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Canadá elige a Draganfly para hasta 5.000 drones militares: 24,25 millones en opciones

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Canadá elige a Draganfly para hasta 5.000 drones militares: 24,25 millones en opciones

El Gobierno de Canadá adjudica a Draganfly un contrato de cinco años con un pedido firme de 100 drones tácticos de vigilancia y la opción de adquirir hasta 4.900 más, valorados en unos 24,25 millones de dólares canadienses.

El Gobierno de Canadá ha seleccionado a Draganfly para suministrar drones militares de vigilancia a las Fuerzas Armadas canadienses. El acuerdo, anunciado este 11 de septiembre de 2026, tiene una duración de cinco años y arranca con un pedido en firme de 100 sistemas aéreos no tripulados —los llamados UAS— de tipo ISR táctico de bajo coste, acompañados de estaciones de control en tierra, cargas útiles, enlaces de datos, equipos de apoyo, documentación, repuestos y formación. La compañía no ha desvelado el importe de esta parte inicial porque considera que el precio es información comercialmente sensible.

El plato fuerte del anuncio son las opciones: Canadá se reserva el derecho, a su entera discreción, de encargar hasta 4.900 sistemas adicionales. Si ejerciera todas, el total ascendería a 5.000 drones y esas opciones tienen un valor conjunto de aproximadamente 24,25 millones de dólares canadienses. Conviene subrayar que se trata de una opción, no de un pedido ya confirmado: cada ampliación requeriría su correspondiente autorización o modificación por escrito. El contrato también incluye la formación del primer grupo de personal de las fuerzas armadas, con opciones para más sesiones, y Draganfly dará soporte en entrega de sistemas, mantenimiento, repuestos, documentación y software.

¿Y qué es exactamente un dron ISR? La sigla responde a inteligencia, vigilancia y reconocimiento: aparatos no tripulados pensados para ver y escuchar el campo de batalla, no para lanzar misiles. La clave está en la palabra «bajo coste»: en los conflictos recientes este tipo de drones se usan casi como material fungible, se despliegan en grandes cantidades, se prueban sobre el terreno y se adaptan sobre la marcha según lo que piden los operadores. Ese es justo el enfoque de la Iniciativa de Drones de Defensa de Canadá (DDI), el programa con el que el país quiere acelerar el acceso a capacidades no tripuladas de desarrollo nacional. Draganfly ha sido aceptada recientemente como proveedor cualificado en las cinco categorías del mercado de la DDI, y este contrato es una compra posterior del Gobierno canadiense dentro de esa misma iniciativa.

«Esta adjudicación es un hito importante para Draganfly y una oportunidad significativa de apoyar a las Fuerzas Armadas canadienses con sistemas diseñados para ser desplegados, mantenidos y escalados en respuesta a necesidades operativas reales», ha declarado Cameron Chell, consejero delegado de la compañía, que ha subrayado que Canadá «se está moviendo rápido para reforzar sus capacidades de defensa soberanas y su base industrial doméstica». Draganfly, con sede en Calgary (Alberta) y más de 25 años de trayectoria, cotiza en el Nasdaq, en la bolsa canadiense CSE y en la alemana de Fráncfort bajo los tickers DPRO, DPRO y 3U8. Sus soluciones se han usado en seguridad pública, agricultura, inspección industrial o cartografía, y ahora el foco militar gana peso con la vista puesta en un ecosistema de defensa canadiense en plena expansión.

El análisis de Salseo

  • El titular se centra en los 5.000 drones, pero lo firme hoy son solo 100: los otros 4.900 son una opción que Canadá puede ejercer o no a su antojo, así que no se pueden contar como ingresos garantizados. La cifra que hay que seguir en los próximos trimestres es cuántos pedidos adicionales se van autorizando por escrito.
  • El precio de la parte inicial no se publica por ser «comercialmente sensible» y los sistemas se venden como «de bajo coste»: eso apunta a márgenes ajustados por unidad. Aquí el negocio de verdad no está en vender caro, sino en el volumen a lo largo de cinco años y en el negocio recurrente que va detrás: repuestos, sostenimiento, software y formación.
  • El trasfondo es político y de largo plazo: Canadá quiere depender menos de proveedores extranjeros y construir industria propia. Haber entrado como proveedor homologado en las cinco categorías del mercado de la DDI vale más como puerta abierta a futuras compras que este contrato en concreto, porque convierte a Draganfly en candidata habitual en los próximos concursos.
  • La otra cara: 24,25 millones de dólares canadienses en opciones no es una cifra descomunal para una compañía con 25 años de historia que cotiza en tres mercados, y en el segmento de drones baratos y prescindibles la competencia es feroz. Señal concreta a vigilar: cuántas opciones se convierten en pedidos reales y cómo se refleja eso en las cuentas trimestrales.

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