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De Pakistán a Google: la ingeniera que ya no programa y no teme a la IA

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De Pakistán a Google: la ingeniera que ya no programa y no teme a la IA

Aimen Moten llegó a EE.UU. sin contactos y logró un puesto en Google. Ahora cuenta cómo la IA ha cambiado su trabajo y por qué los ingenieros no deberían temerle.

Aimen Moten no tuvo un camino fácil. Llegó a Estados Unidos desde Pakistán en 2022 para estudiar informática en la Universidad DePauw, con una beca parcial y la presión de graduarse rápido porque cada semestre costaba más de 10.000 dólares. Sin acceso a préstamos federales por no ser ciudadana, dependía de becas y prácticas para financiar sus estudios.

Su estrategia fue quirúrgica: asistió a conferencias como la Grace Hopper Celebration para hacer contactos, mandó cientos de solicitudes de prácticas y contactó en frío por LinkedIn a empleados de empresas que le interesaban. Consiguió varias referencias, pero la oferta de Google llegó sin enchufe: fue una de las pocas entrevistas en las que no tenía un contacto interno.

Tras dos prácticas en Google —la primera en Cambridge, Massachusetts—, recibió la oferta de trabajo a tiempo completo. Se graduó en tres años y medio, en diciembre de 2025, y en marzo empezó como ingeniera de software en la sede de la compañía en el área de la Bahía de San Francisco. Reconoce que tuvo suerte: el mercado tecnológico actual es durísimo y conoce a gente muy cualificada que sigue buscando oportunidades.

Lo más llamativo es cómo ha cambiado su día a día. Moten asegura que ya no programa tanto: ahora dedica más tiempo a revisar código generado por inteligencia artificial, tomar decisiones de diseño y entender a fondo cómo funcionan los sistemas. “El trabajo del ingeniero está cambiando al 100% por la IA”, afirma, pero no le quita el sueño. Cree que la clave está en adaptarse y aprender a usar estas herramientas, no en temerlas.

Su consejo para los jóvenes ingenieros va más allá del currículum: cuidarse es tan importante como prepararse. Ha visto a gente quemada de encadenar búsquedas de prácticas o empleo sin descanso. “Si no puedes mostrarte en tu mejor versión, de nada sirve un currículum perfecto”, sentencia. Y en la era de la IA, añade, la presión por usarla genera cierto “FOMO”, pero insiste: la tecnología no le quitará el puesto a corto plazo.

El análisis de Salseo

  • La historia de Moten refleja un cambio real en el perfil del ingeniero de software: la IA generativa está desplazando la tarea de escribir código hacia la supervisión y el diseño de sistemas. Para Alphabet, esto supone una transformación interna que puede aumentar la productividad, pero también exige reinventar la formación y la cultura de sus equipos.
  • El acceso a Google sin contactos previos demuestra que los procesos de selección de las grandes tecnológicas aún pueden ser meritocráticos, aunque la saturación del mercado y la automatización de filtros complican cada vez más la entrada. La empresa se beneficia de una imagen de puertas abiertas, pero el verdadero desafío es retener talento cuando la IA redefine los roles.
  • La falta de miedo a la IA por parte de una ingeniera recién llegada es una señal de que la tecnología se percibe más como herramienta que como amenaza en los puestos cualificados. Sin embargo, la presión por usarla y el 'FOMO' que menciona indican que la adaptación no es opcional: quien no se suba al carro puede quedarse atrás, y eso podría ampliar la brecha entre perfiles técnicos.
  • El consejo de 'cuidarse' no es trivial: en un sector con ciclos de despidos y alta exigencia, la salud mental se convierte en un factor diferencial de productividad. Para Alphabet, empleados quemados significan menor innovación y mayor rotación, justo cuando la batalla por el talento en IA está más intensa que nunca.

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