita, sino usar el espacio como laboratorio para descubrir nuevas formas cristalinas que luego se replican en la Tierra. Así lo hizo Merck con Keytruda: el espacio le sirvió para encontrar una versión inyectable que después produjo en masa en instalaciones terrestres.
- La reducción de viscosidad es el santo grial: si un medicamento biológico pasa de requerir una infusión intravenosa de horas a una inyección subcutánea de minutos, cambia por completo la experiencia del paciente y el coste logístico. Además, se evita el transporte en congeladores especiales, que es carísimo y contaminante.
- Redwire ya tiene acuerdos de regalías con farmacéuticas, lo que sugiere un modelo de negocio recurrente: no vende solo hardware espacial, sino que participa del éxito comercial de los fármacos que ayuda a desarrollar. Si alguno de esos compuestos llega al mercado, los ingresos por royalties podrían ser muy superiores a los de la venta de equipos.
- El cuello de botella será la capacidad de vuelo y el coste por experimento. Aunque la demanda de las farmacéuticas parece clara, el ritmo de lanzamientos y la disponibilidad de la ISS (o de estaciones comerciales futuras) marcarán cuántos compuestos se pueden probar al año. Habrá que vigilar los contratos de lanzamiento y la evolución de los ingresos de SpaceMD.