Dos bandas en el debate sobre regular la IA: Trump y el jefe de NVIDIA contra OpenAI y Anthropic

La discusión sobre los riesgos de la inteligencia artificial ha partido en dos a Washington y Silicon Valley: unos piden frenar el desarrollo y otros, con Trump y el consejero delegado de NVIDIA a la cabeza, rechazan cualquier ley nueva.
El debate sobre la seguridad de la inteligencia artificial ha provocado un choque de alianzas imposible hace solo unos meses. Todo arrancó con la decisión de Jacob Coxon, investigador de Anthropic, que anunció la semana pasada que dejaba su trabajo porque, a su juicio, OpenAI y Anthropic están "jugando con nuestras vidas". A raíz de su mensaje, un responsable de alineación de la propia Anthropic respondió que existe más de un 10% de probabilidad de que la IA "mate a todos los humanos". El revuelo fue a más durante el fin de semana, cuando Dario Amodei, consejero delegado de Anthropic, pidió frenar el desarrollo de los modelos más punteros.
Sam Altman, al frente de OpenAI, se sumó enseguida a esa petición, un gesto poco habitual entre dos laboratorios que compiten directamente. Elon Musk, consejero delegado de Tesla y SpaceX, terció en la red social X con un "Dario tiene razón" y añadió que lleva "mucho tiempo dando la voz de alarma sobre la IA". El asunto saltó rápido a Washington, donde la discusión ya estaba caliente: cómo poner coto a unos riesgos crecientes sin ahogar la innovación tecnológica. La llamada a frenar ha unido a adversarios políticos improbables a favor de regular: el senador Bernie Sanders, el congresista republicano Chip Roy y el exestratega de la Casa Blanca Steve Bannon coincidieron el martes en un acto de una organización sin ánimo de lucro en Washington para pedir medidas.
Enfrente está el bando que lidera el presidente Donald Trump, con el consejero delegado de NVIDIA, Jensen Huang, y el exresponsable de cripto de la Casa Blanca David Sacks. Trump ha cargado con dureza contra quienes piden regular y contra los avisos de extinción: en varios mensajes en Truth Social esta semana calificó esos miedos de "bulo" y "estafa", y arremetió contra el rechazo vecinal a la construcción de centros de datos. El lunes llamó por teléfono durante una entrevista de Huang en el All-In Summit de Los Ángeles para llevar el mensaje directo al público tecnológico. Según recoge un vídeo difundido en redes, Trump dijo que quien se opone a levantar centros de datos "está jugando en favor de mucha gente que no quiere que esto ocurra", y apuntó a China. "Tiene razón", le respondió Huang. "No vamos a permitir que eso pase, señor". El secretario del Tesoro, Scott Bessent, aseguró el martes ante el comité de servicios financieros de la Cámara de Representantes que Trump está "completamente alineado" con Huang. Horas después, en el evento Dreamforce de Salesforce, Huang volvió a insistir: "No necesitamos leyes nuevas. No necesitamos regulaciones nuevas".
Otros miembros de la Administración han subido aún más el tono. Sacks, copresidente del Consejo de Asesores del Presidente en Ciencia y Tecnología, animó a los gigantes tecnológicos a "marcar el ritmo de la frontera" pero les pidió que "dejen de fingir que el motivo para frenar es puramente altruista". Emil Michael, subsecretario de Investigación e Ingeniería del Departamento de Guerra, fue más lejos en Fox News: "El alarmismo que vemos ahora es una campaña coordinada de un conjunto de personas e ideologías, y de las organizaciones sin ánimo de lucro que hay detrás, para asustar al público estadounidense". Parte del argumento oficial es que limitar la regulación es clave para ganar la carrera de la IA a China; el propio Trump resumió el domingo que "quien gane la IA, gana".
El presidente de la Cámara de Representantes, Mike Johnson, indicó el martes en rueda de prensa que Trump planea reunir a los líderes del sector de la IA en la Casa Blanca "en el plazo de una semana". Johnson también quitó hierro a los avisos apocalípticos: "Lo que dice el presidente es que no vais a estar todos muertos en 10 años. Eso es un bulo".
El análisis de Salseo
- Lo que de verdad se está discutiendo no es "frenar la IA" en abstracto, sino la velocidad a la que se construyen centros de datos, y eso es directamente la demanda de chips. Para NVIDIA, el viento político pesa tanto como su hoja de ruta tecnológica: si la Casa Blanca empuja a acelerar permisos y energía, el negocio tiene vía libre; si gana el bando del freno, el crecimiento del sector se topa con un límite que no depende de la tecnología.
- La alianza entre Amodei y Altman es la parte más llamativa: dos rivales directos que compiten por talento y capital coinciden en público en que su propia tecnología es peligrosa. Ese mensaje también funciona como barrera de entrada: si desarrollar modelos punteros se presenta como algo que exige cautela y control, los que ya están dentro ganan ventaja frente a los que quieren entrar.
- El titular se queda en el choque político, pero el detonante real del enfado de Trump son los vecinos que rechazan centros de datos por consumo de electricidad, agua o ruido. Ese es el cuello de botella tangible para el sector: no hace falta una ley nueva en Washington para frenar un proyecto, basta con que el permiso local se atasque. Merece la pena seguir los movimientos en los estados con más concentración de centros de datos.
- Todo esto se enmarca en la carrera con China, y ahí Trump ha sido explícito: "quien gane la IA, gana". Eso significa que las decisiones que de verdad pueden mover al sector son las de restricciones a la exportación de chips y el suministro eléctrico, más que el debate filosófico sobre la seguridad. Señal concreta a vigilar: qué sale de la reunión convocada en la Casa Blanca para la próxima semana y si se traduce en algo medible o se queda en una foto.