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Draganfly firma con Canadá y el mercado avisa: cotiza un 700% por encima de su valor

·NeutralImpacto medio

Draganfly se apunta un contrato de cinco años con el Gobierno canadiense para drones de vigilancia militar, pero su acción cotiza a 26 veces ventas y los modelos de valoración la sitúan muy por encima de lo que sugieren sus números.

Draganfly Inc (NASDAQ: DPRO), empresa canadiense especializada en drones comerciales y sistemas aéreos no tripulados, ha anunciado un contrato de cinco años con el Gobierno de Canadá para suministrar aeronaves no tripuladas y formación a sus fuerzas armadas. La noticia disparó la acción alrededor de un 6% antes de la apertura del mercado, un movimiento contenido si se compara con lo que suele provocar este tipo de anuncios en compañías pequeñas del sector defensa.

El acuerdo, en concreto, incluye la entrega de 100 sistemas aéreos no tripulados de inteligencia, vigilancia y reconocimiento táctico (ISR), además de estaciones de control en tierra y apoyo de formación. Lo interesante —y lo que explica el entusiasmo— es que el contrato contempla una opción para que el Gobierno adquiera hasta 4.900 sistemas adicionales, lo que podría elevar el valor total del acuerdo hasta los 24,25 millones de dólares canadienses, unos 17,5 millones de dólares. Para una empresa con unos ingresos anuales de apenas 6,53 millones de dólares, el encargo completo supondría más que duplicar su facturación, aunque de momento solo 100 unidades están firmes: el resto depende de que Canadá ejecute esa opción.

Aquí está el nudo de la historia. La acción cotiza a 26,19 veces sus ventas de los últimos doce meses, muy por encima de su mediana histórica de 8,16 en los últimos cinco años. Es decir, el mercado ya está pagando por un crecimiento que todavía no se ha visto en las cuentas: las ventas de la compañía han caído un 55,7% en tres años. Y como Draganfly sigue perdiendo dinero —pérdidas por acción de 0,78 dólares y un margen operativo negativo de en torno al 397%—, los múltiplos habituales basados en beneficios, como el PER, directamente no sirven para valorarla. GuruFocus estima que su valor razonable según su modelo (el llamado GF Value) está en 0,72 dólares, lo que implicaría que el precio actual está aproximadamente un 700% por encima. Conviene tomarlo como una señal de alerta direccional, no como un precio objetivo: la propia firma advierte de que ese cálculo se apoya en múltiplos históricos y previsiones de crecimiento, y con una empresa que no gana dinero la foto es especialmente inestable.

El retrato que dejan los indicadores de calidad es el de una compañía con dos caras. Su puntuación global (GF Score) es de 45 sobre 100, con una solidez financiera de 9 sobre 10: no tiene deuda (ratio deuda/patrimonio de cero) y su Altman Z-Score de 32,73 apunta a un riesgo de quiebra muy bajo, con liquidez de sobra. En el otro extremo, la nota de rentabilidad es de 1 sobre 10, la de valoración también de 1 y la de crecimiento se queda en 6. Traducido: el problema de Draganfly no es sobrevivir, es convertir ingresos en beneficios. Puede permitirse quemar caja varios años, pero eso no arregla un negocio que hoy pierde dinero con cada venta.

¿Y qué mira el inversor a partir de ahora? El contrato canadiense es algo más que un pedido: es un aval tecnológico en un momento en el que los gobiernos están reforzando sus capacidades de vigilancia y defensa con drones pequeños. Si Draganfly es capaz de encadenar contratos similares —especialmente si el Gobierno canadiense ejecuta la opción de las 4.900 unidades—, la narrativa de crecimiento empieza a tener base. Si, por el contrario, el pedido se queda en las 100 unidades iniciales y las ventas siguen bajando, la prima de valoración se queda sin argumentos. Como dato de contexto, ni los grandes fondos ni los directivos de la compañía han registrado compras o ventas de acciones en los últimos doce meses, así que tampoco hay señales internas que inviten a lanzar las campanas al vuelo.

El análisis de Salseo

  • El contrato suena a golpe grande, pero la parte firme son solo 100 drones: el grueso del valor (hasta 4.900 unidades más y 24,25 millones de dólares canadienses) es una opción que Canadá puede ejecutar o no. Por eso la acción sube un 6% y no un 30%: el mercado descuenta que un anuncio con opción no es un anuncio con pedido.
  • La contradicción que de verdad importa: las ventas han caído un 55,7% en tres años y aun así la empresa cotiza a 26 veces ventas, frente a una mediana histórica de 8,16. El precio ya paga por una recuperación que aún no aparece en las cuentas, así que cualquier trimestre flojo tiene mucho más recorrido a la baja que al alza. Un único pedido no cambia una tendencia de tres años.
  • Balance fuerte, negocio débil. Con deuda cero y un Altman Z-Score de 32,73, Draganfly no tiene riesgo de quedarse sin caja a corto plazo; el problema es el margen operativo negativo del 397%, que significa que hoy vender más también cuesta más. La prueba de fuego no es si sobrevive, sino si algún día convierte facturación en beneficios.
  • Señal concreta a vigilar: si el Gobierno canadiense amplía el pedido más allá de las 100 unidades iniciales y si llegan contratos internacionales similares. En paralelo, ni directivos ni grandes fondos han comprado o vendido acciones en doce meses: nadie de dentro está poniendo dinero propio en esta tesis.

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Fuente: GuruFocus