CoreWeave no da abasto con las GPU de Nvidia: por qué la acción cayó un 5%

CoreWeave asegura que cada GPU que tiene podría venderse a varios clientes a la vez y ya ha subido precios un 25%, pero sus acciones cayeron un 4,9% porque mantener ese ritmo exige invertir miles de millones antes de cobrar.
CoreWeave vive una paradoja que explica muy bien cómo funciona hoy la fiebre de la inteligencia artificial. Sus acciones cayeron un 4,9% el miércoles, hasta los 94,94 dólares, borrando parte del 11,7% que se había anotado el martes, en una jornada en la que el Nasdaq perdió un 0,64%. Lo llamativo es que el castigo llegó justo después de que la compañía insista en que la demanda es más fuerte que nunca. Su consejero delegado, Michael Intrator, lo resumió en la conferencia de tecnología que Goldman Sachs celebra cada año: la empresa está «luchando por satisfacer la demanda cada día» y «cada GPU que tenemos podría venderse a varios clientes distintos».
Esa escasez de chips de Nvidia es la que le está dando músculo para subir precios. CoreWeave aplicó un incremento del 25% a toda su gama de productos en julio, y eso ha animado a los analistas: la firma Truist elevó su valoración de referencia desde 155 hasta 165 dólares al considerar que «el poder de fijación de precios compensa de sobra el encarecimiento de las GPU», con la mejora trasladándose a los márgenes a lo largo del segundo semestre de 2026. Los pedidos acumulados (lo que la compañía llama backlog) rondaban los 104.000 millones de dólares al cierre del segundo trimestre, una cifra a la que hay que sumar más de 25.000 millones en contratos firmados en las primeras semanas del tercero. Intrator añadió que la economía de los contratos nuevos mejora porque lo que paga el cliente sube más rápido que la luz, la memoria y el resto de costes.
El problema no es la demanda, sino la factura que hay que pagar por adelantado para atenderla. CoreWeave necesita comprar GPU, energía y centros de datos de forma continua, y acaba de elevar su previsión de inversión para este año hasta un rango de 35.000 a 39.000 millones de dólares, frente a los 31.000-35.000 anteriores. Solo en el segundo trimestre se gastó unos 9.400 millones. La casa de análisis Bernstein lo describió con precisión: fue «el mejor trimestre que ha presentado CoreWeave», subió las previsiones de ingresos, beneficio operativo y potencia activa… pero la inversión subió aún más que todas ellas. Por eso mantiene una opinión negativa sobre el valor, aunque haya elevado su referencia desde 67 hasta 74 dólares, argumentando que la trayectoria de crecimiento a largo plazo puede cambiar muy rápido.
Y luego está el coste de financiar todo esto. CoreWeave ha cerrado un préstamo de 2.600 millones de dólares con un tipo de interés estimado de entre el 8,2% y el 9,2%, más caro de lo que esperaban muchos inversores. Aun así, hay quien ve el vaso medio lleno: el analista Paul Meeks, de Freedom Capital Markets, sostiene que los contratos de plazo más corto se están firmando y renovando a precios mucho más altos, lo que les permite seguir siendo rentables incluso con esa deuda más cara, y mantiene una visión favorable con una referencia de 151 dólares. La tesis optimista es sencilla: si el hardware escasea, los precios aguantan y el margen mejora más deprisa que los intereses. La pesimista es igual de clara: si la capacidad de IA deja de ser escasa, si los precios bajan o si financiarse sigue siendo caro, la empresa puede quedarse con una estructura gigantesca que rinda menos de lo esperado. La caída del miércoles no dice que los clientes hayan dejado de querer GPU. La pregunta difícil es qué pasa después de conseguirlas.
El análisis de Salseo
- El mercado no está castigando la demanda, sino el calendario del dinero. Cada GPU que CoreWeave compra es caja que sale hoy y un ingreso que se reconoce meses después, así que mientras la inversión crezca más rápido que las ventas ya contabilizadas, la empresa puede presentar trimestres excelentes y ver caer la acción el mismo día. Es el desajuste temporal lo que mueve el precio, no un cliente que se borra.
- La escasez es la auténtica palanca de beneficios. Con precios un 25% más altos desde julio y varios clientes peleando por el mismo hardware, el margen no depende de vender más, sino de poder subir tarifas sin perder pedidos. La señal concreta a vigilar es si esos incrementos se mantienen en las renovaciones de los próximos trimestres o si se van diluyendo cuando llegue capacidad nueva al mercado.
- El gran contrapeso es la deuda: financiarse a tipos de entre el 8,2% y el 9,2% para comprar chips significa que una parte creciente del margen se va en intereses antes de llegar al bolsillo del accionista. Cuanto más grande es la base de activos, más caro es el error si el precio de alquilar cómputo se relaja, porque los costes de la estructura se quedan aunque las tarifas bajen.
- Los analistas están divididos con los mismos datos delante: Bernstein ve riesgo con una referencia de 74 dólares y Freedom Capital Markets ve recorrido hasta 151. Ese abismo refleja que la tesis depende de una variable que aún no se puede comprobar: si el backlog de 104.000 millones se convierte en ingresos al ritmo prometido. La próxima publicación de resultados y el detalle del gasto en centros de datos serán la prueba real.