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El CEO de SEALSQ entra en la World Law Foundation y propone un capítulo global de IA

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El CEO de SEALSQ entra en la World Law Foundation y propone un capítulo global de IA

Carlos Moreira, consejero delegado de SEALSQ, se incorpora al patronato de la World Law Foundation y plantea crear un capítulo permanente de inteligencia artificial dentro de la World Jurist Association.

SEALSQ Corp (NASDAQ: LAES) ha anunciado que su consejero delegado, Carlos Moreira, se incorpora al patronato de la World Law Foundation. La compañía, que se dedica a desarrollar y vender productos de semiconductores, infraestructura de clave pública (PKI) y tecnología post-cuántica, tanto en hardware como en software, ha explicado que este nombramiento llega acompañado de una propuesta: la creación de un capítulo dedicado a la inteligencia artificial dentro de la World Jurist Association. El anuncio se hizo público el 14 de septiembre de 2026 desde Ginebra (Suiza) y Madrid (España). Moreira no es solo el primer ejecutivo de SEALSQ: también es fundador, presidente del consejo y consejero delegado de WISeKey International Holding Ltd (SIX: WIHN; NASDAQ: WKEY), el grupo en el que se apoya el ecosistema de SEALSQ.

El capítulo propuesto sería permanente e independiente, y contaría con el respaldo de un grupo de trabajo global en el que se sentarían juristas, reguladores, empresas de inteligencia artificial, científicos, organizaciones internacionales, representantes de la sociedad civil y personas afectadas directamente por estas tecnologías. Su misión sería traducir los principios de la iniciativa HUMAN-AI-T a reglas operativas, métodos de evaluación técnica, recomendaciones regulatorias y compromisos que se puedan medir. La idea, insiste la compañía, no es frenar la inteligencia artificial ni recortar su potencial, sino conseguir que siga bajo un control humano real, que respete los derechos fundamentales y que proteja la seguridad, la dignidad, la identidad y la autonomía de las personas.

«La inteligencia artificial avanza más rápido que los mecanismos legales y técnicos creados para supervisarla», ha señalado Moreira. En su opinión, ha llegado el momento de pasar de los principios a la aplicación práctica, y cree que la World Jurist Association puede aportar la legitimidad jurídica internacional y la capacidad de convocatoria necesarias, mientras que HUMAN-AI-T y SEALSQ aportarían la tecnología para que la confianza, la rendición de cuentas y la supervisión humana sean verificables desde el propio diseño de los sistemas.

El trasfondo no es menor. La inteligencia artificial puede acelerar descubrimientos científicos, mejorar la sanidad, ampliar el acceso a la educación o aumentar la productividad, pero su entrada en infraestructuras críticas, servicios financieros, ciberseguridad, administración pública y defensa genera riesgos que cruzan industrias y fronteras: manipulación informativa a gran escala, ciberataques automatizados, discriminación, pérdida de privacidad, concentración de poder, disrupciones económicas, aplicaciones biológicas peligrosas y sistemas cada vez más autónomos que actúan más allá de lo previsto. Ya existen bases internacionales relevantes, como los principios de la OCDE, la recomendación de la UNESCO sobre ética de la IA, el Pacto Digital Global de Naciones Unidas, el convenio marco del Consejo de Europa y el Reglamento Europeo de IA, pero siguen habiendo diferencias notables de alcance, fuerza legal, métricas técnicas y capacidad de auditoría. HUMAN-AI-T aspira a ser el puente entre esos principios y los sistemas reales con los que se desarrolla y despliega la IA.

El capítulo tendría cinco prioridades: un protocolo voluntario HUMAN-AI-T con obligaciones prácticas para desarrolladores, desplegadores y operadores de sistemas avanzados; indicadores de cumplimiento medibles y metodologías de evaluación independientes en materia de seguridad, transparencia, supervisión humana, identidad, rendición de cuentas y derechos fundamentales; un grupo de trabajo global que conecte tecnología, derecho, ciencia, política pública y sociedad civil; recomendaciones para acercar posturas regulatorias entre jurisdicciones respetando la soberanía de cada país; y un informe anual independiente sobre progresos, riesgos y cumplimiento, junto a un premio HUMAN-AI-T. El grupo analizaría cómo deben cambiar las obligaciones según la capacidad del sistema, su autonomía, su acceso a información sensible y su impacto potencial, con un enfoque basado en pruebas y umbrales de riesgo proporcionados. En esa ecuación, SEALSQ y el resto del ecosistema WISeKey aportarían tecnologías de confianza como identidad digital segura, semiconductores fiables, criptografía post-cuántica y autenticación por hardware.

El análisis de Salseo

  • Esto no es un contrato ni un pedido: ningún cliente paga por este anuncio. Lo relevante es el posicionamiento. SEALSQ quiere colocar su tecnología (identidad digital, chips seguros, criptografía post-cuántica) en el centro del debate sobre cómo se vigila la IA, porque si algún día las normas exigen supervisión humana verificable por hardware, quiere ser quien ponga esa pieza.
  • El mecanismo de fondo es apostar a que la regulación cree demanda. Hoy los marcos internacionales (OCDE, UNESCO, Reglamento Europeo de IA) son principios con poca capacidad de auditoría; si el protocolo HUMAN-AI-T acaba adoptándose como estándar de facto, las empresas que ya venden esa capa técnica parten con ventaja. Es una apuesta a varios años, no a varios trimestres.
  • Cuidado con el doble sombrero: Moreira lidera SEALSQ y también WISeKey, así que el altavoz institucional sirve a todo el ecosistema, pero no necesariamente se traduce en ingresos para el accionista de LAES. El riesgo es de foco: cuantas más labores institucionales y de representación acumule el primer ejecutivo, menos tiempo dedicado a la parte operativa.
  • La señal concreta a vigilar es si el capítulo se formaliza de verdad dentro de la World Jurist Association y si algún regulador o gran compañía adopta el protocolo voluntario. Sin una adopción real, esto se queda en relaciones públicas y visibilidad mediática, que es exactamente donde suelen quedarse este tipo de anuncios de gobernanza.

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