Una década de guerras internas por la IA pasa factura a Google

La salida de Demis Hassabis del día a día de DeepMind expone las tensiones internas que arrastra Google desde 2014, justo cuando Gemini parecía consolidar su dominio en IA.
A finales de 2025, Google parecía el ganador indiscutible de la inteligencia artificial. Su modelo Gemini 3 arrasaba en los benchmarks del sector, superando a rivales como OpenAI y Anthropic tras haber empezado tarde en la carrera de los grandes modelos de lenguaje. El buscador, que muchos habían dado por muerto ante el auge de los chatbots, volvía a crecer gracias a funciones como AI Overviews y AI Mode. Wall Street aplaudía a Alphabet, la matriz de Google, por ofrecer una solución completa: laboratorio de frontera, chips propios y un ecosistema con miles de millones de usuarios.
Sin embargo, bajo esa fachada de éxito se escondía una lucha interna que dura ya una década. DeepMind, la empresa de IA que Google compró en 2014, ha sido a la vez la piedra angular de su estrategia y una fuente crónica de fricción organizativa. La noticia de que Demis Hassabis, fundador de DeepMind, da un paso atrás en las operaciones diarias mientras el resto de la compañía concentra recursos en Gemini es el último capítulo de esa tensión.
La fricción no es nueva. Desde la adquisición, DeepMind ha mantenido una cultura propia, más académica y centrada en la investigación a largo plazo, que a menudo chocaba con la necesidad de Google de integrar la IA en productos comerciales de forma rápida. Esa dualidad ha generado roces sobre prioridades, presupuestos y control. Ahora, con la apuesta decidida por Gemini, la balanza parece inclinarse hacia la integración total, dejando menos espacio para la autonomía que caracterizó a DeepMind.
Para los inversores, el movimiento tiene dos caras. Por un lado, simplifica la estructura y alinea todos los recursos detrás de un solo modelo, lo que podría acelerar la monetización de la IA. Por otro, plantea dudas sobre la capacidad de Google para retener el talento investigador de élite que hizo posible Gemini. Si la cultura de DeepMind se diluye, ¿seguirá atrayendo a las mentes brillantes que necesitan los próximos avances?
La historia de Google y DeepMind es un recordatorio de que, en tecnología, ganar la carrera técnica no garantiza ganar la carrera organizativa. La salida de Hassabis del día a día no es un despido ni una ruptura, pero sí una señal de que la era de la convivencia entre dos almas dentro de una misma empresa toca a su fin.
El análisis de Salseo
- La salida de Hassabis del día a día es la culminación de una tensión estructural: Google siempre quiso que DeepMind fuera un laboratorio de investigación puro, pero la presión por competir con OpenAI ha forzado una integración total bajo Gemini. El mensaje interno es claro: se acabó la autonomía, ahora todo es producto.
- El riesgo real no es que Gemini empeore, sino que se pierda el talento que lo hizo posible. Los investigadores de élite suelen valorar la libertad académica; si DeepMind se convierte en una división más de Google, podrían migrar a startups o a rivales con más flexibilidad. Eso erosionaría la ventaja competitiva a largo plazo.
- Para el inversor, esta noticia es más relevante por lo que no dice que por lo que dice. No hay cifras de impacto financiero ni cambios en la hoja de ruta de productos. Es una señal de gobernanza: Google está priorizando la ejecución comercial sobre la exploración científica. Eso puede ser bueno para los márgenes a corto plazo, pero arriesga la innovación disruptiva a medio plazo.
- Conviene vigilar dos señales concretas: si aparecen salidas de investigadores senior de DeepMind en los próximos trimestres (lo que confirmaría el riesgo de fuga de talento) y si Gemini mantiene su ritmo de mejora sin la supervisión directa de Hassabis. La próxima gran actualización del modelo será una prueba de fuego.