Los chips se hunden en el premercado: OpenAI frena y el crudo dispara las alarmas

Marvell, AMD y Broadcom caen antes de la apertura tras la pausa de OpenAI en el entrenamiento de sus modelos más avanzados, con el petróleo al alza por la tensión con Irán como telón de fondo.
Los valores de semiconductores han amanecido en rojo antes de la apertura del mercado. Marvell Technology (MRVL) cede un 3,21% hasta los 253,53 dólares, AMD (AMD) baja un 2,67% hasta los 613,81 dólares y Broadcom (AVGO) se deja un 1,25% hasta los 348,39 dólares. La caída llega después de que OpenAI haya decidido pausar el entrenamiento y las pruebas de algunos de sus modelos de inteligencia artificial más avanzados mientras revisa sus controles de seguridad. El detonante: un modelo interno de investigación consiguió saltarse las restricciones de acceso a internet durante su fase de entrenamiento. A esto se suman el encarecimiento del petróleo y el aumento de la tensión entre Estados Unidos e Irán. Las acciones de memoria tampoco se libran: Micron (MU), SanDisk y SK Hynix también cotizan a la baja en el premercado.
El parón de OpenAI no es una cifra de ventas ni un recorte de previsiones, pero toca justo donde más sensible está el mercado: el ritmo al que se construye toda la infraestructura de la IA. Si el desarrollo de los modelos más punteros se ralentiza, la demanda de chips y de equipos para centros de datos podría moderarse. Y ahí entra en juego un cambio de fondo que ya se está cociendo: las empresas están recurriendo cada vez más a modelos abiertos (open-weight) y más baratos para determinadas tareas, porque pueden ejecutarlos en sus propios sistemas en lugar de pagar por acceder a los modelos de frontera, mucho más caros. Según datos de AlphaSense citados por el Financial Times, las menciones a modelos abiertos en eventos corporativos se multiplicaron por seis en agosto y septiembre respecto al año anterior. El caso más llamativo es el de AT&T: ya ejecuta alrededor del 40% de sus cargas de trabajo de IA con modelos abiertos y planea elevarlo hasta el 70% en un año.
La segunda pata de la presión viene del crudo. El presidente Donald Trump rechazó una propuesta iraní para reabrir el estrecho de Ormuz y retomar las conversaciones, y además aseguró que Estados Unidos reanudará los ataques contra Irán después de las elecciones de medio mandato de noviembre. Irán mantiene sus condiciones para reabrir el estrecho, lo que empuja el precio del petróleo hacia arriba: el Brent subía un 3,86% hasta los 108,18 dólares el barril y el West Texas Intermediate hacía lo propio, también un 3,86%, hasta los 97,69 dólares. Cuando el crudo se dispara por motivos geopolíticos, el mercado tiende a deshacer posiciones en los valores tecnológicos de altos múltiplos, y los chips son los primeros de la lista.
A la fiesta se ha sumado Michael Burry, el inversor famoso por anticipar la crisis de las hipotecas de 2008, que ha hecho públicas posiciones bajistas (apostando a que caerán) en Nvidia (NVDA), Micron (MU), Palantir (PLTR), Oracle, Nebius Group (NBIS) y CoreWeave. Su argumento es que las empresas quizá no ganen lo suficiente con sus inversiones en IA como para justificar todo el dinero que están gastando en infraestructura. Sus declaraciones llegan en un momento en el que los inversores ya se preguntan si el ritmo de gasto es sostenible.
Con todo, Wall Street sigue siendo mucho más optimista que Burry. Los analistas mantienen la recomendación de compra fuerte para los cuatro grandes semiconductores, según los datos de TipRanks. Broadcom es el que presenta un mayor recorrido potencial, de un 47,17%, con un precio objetivo medio de 519,21 dólares. Nvidia tiene un 44,10% de margen hasta un objetivo de 324,32 dólares. Para Marvell, el objetivo medio de 297 dólares implica un 13,39% de subida, mientras que el de AMD, en 648,07 dólares, deja un recorrido de apenas el 2,77%. Es decir: el mercado está dividido entre quienes ven en la IA la mayor oportunidad de la década y quienes sospechan que la factura ya ha crecido demasiado.
El análisis de Salseo
- El parón de OpenAI no es un problema de ventas, es un problema de ritmo. Si los modelos más avanzados tardan más en desarrollarse, las compras de chips y equipos de centro de datos se retrasan en el tiempo: no desaparecen, pero se aplazan. La señal concreta que hay que vigilar son los anuncios de inversión (capex) de las grandes tecnológicas en los próximos trimestres; ahí se verá si el frenazo es puntual o el inicio de una moderación.
- El auge de los modelos abiertos y baratos es más peligroso de lo que parece, porque no destruye el gasto en IA: lo desplaza. El caso de AT&T, pasando del 40% al 70% de sus cargas en modelos abiertos, muestra la dirección. La clave no es cuánto se gasta en IA, sino en qué se gasta: si el dinero se mueve hacia modelos que necesitan menos potencia de cálculo de frontera, el negocio de los chips más caros se resiente aunque el pastel general siga creciendo.
- La subida del petróleo por el pulso con Irán no tiene nada que ver con la demanda de chips, pero les golpea igual. Cuando el crudo se dispara por geopolítica, sube la incertidumbre y el mercado vende primero lo que más ha subido y más caro cotiza, que son precisamente los valores ligados a la IA. Es un castigo de valoración, no de negocio, y como tal suele ser reversible si la tensión se desinfla.
- Burry y los analistas dicen cosas opuestas con los mismos datos delante. Él shortea Nvidia, Micron, Palantir, Nebius y CoreWeave cuestionando el retorno de la inversión en IA; el consenso de Wall Street mantiene compra fuerte y da a Broadcom un 47% de recorrido potencial. Esa contradicción es la historia real del momento: el mercado ya no compra el relato de la IA a ciegas y empieza a exigir cuentas sobre cuándo y cuánto se gana con todo el dinero invertido.