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La energía nuclear avanza con dos grandes programas federales en EE.UU.

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La energía nuclear avanza con dos grandes programas federales en EE.UU.

El Ejército estadounidense impulsa el Proyecto Janus para instalar microreactores en bases militares, mientras el programa Nuclear Energy Launch Pad suma 13 nuevos proyectos. El sector nuclear acelera con el respaldo del Gobierno.

Dos de los programas federales más relevantes para impulsar la energía nuclear avanzan a buen ritmo y muestran como el sector vive un momento de expansión acelerada. Por un lado, el Ejército de EE.UU. ha anunciado por fin el Proyecto Janus, que dará luz verde a cinco desarrolladores de reactores para instalar sus sistemas en bases militares. Por otro, el Nuclear Energy Launch Pad (NELP), un programa de investigación liderado por el Laboratorio Nacional de Idaho, ha incorporado 13 nuevos proyectos a su cartera de desarrollo, lo que eleva el total a 17 iniciativas que cubren prácticamente toda la cadena de valor nuclear.

El Proyecto Janus es una de las iniciativas más esperadas del Pentágono. Las cinco empresas seleccionadas son Antares Nuclear, BWX Technologies (BWXT), General Atomics, Radiant Industries y Westinghouse, que está participada en un 49% por Cameco Corp. Los reactores se desplegarán en varias bases del país, incluyendo ubicaciones en Kentucky, Texas y Nueva York. El Ejército prevé adjudicar hasta 2.200 millones de dólares entre los años fiscales 2027 y 2031, con capital privado complementario. El primer reactor debería estar operativo en septiembre de 2028, y a largo plazo se espera instalar más de 20 microreactores en instalaciones militares.

BWX Technologies jugará un papel destacado en el proyecto. La compañía desarrollará su reactor avanzado de gas, el BANR, de 20 megavatios, en Fort Campbell, Kentucky. BWXT lleva años trabajando con el Gobierno de EE.UU. en el suministro de combustible nuclear para programas del Departamento de Defensa, además de fabricar componentes para submarinos y portaaviones. Westinghouse, por su parte, desplegará su microreactor eVinci en Nueva York, un diseño que acaba de lograr un hito importante: su versión piloto alcanzó la criticidad inicial la semana pasada.

Mientras el Proyecto Janus se centra en que los desarrolladores avancen en sus diseños hacia la comercialización, el Nuclear Energy Launch Pad tiene un enfoque más amplio de investigación y desarrollo en toda la cadena de valor nuclear. Entre las nuevas incorporaciones figuran Oklo, que desarrolla reactores avanzados de sodio líquido y tecnologías de reciclaje de combustible, y Lightbridge, que trabaja en un combustible metálico avanzado para mejorar el rendimiento de las plantas nucleares comerciales existentes. El programa también da cabida a empresas más establecidas como Constellation Energy, que opera una flota de reactores, o la constructora Fluor, lo que permite a los inversores exponerse al sector sin asumir el riesgo de las startups que aún no generan ingresos.

El análisis de Salseo

  • El respaldo explícito del Gobierno de EE.UU. a la nuclear convierte al sector en una apuesta estratégica con financiación garantizada: los 2.200 millones del Proyecto Janus no son una cifra menor, pero lo realmente relevante es que el Ejército se convierte en cliente ancla, lo que reduce el riesgo comercial de los primeros despliegues y abre la puerta a que los reactores se abaraten en iteraciones posteriores.
  • BWXT no es solo un proveedor más: lleva décadas fabricando componentes nucleares para submarinos y portaaviones del Pentágono, y ahora se juega su credibilidad con el BANR en Fort Campbell. Su posición como contratista histórico le da una ventaja competitiva frente a las startups, pero también la obliga a cumplir los plazos de 2028 sin fallos de diseño.
  • El NELP y el Proyecto Janus cubren etapas distintas de la cadena de valor: mientras Janus financia a los reactores de primera y segunda generación para validar el diseño, el NELP investiga combustible, materiales y reciclaje. Esto significa que la apuesta nuclear no se queda en la tecnología de los reactores, sino en todo un ecosistema que sostendrá la industria durante décadas.
  • Hay que vigilar el calendario: el objetivo de tener un reactor operativo en septiembre de 2028 es ambicioso, y los retrasos en proyectos nucleares son la norma histórica. Si alguna de las empresas seleccionadas no cumple los hitos, podría reabrirse el concurso o retrasarse el despliegue, lo que penalizaría a las cotizadas implicadas. La lectura contraria al optimismo es que la ejecución manda, no el anuncio.

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Fuente: ETF Trends