D-Wave cae un 3,8%: el Gobierno de EE.UU. ya puede vender 7,1 millones de acciones

D-Wave Quantum registra ante la SEC casi 7,1 millones de acciones en manos del Departamento de Comercio, que podrá revenderlas cuando quiera. No hay ampliación de capital, pero sí una posible losa de papel sobre el valor.
D-Wave Quantum ha registrado ante la SEC hasta 7.095.721 acciones que están en manos del Departamento de Comercio de Estados Unidos, según los formularios presentados el 10 de septiembre. Ese paquete equivale a alrededor del 1,9% del capital de la compañía y nació de un premio público dentro del programa CHIPS, el plan federal para impulsar la tecnología en el país. La reacción del mercado no se ha hecho esperar: las acciones de la empresa caían un 3,8% en el premercado, después de cerrar el viernes a 16,80 dólares.
La primera clave para entender el movimiento es lo que NO es: no se trata de una emisión de títulos nuevos por parte de D-Wave. La empresa ha dejado claro que su número de acciones en circulación no va a aumentar por este trámite y que no ingresará ni un dólar si el Departamento de Comercio acaba vendiendo. Es decir, no hay dilución para el accionista actual ni una ronda de financiación encubierta: lo que hay es un permiso de venta sobre papel que ya existía.
Ese permiso permite a la Administración deshacerse de todo o parte de su participación a través de operaciones de mercado, colocaciones en bloque, acuerdos privados u otros métodos autorizados. D-Wave admite que no sabe si el Gobierno venderá, cuándo lo haría ni cuántas acciones acabarían cambiando de manos. La letra pequeña añade matices interesantes: la cantidad que Comercio puede transferir va ligada a la proporción del premio CHIPS que D-Wave haya ido retirando realmente, y existen restricciones para ciertas operaciones, como las ventas negociadas en privado a competidores actuales o potenciales de la compañía. Además, las acciones en manos de una entidad pública no suelen llevar derechos de voto, salvo en asuntos corporativos relevantes como algunas fusiones o decisiones que afecten a los derechos de esa clase de títulos. En el formulario, la SEC valoró el paquete registrado en unos 118,2 millones de dólares a efectos de tasas, tomando como referencia un precio de 16,66 dólares por acción, una cifra que no equivale al importe total del premio del programa CHIPS.
El verdadero tema bursátil es la oferta futura. D-Wave avisa en su propio documento de que las ventas del Departamento de Comercio, o incluso la simple expectativa de que se produzcan, pueden pesar sobre la cotización. En un valor tan volátil y con un mercado tan sensible a los titulares como el de la computación cuántica, la incertidumbre sobre cuánto papel puede llegar al mercado y a qué ritmo funciona como una losa que limita los rebotes mientras no se despeje.
El análisis de Salseo
- La clave que cambia el diagnóstico: no es una ampliación de capital. D-Wave no emite títulos nuevos, su número de acciones no sube y no recibe ni un euro si el Gobierno vende. El castigo en bolsa responde a sentimiento y a oferta potencial, no a una dilución del accionista actual ni a un deterioro de las cuentas.
- El mecanismo es lo más jugoso del trámite: el Gobierno solo puede liberar acciones en proporción al dinero del premio CHIPS que D-Wave haya ido retirando. Es decir, cuanto más tire la empresa de la subvención pública para financiar su desarrollo, más munición tendrá Comercio para soltar en el mercado. Seguir cuánto del premio se dispone es seguir cuánta losa de papel se acumula.
- Dos cortafuegos que el titular no cuenta: el Departamento de Comercio no puede vender en privado a competidores actuales o potenciales (evita que un rival se haga con un paquete relevante) y esas acciones no llevan derechos de voto salvo en operaciones corporativas importantes, así que Washington no entra en el día a día de la compañía.
- Qué vigilar a partir de ahora: los próximos formularios de la SEC para ver si la participación pública baja y a qué precios, y si las ventas se colocan en bloque a inversores institucionales. Una colocación ordenada se leería como simple ruido; ventas continuadas en mercado abierto enquistarían una presión sobre la cotización durante meses, y quedaría además la duda de si el Gobierno vende por gestión normal o por falta de confianza en el valor.