CoreWeave, Nebius e IREN se desinflan: crecen como cohetes, pero la factura de la IA pesa

Las grandes 'neocloud' del alquiler de potencia para inteligencia artificial caen con fuerza desde máximos. Sus ingresos se disparan, pero el coste de los chips y la necesidad de financiación pasan factura.
Las compañías más conocidas del negocio de 'neocloud' —alquilar capacidad de cálculo para entrenar y usar inteligencia artificial— están viviendo un 2025 de contrastes: sus ingresos no dejan de crecer, pero sus acciones se hunden desde los máximos. CoreWeave, la referencia del sector, cotiza alrededor de 87 dólares, muy lejos del máximo de 186 dólares que llegó a marcar. Ese retroceso ha recortado su valor en bolsa desde más de 88.000 millones de dólares hasta unos 49.000 millones. Nebius ha bajado a la zona de los 224 dólares desde los 300 dólares que tocó en lo que va de año, e IREN, una antigua minera de bitcoin reconvertida en dueña de centros de datos, ha caído a unos 43 dólares desde los 77. Las tres cuentan con Nvidia entre sus inversores.
Y sin embargo, los números del último trimestre dicen justo lo contrario. CoreWeave cerró con una cartera de pedidos pendientes ('backlog') de más de 104.000 millones de dólares, procedente de acuerdos con clientes como Microsoft, Anthropic u OpenAI, y se ha convertido además en proveedor destacado de Jane Street. Sus ingresos crecieron un 112% hasta 2.600 millones, con un beneficio bruto de explotación ajustado de 1.500 millones. Los analistas esperan que facture 12.900 millones este año y 26.400 millones el que viene. Nebius disparó sus ventas más de un 400% en el trimestre, impulsada por grandes contratos con Microsoft y Meta Platforms, con previsiones de 3.340 millones este ejercicio y 12.000 millones el siguiente. IREN, por su parte, tiene sobre la mesa estimaciones de 2.800 millones este año y 7.200 millones en 2026.
El problema, señalan los analistas, no es la demanda, sino a qué precio se consigue. El 'boom' de la IA ha encarecido este año los chips gráficos, la memoria, los servidores y los sistemas ópticos, así que cada plan de expansión cuesta más de lo previsto. CoreWeave, por ejemplo, ha elevado su previsión de inversión en infraestructuras desde un rango de 30.000 a 35.000 millones hasta uno de 35.000 a 39.000 millones para este ejercicio. Ese esfuerzo hay que pagarlo: Nebius vendió acciones por más de 2.000 millones en el segundo trimestre y aún tiene unos 12 millones de títulos que puede colocar para financiar su despliegue, mientras que CoreWeave ha acumulado más de 27.000 millones de dólares de deuda en pocos meses. Nebius, en cambio, parte con una situación más desahogada por su origen como escisión del buscador ruso Yandex. Estas cifras explican que muchos inversores estén apostando a la baja: el 'short interest' —el porcentaje de acciones prestadas para venderlas esperando recomprarlas más baratas— ronda el 23% en Nebius, el 24% en IREN y el 12,8% en CoreWeave.
A esa presión financiera se suma la competencia. SpaceX habría recibido un pedido de un cliente que le pagará 1.100 millones de dólares al mes a partir de diciembre, y gigantes como Meta Platforms y Microsoft empiezan a alquilar a terceros el espacio que les sobra. Todo ello en un clima general de miedo a que la burbuja de la IA pinche de golpe y con voces que piden frenar el desarrollo de los modelos más avanzados. La cara amable del relato: si el coste de los componentes se normaliza y el pico de inversión queda atrás, estas compañías podrían convertirse en generadoras de caja libre, que es cuando el mercado suele volver a mirarlas con buenos ojos.
El análisis de Salseo
- El mercado ha cambiado de pregunta: ya no discute si hay demanda (el 'backlog' de CoreWeave supera los 104.000 millones de dólares), sino cuánto capital hace falta para servirla. Cuando la métrica que manda pasa de la cartera de pedidos a la caja disponible, las empresas que crecen muy rápido pero aún no generan efectivo lo pagan en bolsa.
- El mecanismo de fondo es un problema de costes: si GPUs, memoria y óptica se encarecen, el mismo plan de expansión cuesta más. CoreWeave ya subió su previsión de inversión de 30.000-35.000 a 35.000-39.000 millones. Mientras ese precio no se estabilice, cada trimestre traerá probablemente más deuda o más acciones nuevas, y eso diluye al accionista existente.
- Hay un riesgo poco comentado: los gigantes que hasta ahora eran clientes (Microsoft, Meta) empiezan a alquilar capacidad sobrante, y aparecen proveedores nuevos como SpaceX. Si la oferta de alquiler de cómputo crece más rápido que la demanda, los precios podrían bajar justo cuando estas compañías necesitan márgenes para pagar sus inversiones.
- La lectura de las apuestas bajistas ayuda a calibrar el pánico: con un 23% de acciones prestadas en Nebius y un 24% en IREN, cualquier sorpresa positiva que fuerce a recomprar dispara el rebote. La señal concreta a vigilar es el pico de inversión: el primer trimestre en que el capex frene y el flujo de caja libre pase a positivo será el que cambie el relato.