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El dinero caro parte la tecnología en dos: ganan los que no necesitan deuda

·NeutralImpacto medio
El dinero caro parte la tecnología en dos: ganan los que no necesitan deuda

La rentabilidad del bono a 10 años de EE. UU. toca máximos de varias décadas y, contra toda lógica, las grandes tecnológicas siguen subiendo. El mercado ya no premia crecer, premia poder pagarse el crecimiento sin pedir prestado.

La rentabilidad del bono del Tesoro estadounidense a 10 años alcanzó el 24 de septiembre un máximo de alrededor del 5,2%, un nivel que no se veía desde hacía décadas. La teoría dice que cuando el dinero se encarece de esta forma, las tecnológicas más caras de la bolsa deberían sufrir, porque sus valoraciones se sostienen sobre beneficios que se esperan muy lejos en el tiempo. Pero ha pasado lo contrario: las conocidas como Magnificent Seven han seguido subiendo, desenganchándose de un mercado de bonos que no deja de tensarse.

El detonante más inmediato fue Muse, el nuevo asistente de inteligencia artificial de Meta, y su adopción masiva entre los consumidores. El 21 de septiembre las acciones de Meta se dispararon más de un 11%, su mejor jornada desde la tormenta que vivió el mercado en abril de 2025, y dieron la vuelta a un desplome previo provocado por unos comentarios inusualmente prudentes de varios directivos del sector de la IA. Lo importante de Muse es que llevaba apenas dos semanas en la calle y ya daba a los analistas algo tangible: la prueba de que el dineral que las grandes tecnológicas meten en centros de datos empieza a generar ingresos y no solo gastos. El entusiasmo salpicó a toda la cadena de semiconductores: AMD superó por primera vez el billón de dólares de capitalización tras subir un 185% en lo que va de año, Intel avanzó un 12% y Arm un 17%. El Nasdaq Composite cerró en máximos históricos, con una subida de más del 2% en la sesión.

Debajo de ese catalizador hay un cambio de fondo en cómo se mira al sector. Los inversores institucionales tratan cada vez más a las mayores tecnológicas como refugios de flujo de caja: empresas capaces de generar cientos de miles de millones de dólares al año y de financiar su infraestructura de IA con su propio dinero, sin tocar unos mercados de crédito que ya descuentan una política más dura. Con tipos por encima del 5%, cualquier compañía que dependa de dinero prestado tiene que rehacer sus cuentas, y las firmas de software muy endeudadas o sin beneficios se enfrentan a un riesgo real a la hora de refinanciar su deuda. Las grandes no están en esa situación, y además su tamaño les da poder para fijar precios, lo que protege sus márgenes mientras suben los costes de todo el sector. El resultado es un mercado partido en dos: el capital fluye hacia el puñado de compañías que pueden pagarse su propio crecimiento y se retira de todo lo que siga necesitando deuda barata para expandirse.

La euforia, eso sí, duró poco. Hacia el 23 de septiembre la rentabilidad del bono volvió a acercarse a sus máximos de varias décadas después de conocerse datos de actividad económica mejores de lo esperado, con el petróleo recuperando los 100 dólares por barril y con más probabilidades asignadas a una subida de tipos de la Reserva Federal en octubre. El Nasdaq Composite cedió alrededor de un 1% y el S&P 500 bajó más de medio punto, mientras el rally de los fabricantes de chips se desinflaba casi tan rápido como había empezado. El dinero no se marchó del sector: rotó hacia otra esquina de la tecnología, con los proveedores de ciberseguridad CrowdStrike y Palo Alto Networks liderando las subidas. El matiz es revelador, porque los inversores no están dejando de lado su cautela sobre los tipos, sino concentrando el capital en los modelos de negocio lo bastante resistentes como para soportarlos: una semana toca infraestructura de IA y la siguiente software defensivo.

El análisis de Salseo

  • La subida de Meta no se explica solo por Muse, sino porque el producto convierte por fin la narrativa de la IA en algo medible. Hasta ahora el mercado veía el coste (los miles de millones invertidos en centros de datos) pero no el retorno; un asistente con adopción rápida entre el público demuestra que esa inversión puede facturar, y eso revaloriza de golpe a toda la cadena que vende los chips necesarios.
  • El mecanismo del 'dinero caro' es más sutil de lo que parece: con tipos por encima del 5% cada nueva emisión de deuda cuesta más, pero las grandes tecnológicas se autofinancian con su propia caja. Es decir, los tipos altos no solo no les restan, sino que les suman en términos relativos, porque hunden a los rivales pequeños y endeudados con los que compiten. La brecha no es de valoración, es de acceso al capital.
  • La gran señal a vigilar es la amplitud del mercado. Que el Nasdaq marque récords con las subidas concentradas en cuatro o cinco valores es una foto frágil: el día 23 ya se vio que en cuanto los bonos se tensan o el crudo supera los 100 dólares, el dinero no huye del sector, simplemente cambia de barrio, de los chips a la ciberseguridad más defensiva. Si el rally se ensancha, la tesis aguanta; si no, cualquier dato de inflación provoca bandazos.
  • Cuidado con el efecto llamada: que AMD cruce el billón de capitalización con una subida del 185% en el año, o que Intel y Arm se anoten un 12% y un 17% en una sola sesión, son movimientos de euforia y la euforia se paga. El riesgo no es que la IA no genere ingresos, es que el precio ya descuente un ritmo que Muse tendrá que confirmar con cifras reales (usuarios, publicidad, suscripciones) en los próximos trimestres.

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Fuente: Invezz