El CEO de RoboStrategy explica cómo se gana dinero con la IA que mueve robots

Andrew Kang, consejero delegado de RoboStrategy (BOT), defiende en Schwab Network que los robots autónomos son la siguiente gran fase de la inteligencia artificial y que todo pasa por las GPUs.
Andrew Kang, consejero delegado de RoboStrategy (BOT), ha sido entrevistado en Schwab Network para explicar cómo encaja su compañía en el desarrollo de la llamada "IA física", ese terreno en el que la inteligencia artificial deja de ser solo software y pasa a controlar máquinas que se mueven por el mundo real. En la conversación, el directivo ha repasado el crecimiento de los robots autónomos, el papel de Nvidia (NVDA) en toda esta historia y la manera en que él plantea las inversiones en inteligencia artificial. La entrevista se enmarca en el goteo constante de conversaciones sobre cómo posicionarse ante el boom de la IA, pero con un enfoque distinto al habitual: aquí no se habla de chatbots ni de nubes de datos, sino de hardware y de máquinas que actúan.
La tesis que defiende Kang es sencilla de resumir: si los robots autónomos van a ser capaces de ver, decidir y moverse, necesitan potencia de cálculo, y esa potencia hoy sale de las GPUs. Es decir, los chips que en su día se diseñaron para videojuegos y que luego se convirtieron en el motor de los grandes modelos de lenguaje son también la "columna vertebral" sobre la que se está construyendo la IA física. Sin esa capacidad de procesamiento, un robot no puede interpretar lo que ve ni reaccionar en tiempo real. Ese es el hilo que conecta a una empresa de robótica como la suya con el fabricante de chips más cotizado del planeta.
¿Por qué importa esta idea? Porque supone un cambio de fase para el sector. Durante los últimos años, la IA ha vivido casi toda en centros de datos: se entrena, se sirve y se consume a través de la nube. La promesa de la IA física es llevarla al mundo material: fábricas, almacenes, logística, agricultura o incluso el hogar. Eso multiplica los usos posibles, pero también los costes y la complejidad, porque ya no basta con mejorar un modelo de software: hacen falta sensores, baterías, motores, mantenimiento y capacidad de fabricación. Es un negocio mucho más intensivo en capital y con más piezas móviles que el del software puro, y ahí es donde se decidirá quién gana dinero de verdad.
Para el inversor particular, la lectura práctica es que cada vez más compañías se presentarán como "pure plays" de la IA física. El reto está en distinguir a quien ya tiene producto, clientes e ingresos recurrentes de quien solo tiene una presentación atractiva y mucho ruido mediático. En esta entrevista no se han dado cifras concretas de negocio, pedidos ni resultados, así que lo que tenemos es una declaración de intenciones y una forma de ver el sector. Lo útil es quedarse con el mapa que dibuja: robótica, cómputo y quién controla cada eslabón de la cadena.
En resumen, Kang pone el foco en que la robótica autónoma no es un sector aislado, sino una consecuencia directa de la carrera por el cómputo. Quien quiera seguir esta historia debería mirar más allá del titular: qué empresas fabrican los componentes críticos, quién integra esos componentes en productos que se venden de verdad y qué márgenes quedan para cada uno cuando la cadena se aprieta.
El análisis de Salseo
- El negocio de la "IA física" es mucho más intensivo en hardware que el del software: si tu ventaja competitiva consiste en montar robots con chips que compras a terceros, tus márgenes dependen de un proveedor que no controlas. La pregunta clave para valorar a RoboStrategy no es qué robots promete, sino si tiene tecnología propia (sensores, software de control, integración) o si es principalmente un ensamblador de piezas ajenas.
- Mientras los robots dependan de GPUs, el poder de fijación de precios se queda en la parte alta de la cadena, en manos de Nvidia (NVDA). El reparto podría cambiar si aparecen chips específicos para robótica o si parte del cálculo se traslada al propio robot (lo que se llama cómputo en el dispositivo), porque eso reduciría la dependencia de los grandes centros de datos y abriría la puerta a nuevos fabricantes.
- En robótica, el entusiasmo se mide en vídeos espectaculares, pero la realidad se mide en pedidos. La señal que de verdad valida esta tesis son contratos firmados, unidades desplegadas y, sobre todo, ingresos recurrentes por mantenimiento o software, no una demo. Como en esta entrevista no ha habido cifras de negocio, conviene tratarla como narrativa de sector y no como un dato que cambie la valoración de nada.
- Cuando un consejero delegado acude a un medio financiero a explicar la tesis de su sector, suele ir acompañado de un momento en el que la compañía busca visibilidad ante los inversores. No es ni bueno ni malo por sí mismo, pero merece la pena comprobar si hay a la vista una ampliación de capital, una publicación de resultados o movimientos de directivos: ese contexto ayuda a interpretar por qué se cuenta la historia ahora y con este tono optimista.