CoreWeave sigue firmando contratos de cómputo a precios más altos: 40 millones por megavatio

CoreWeave asegura que continúa cerrando contratos de capacidad de cómputo a precios crecientes, con acuerdos cortos de tres a seis meses a unos 40 millones de dólares anuales por megavatio. Además, suma más de 25.000 millones en nuevos compromisos de clientes y eleva su potencia contratada hasta 4,2 gigavatios.
CoreWeave, compañía especializada en alquilar potencia de cálculo para inteligencia artificial, ha salido a actualizar cómo va su negocio y el mensaje es claro: sigue firmando contratos de nueva capacidad de cómputo, y lo está haciendo a precios más altos. La empresa asegura que desde el 30 de junio no ha parado de cerrar acuerdos y que en el tercer trimestre ha rubricado contratos de corta duración, de aproximadamente tres a seis meses, con un precio de unos 40 millones de dólares por megavatio. Ese cálculo se hace dividiendo los ingresos anualizados que generan esos contratos entre la potencia eléctrica necesaria para dar servicio a los clústeres correspondientes.
Para entenderlo en cristiano: un megavatio es una medida de potencia eléctrica, la que necesitan los centros de datos llenos de chips para funcionar. Cuando CoreWeave dice que cobra unos 40 millones de dólares por megavatio al año, está diciendo cuánto factura anualmente por cada unidad de esa potencia que pone a disposición de sus clientes. Es, en la práctica, el "precio del alquiler" de la maquinaria de IA, y se está convirtiendo en la vara de medir que el mercado vigila para saber si la fiebre por la inteligencia artificial sigue apretando la demanda o si empieza a enfriarse. Que esa cifra suba significa que hay clientes dispuestos a pagar más por asegurarse capacidad cuanto antes.
El segundo dato relevante es de tamaño: CoreWeave recuerda que, tal y como adelantó en su llamada de resultados del 11 de agosto, ha sumado más de 25.000 millones de dólares en nuevos compromisos netos de clientes en la parte inicial del tercer trimestre. Ese dinero no aparece todavía en la cartera de ingresos pendientes (el llamado backlog) que la compañía reportaba a 30 de junio, así que las cifras publicadas hasta ahora se quedan cortas respecto a lo que ya tiene firmado. Y hay un tercer número que ayuda a medir su ritmo de expansión: su potencia total contratada pasó de aproximadamente 3,7 gigavatios a 30 de junio a unos 4,2 gigavatios a 11 de agosto. Es decir, medio gigavatio más de capacidad comprometida en menos de mes y medio.
El movimiento se entiende dentro de un sector en plena ebullición. Los llamados "neoclouds" —empresas que alquilan cómputo especializado para IA y compiten directamente con los grandes proveedores de nube— están viviendo una etapa de precios al alza porque la demanda de capacidad supera a la oferta disponible a corto plazo. Algunos rivales del sector ya han visto cómo sus acciones se disparaban al anunciar subidas de precios de cómputo, y firmas como Nebius han protagonizado movimientos parecidos. En paralelo, CoreWeave ha estado reforzando su caja en las últimas semanas con operaciones de financiación, entre ellas emisiones de deuda convertible y de acciones, algo coherente con un negocio que necesita muchísimo capital para construir y equipar centros de datos.
La letra pequeña que conviene no perder de vista es que estos contratos son cortos: de tres a seis meses. Eso tiene dos caras. La buena es que permite repreciar rápido y capturar la subida de precios sin quedarse atado a tarifas antiguas. La mala es que los ingresos son menos previsibles: si la demanda se enfría, esos contratos se renuevan a la baja o directamente no se renuevan, y el colchón de la cartera de pedidos a largo plazo no protege igual. La clave a seguir, por tanto, estará en si CoreWeave es capaz de convertir esos 4,2 gigavatios de potencia contratada en ingresos reales, con la financiación suficiente para construirla, y en si el precio del megavatio aguanta en los próximos trimestres.
El análisis de Salseo
- Publicar el precio por megavatio es en sí mismo una jugada estratégica: CoreWeave convierte una métrica interna en un argumento público de comparación. Si el mercado adopta los 40 millones por megavatio como referencia, cualquiera podrá medir quién vende capacidad de IA más cara (y por tanto con más demanda detrás) y quién tiene que rebajar precios para llenar sus centros de datos.
- El detalle de que los contratos sean de tres a seis meses es ambivalente. Permite a CoreWeave repreciar al alza cada pocos meses y aprovechar el tirón de demanda, pero a cambio hace que sus ingresos dependan de renovaciones constantes: en un negocio con miles de millones invertidos en infraestructura, tener clientes que solo se comprometen medio año es una fuente de volatilidad que el backlog no refleja del todo.
- Los 25.000 millones en nuevos compromisos que no están en el backlog del 30 de junio indican que las cifras oficiales van por detrás de la realidad contractual. El riesgo es doble: por un lado, esos compromisos dependen de que los clientes los honren y de que CoreWeave logre la potencia eléctrica y los chips para servirlos; por otro, pasar de 3,7 a 4,2 gigavatios en seis semanas marca un ritmo de ejecución que exige financiación continua, algo que explica las recientes emisiones de deuda convertible y acciones.
- La lectura contraria: precios altos no significan automáticamente un negocio redondo. Pueden ser síntoma de escasez puntual de capacidad, y una escasez tiende a atraer competencia y nueva oferta. Si en los próximos trimestres entran más gigavatios al mercado y el precio por megavatio se estanca o baja, la ventaja de los contratos cortos se convierte en un problema, porque CoreWeave ya no podrá repreciar al alza y sí tendrá que competir por renovar a esos clientes.