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EE.UU. estudia aranceles a chips, servidores, portátiles y consolas

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EE.UU. estudia aranceles a chips, servidores, portátiles y consolas

La Administración Trump estudia ampliar los aranceles a los semiconductores para cubrir también servidores, portátiles y hardware de videojuegos, según Politico. El plan está en fase inicial y podría cambiar en los próximos meses.

La Administración Trump está estudiando una nueva ronda de aranceles sobre los semiconductores que, esta vez, no se quedaría solo en los chips. Según desveló Politico este jueves, citando a ocho personas familiarizadas con el asunto, los gravámenes podrían ampliarse a los productos tecnológicos que se fabrican junto a los chips: portátiles, servidores para centros de datos y hardware para videojuegos.

Las medidas están todavía en una fase temprana y pueden sufrir cambios importantes en los próximos meses, pero el plan contempla, según el artículo, una implantación escalonada. La Casa Blanca no respondió de inmediato a la petición de comentarios de CNBC, aunque dijo a Politico que 'traer de vuelta a Estados Unidos la fabricación de semiconductores es una prioridad absoluta para el presidente Trump' y que sus políticas ya han asegurado inversiones de cientos de miles de millones de dólares en el sector.

El movimiento no llega de la nada. Ya existen aranceles sobre los semiconductores chinos, impuestos en la etapa de Joe Biden, y en enero la Administración Trump aplicó un arancel del 25% a ciertos chips de IA. El propio Trump adelantó el año pasado que quería estrenar nuevos gravámenes sobre chips y semiconductores, incluso mencionó la posibilidad de llegar a un arancel de aproximadamente el 100%, sin cargo para las empresas que fabriquen en suelo estadounidense. Esa promesa se quedó entonces en nada.

El contexto que da al plan más enjundia es la carrera por la infraestructura de IA entre Estados Unidos y China. A pesar de las fuertes restricciones a la exportación, hay informes de que empresas chinas han conseguido acceder a los chips de Nvidia. La vía principal, según los observadores del sector, son los proveedores de computación en la nube en el extranjero, que permiten a los modelos chinos de IA ganar capacidad de cómputo. En Washington ya se debate legislación para cerrar ese agujero, pero los expertos aseguran que todavía quedan obstáculos para que tenga efecto real.

Para el inversor, la clave está en la letra pequeña. Un arancel que se aplica al dispositivo completo, y no solo al chip, encarece los servidores y los portátiles, y ese sobrecoste acaba repercutiendo en los márgenes de los fabricantes y en el bolsillo del cliente final. Al estar en fase inicial, todo puede cambiar; la señal a vigilar es si el porcentaje final castiga de verdad el hardware ensamblado fuera de EE.UU. o si, como ha insinuado Trump, se convierte en una herramienta para empujar la producción a territorio estadounidense.

El análisis de Salseo

  • Esto no va solo de chips: si el arancel acaba aplicándose a servidores y portátiles, toda la cadena de la IA se enfrenta a un encarecimiento directo del hardware. El mecanismo es importante porque un impuesto sobre el producto terminado castiga a quien lo ensambla fuera de EE.UU. y empuja a las grandes tecnológicas a mover esa producción a territorio estadounidense.
  • La medida refleja una doble batalla: recuperar la fabricación de semiconductores en EE.UU. y frenar a China en la carrera de la IA. El problema de fondo es que las restricciones a la exportación de chips no sellan del todo la puerta si las empresas chinas acceden a cómputo avanzado a través de la nube desde el extranjero; los aranceles son otra herramienta para tapar ese agujero.
  • La señal concreta a vigilar es la letra pequeña: qué productos entran, qué porcentaje se aplica y si existe exención para quien fabrique en EE.UU. Trump ya habló de un arancel de aproximadamente el 100% que nunca se materializó, así que cualquier cifra que se filtre en los próximos meses moverá al sector.
  • Lectura contraria: el anuncio no es automáticamente una catástrofe. Si el diseño final premia la producción doméstica, las compañías con plantas o planes de fabricación en EE.UU. podrían ganar ventaja frente a las que dependen de Asia, y la fase temprana del plan deja margen para que la industria presione y rebaje la propuesta.

Empresas mencionadas

Fuente: CNBC