EE.UU. prohíbe los mejores chips de Nvidia para China, pero ahora busca cerrar un vacío legal clave

Empresas chinas de IA están accediendo a la potencia de cálculo de los chips más avanzados de Nvidia a través de centros de datos en el Sudeste Asiático, aprovechando un vacío en las restricciones de exportación. El Congreso de EE.UU. estudia una ley para regular el acceso remoto a la nube, pero el camino es incierto.
La guerra tecnológica entre Estados Unidos y China tiene un nuevo frente: el acceso remoto a los chips más potentes de Nvidia. Aunque Washington prohibió la exportación directa de sus semiconductores más avanzados (como los GB300) a China, varias empresas chinas de inteligencia artificial han encontrado una vía para sortear la prohibición: alquilar potencia de cálculo en centros de datos ubicados en Tailandia, Malasia o Japón, sin llegar a poseer físicamente los chips.
Según informa CNBC, la startup Moonshot AI habría entrenado su modelo Kimi K3 utilizando los chips GB300 de Nvidia a través de una instalación en Tailandia, apenas unos días antes de que un alto funcionario de la Casa Blanca lo denunciara públicamente. Otras grandes compañías como ByteDance (dueña de TikTok), Alibaba y Tencent también habrían recurrido a proveedores de nube en la región para acceder a esta capacidad de cómputo. El vacío legal es claro: las restricciones actuales controlan la propiedad física del chip, pero no el acceso remoto a su potencia.
Para cerrar esta brecha, la Cámara de Representantes de EE.UU. aprobó en enero la Ley de Seguridad de Acceso Remoto (RASA, por sus siglas en inglés), que otorgaría al gobierno la autoridad para regular el acceso en la nube a hardware y software críticos. Sin embargo, la ley aún debe ser aprobada por el Senado y, según los analistas, su implementación efectiva requeriría además una normativa específica de la Oficina de Industria y Seguridad (BIS), que podría tardar días o semanas en redactarse con el respaldo de la Casa Blanca.
El desafío no es solo legislativo, sino práctico. Los proveedores de nube, como el singapurense Aolani, tendrían que asumir la carga de verificar la identidad de sus clientes (procesos KYC) y garantizar que no están facilitando el acceso a entidades prohibidas. Además, los reguladores deberán definir qué tipo de cómputo queda cubierto, a quién se prohíbe el acceso y cómo hacer cumplir la norma sin ahogar la innovación. Mientras tanto, el auge de centros de datos en el Sudeste Asiático sigue imparable: se espera que la capacidad mundial se duplique para 2030, con decenas de megainstalaciones en construcción en Malasia, Indonesia y Tailandia.
El análisis de Salseo
- El verdadero talón de Aquiles de los controles de exportación no son los chips físicos, sino la nube. Mientras una empresa china no sea propietaria del hardware, puede alquilar su potencia de cálculo en un país aliado de EE.UU. sin violar la letra de la ley. Esto convierte la regulación actual en un colador.
- La aprobación de la RASA no es una solución inmediata: aunque dé al gobierno la autoridad para regular el acceso remoto, el BIS tendrá que redactar una norma concreta, y ahí surgen preguntas complejas: ¿cómo distinguir el uso legítimo del ilegítimo? ¿Cómo aplicar KYC a clientes en la nube sin ralentizar el negocio de los hyperscalers?
- Para Nvidia, el escenario es agridulce. Por un lado, la demanda de sus chips sigue siendo altísima (incluso desde China vía terceros), pero por otro, cualquier endurecimiento regulatorio podría reducir ese flujo de ingresos indirectos. Además, el debate político añade incertidumbre sobre la evolución de las ventas a largo plazo.
- El auge de centros de datos en el Sudeste Asiático no es casualidad: se está convirtiendo en la puerta trasera de la inteligencia artificial china. Si EE.UU. cierra este vacío, podría frenar el ritmo de mejora de los modelos chinos (como los de DeepSeek o Alibaba), pero también corre el riesgo de empujar a Pekín a acelerar su propia fabricación de chips, reduciendo la dependencia de Nvidia.