La carrera de la IA dispara las emisiones de Google y Amazon y amenaza sus promesas verdes

Google y Amazon han visto crecer sus emisiones más de un 80% y un 58% desde 2019, respectivamente, debido a la expansión de centros de datos para inteligencia artificial. Sus objetivos de neutralidad climática peligran.
La fiebre por la inteligencia artificial está pasando factura al planeta. Google y Amazon, dos de los gigantes tecnológicos que más están invirtiendo en esta tecnología, acaban de publicar sus informes ambientales anuales con cifras que asustan: sus emisiones de gases de efecto invernadero se han disparado a niveles récord, justo cuando se suponía que debían estar reduciéndolas.
Google ha visto cómo sus emisiones totales han aumentado un 82% desde 2019, y más de un 18% solo en el último año. Esto a pesar de que se había comprometido a recortarlas a la mitad para 2030. Amazon no le va a la zaga: sus emisiones han crecido un 58% en el mismo periodo, con un incremento del 16% en el último ejercicio, pese a su promesa de alcanzar la neutralidad de carbono en 2040. Un dato especialmente preocupante es que, por primera vez desde al menos 2021, las emisiones de Amazon crecen más rápido que sus ingresos, lo que significa que cada dólar que factura es más contaminante que antes.
¿El principal culpable? La construcción desenfrenada de infraestructura para inteligencia artificial. Kate Brandt, directora de sostenibilidad de Google, lo explicó con claridad: "Nuestra expansión de infraestructura de IA se está acelerando más rápido de lo que se descarboniza la red eléctrica". Su homóloga en Amazon, Kara Hurst, admitió que la demanda de productos de IA podría "ralentizarnos" en sus ambiciones ambientales. En total, Google emitió 18,8 millones de toneladas de CO2 equivalente el año pasado, mientras que Amazon llegó a 80,85 millones, incluyendo sus operaciones de computación en la nube, almacenes, flota logística y entregas.
El problema no es solo la energía que consumen estos centros de datos, sino todo lo que hay detrás. La mayor parte de las emisiones de Google proviene de su cadena de suministro: la fabricación de chips y servidores, y la construcción de nuevos centros por parte de sus proveedores. Sytske Wijnsma, profesora de la escuela de negocios de UC Berkeley, señala que las empresas tienen incentivos para reducir costes operativos como la energía, pero el verdadero desafío está en las cadenas de suministro que no controlan directamente. "Necesitan encontrar una manera de llenar ese vacío entre la demanda y la oferta de recursos", afirma, ya sea haciendo chips y centros de datos más eficientes o recurriendo a opciones más disponibles como los combustibles fósiles.
La situación ha llegado a oídos de Naciones Unidas. Un informe reciente reveló que los centros de datos del mundo consumen tanta energía que solo diez países gastan más, lo que convierte a la IA en el undécimo mayor consumidor energético global. Para 2030, se espera que escale hasta la sexta posición. El secretario general de la ONU, Antonio Guterres, lanzó una Iniciativa de Transparencia Ambiental de la IA y urgió a las grandes tecnológicas a medir y divulgar su impacto, además de comprometerse a usar energía renovable en todos sus centros de datos para 2030. Mientras, Google presume de haber firmado un récord de contratos de electricidad "limpia" e invertir en nuclear y geotermia, y Amazon se presenta como el mayor comprador de energía renovable del mundo por sexto año consecutivo, con inversiones en pequeños reactores nucleares y más de 52.000 camiones eléctricos. Pero los números cantan: la carrera de la IA está ganando a la carrera verde.
El análisis de Salseo
- El aumento de emisiones no es una sorpresa, pero sí una señal de que la rentabilidad de la IA a corto plazo choca con los objetivos climáticos. Las tecnológicas están priorizando la velocidad de despliegue sobre la eficiencia energética, lo que podría generar riesgos reputacionales y regulatorios si no logran equilibrar ambas metas.
- El verdadero talón de Aquiles está en la cadena de suministro. Aunque Google y Amazon compren energía renovable para sus centros, la fabricación de chips y la construcción de instalaciones dependen de proveedores que aún usan combustibles fósiles. Hasta que no se descarbonice esa cadena, las emisiones seguirán subiendo aunque las operaciones directas sean más limpias.
- La presión de la ONU y la creciente conciencia social pueden acelerar regulaciones que obliguen a transparentar y reducir la huella de carbono de la IA. Los inversores deberían vigilar de cerca los próximos informes de Meta y Microsoft, así como cualquier iniciativa que obligue a las empresas a internalizar estos costes ambientales, lo que podría afectar sus márgenes.
- Hay una lectura positiva escondida: si las empresas logran hacer más eficientes sus chips y centros de datos, podrían reducir costes operativos a largo plazo. Pero el reloj corre en contra: cada año de retraso en la descarbonización de la red eléctrica hace más difícil cumplir las promesas de 2030 y 2040.