El divorcio de 640 millones que casi descarrila el imperio de SK Hynix

Un tribunal surcoreano ordena al presidente de SK Group pagar 640 millones de dólares en efectivo a su exmujer, evitando la venta de acciones que amenazaba el control del gigante de los chips de IA.
El culebrón judicial más sonado de Corea del Sur ha llegado a su fin con un cheque de 640 millones de dólares. El presidente de SK Group, Chey Tae-won, tendrá que pagar esa cifra récord a su exmujer, Roh Soh-yeong, cerrando una batalla legal que ha tenido en vilo a los inversores por el posible impacto en el control del segundo mayor conglomerado del país.
El trasfondo es de película: una boda del siglo, una hija de expresidente, una amante y un hijo fuera del matrimonio. Pero lo que de verdad importa aquí es que SK Group es el paraguas bajo el que opera SK Hynix, la empresa que fabrica los chips de memoria de alto ancho de banda que Nvidia necesita para sus procesadores de inteligencia artificial. El bum de la IA ha disparado el valor de SK Hynix, y con él, la fortuna de Chey y la cuantía del divorcio.
El tribunal ha optado por una solución salomónica. En lugar de obligar a Chey a desprenderse de acciones de SK Inc., la sociedad holding del grupo, le permite conservar su participación del 17,9% y pagar en efectivo. Los jueces han priorizado la estabilidad de la gestión del conglomerado, un alivio para quienes temían que una venta forzosa diluyera el control de Chey y sembrara el caos en plena fiebre de la IA.
La valoración de los activos ha sido el meollo del asunto. Chey quería que se usaran cifras anteriores al subidón bursátil de SK Hynix; Roh exigía precios actuales, mucho más altos. El tribunal fijó como fecha de referencia abril de 2024, pero reconoció que la revalorización posterior se debía a la gestión de Chey, lo que influyó en el reparto final: un tercio del patrimonio conyugal para Roh, en lugar del 35% que pedía.
El caso ha puesto sobre la mesa los entresijos de los chaeboles, esos conglomerados familiares que dominan la economía surcoreana. Aunque el pago en efectivo aleja el fantasma de una crisis de control, la cifra es tan astronómica que obligará a Chey a hacer encaje de bolillos financiero. Mientras, SK Hynix sigue cabalgando la ola de la IA, ajena al drama de alcoba de su cúpula.
El análisis de Salseo
- El verdadero riesgo para los inversores no era el divorcio en sí, sino que Chey se viera forzado a vender su participación en SK Inc. para pagar. Eso habría debilitado su control sobre SK Hynix justo cuando la empresa es un pilar estratégico en la cadena de suministro de IA. La decisión de pagar en efectivo elimina ese peligro inmediato, pero la presión financiera sobre Chey no desaparece.
- La disputa por la fecha de valoración refleja una tensión de fondo: ¿hasta qué punto el bum de la IA es mérito de la gestión de Chey o un viento de cola del mercado? El tribunal ha reconocido que la revalorización posterior a abril de 2024 se debe a su labor, lo que sienta un precedente curioso: en Corea del Sur, el éxito bursátil puede ser un arma de doble filo en un divorcio.
- A corto plazo, la resolución da certidumbre y evita un terremoto accionarial. Pero hay que vigilar cómo financia Chey los 640 millones: si recurre a deuda garantizada por sus acciones, cualquier problema de liquidez podría reactivar los temores de una venta forzosa en el futuro. La estabilidad del holding sigue dependiendo de la salud financiera personal de su presidente.
- El caso subraya el papel sistémico de SK Hynix: no es solo una empresa de chips, es el motor que ha inflado el valor de todo el grupo y, por extensión, de este divorcio. Para el inversor, es un recordatorio de que en los chaeboles, los líos de familia pueden tener consecuencias tan materiales como un mal trimestre de resultados.