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Despedido de Google, rechazó volver y renunció a seis cifras para lanzar su 'startup' de IA

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Despedido de Google, rechazó volver y renunció a seis cifras para lanzar su 'startup' de IA

Rob Waters perdió su trabajo en Google en pleno vuelo, recibió una oferta para regresar con sueldo de seis cifras y acciones, y la rechazó para montar Kanawai AI, una plataforma de gobernanza y seguridad de inteligencia artificial.

En noviembre de 2025, Rob Waters iba en un avión camino de Los Ángeles para reunirse con un cliente cuando la pantalla de su portátil se quedó en negro. El ordenador se reinició, pero no pudo volver a iniciar sesión, y justo después le vibró el teléfono personal: un correo de recursos humanos de Google le comunicaba que había sido despedido. Sin aviso previo y con el acceso cortado al instante. Este profesional de 42 años llevaba casi seis años en la compañía, donde había llegado a dirigir el equipo de especialistas en ventas de análisis de datos e IA para Google Public Sector. Tuvo que escribir al cliente que iba a ver desde su cuenta personal y cancelar la reunión.

El viaje no terminó ahí. Aterrizó en Los Ángeles sobre las 00:30 de la madrugada y, antes de dormir, vio un correo de su responsable que le citaba para una llamada a las 8:30 de la mañana, hora de la costa este, lo que en California significaba levantarse a las 5:30 con apenas dos horas de sueño. En esa reunión le informaron de que Google estaba creando un equipo nuevo y le animaron a presentarse cuando saliera la vacante. A principios de diciembre llegó la oferta formal: un puesto con salario de seis cifras y la posibilidad de que sus acciones siguieran consolidándose, es decir, que siguieran sumando a su patrimonio con el paso del tiempo. Según sus cálculos, rechazarla implicaba dejar escapar unos seis dígitos en acciones. En casa tenía una mujer y un hijo, lo que complicaba la decisión.

Pero la forma en que había terminado su etapa anterior le había cambiado la perspectiva. Le frustraban cierta burocracia interna y cómo se estaba gestionando la reorganización, y sentía que después de dedicarse en cuerpo y alma al trabajo su único premio había sido quedarse fuera. Llevaba mucho tiempo con la idea de montar algo propio, aunque dejar un empleo cómodo siempre era difícil: el despido, dice, le arrancó la tirita de golpe. Vio la disyuntiva clara: volver a Google y reiniciar el ciclo de sueldo alto y acciones, o lanzarse de una vez. Decidió no aceptar. No empezó a desarrollar su proyecto hasta enero, después de cerrar cualquier vínculo con Google, para evitar posibles problemas legales. Meses después, un excolega dejó la compañía y ambos pusieron en marcha Kanawai AI, un "sistema de registro" de inteligencia artificial que reúne en una sola plataforma visibilidad, gobernanza y seguridad de la IA, pensado sobre todo para clientes comerciales y grandes empresas.

Durante el primer semestre de 2026 viajó de forma constante entre su casa en Virginia y California, porque estar en la costa oeste le daba acceso a más fundadores, inversores y al ecosistema de 'startups'. El 1 de julio se mudó a San Francisco con dos maletas y una caja de equipos informáticos. Vivir sin ingresos y tirar de ahorros le cerró la puerta a algunos pisos, hasta que firmó el alquiler de un apartamento de dos habitaciones. A principios de mes se le unieron su mujer y su hijo, y la casa de Virginia está en venta. Su resumen: pasar de cobrar seis cifras a cero cuesta mucho de digerir, y como fundador hay que estar "un poco iluso" para creer en el proyecto.

Más allá de la anécdota personal, el caso dibuja una foto del momento que vive el sector: grandes tecnológicas que recortan y reorganizan equipos enteros, incluidos perfiles comerciales ligados a la IA, mientras ese mismo talento se marcha a montar empresas que venden precisamente lo que antes vendían dentro. Kanawai AI apunta a un nicho con demanda creciente: ayudar a las empresas a controlar qué modelos de IA usan, qué datos manejan y cómo cumplen las normas.

El análisis de Salseo

  • El detalle más revelador no es el despido, sino la secuencia: Google corta el acceso en minutos y, semanas después, ofrece volver al mismo perfil con sueldo de seis cifras. Eso indica que la compañía recortó por reorganización, no porque este tipo de rol comercial ligado a la IA sobrara, y que el talento capaz de vender soluciones de IA a administraciones sigue siendo escaso.
  • El negocio elegido es la 'letra pequeña' de la IA: visibilidad, gobernanza y seguridad. Es un segmento que crece porque las empresas ya no solo necesitan modelos, sino saber cuáles usan, qué datos tocan y si cumplen la normativa. El riesgo es que es un hueco con mucha competencia, tanto de las grandes nubes como de otras 'startups' mejor financiadas.
  • El coste real de emprender aquí tiene una parte que no sale en los titulares: se renuncia a un sueldo alto y a unas seis cifras de acciones sin consolidar. Es el dinero que no se ve y explica por qué muchos fundadores solo dan el paso cuando la empresa les empuja fuera.
  • Qué vigilar: si Kanawai AI anuncia su primera ronda de financiación y quién la lidera. Un cierre rápido sería señal de que el nicho de gobernanza de IA convence a los inversores; si se retrasa, apunta a que ese segmento está más saturado de lo que parece. Y de fondo, el goteo de ex-empleados de grandes tecnológicas montando empresas de IA es un termómetro útil para saber si estamos ante madurez del sector o ante exceso de oferta.

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