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Ex-empleados de Groq demandan el acuerdo de 20.000 millones con Nvidia

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Ex-empleados de Groq demandan el acuerdo de 20.000 millones con Nvidia

Dos antiguos ingenieros de Groq llevan a los tribunales de Delaware el pacto de licencia de 20.000 millones con Nvidia, alegando que el consejo aprobó la operación sin el voto de los accionistas y a un precio demasiado bajo. Groq lo tacha de "sin fundamento".

El acuerdo de 20.000 millones de dólares entre Nvidia y Groq ha acabado en los tribunales. Dos ex ingenieros de esta startup de chips para inteligencia artificial, Joshua Rubin y Benjamin Serebrin, han presentado una demanda —registrada el 2 de octubre en el Tribunal de Cancillería del estado de Delaware— en la que sostienen que la operación "dejó fuera de juego" a los accionistas de la compañía, a los que se habría ofrecido un precio "a la baja". Los dos abandonaron Groq antes de que se anunciara el pacto con Nvidia, pero según el escrito seguían siendo accionistas de la empresa.

El acuerdo, anunciado en diciembre, no es una compra al uso: Groq firmó una licencia con Nvidia para su tecnología de inferencia, es decir, el proceso por el que un modelo de IA ya entrenado atiende las peticiones de los usuarios y donde se libra buena parte de la próxima batalla del sector. Con el pacto se marcharon a Nvidia el fundador y consejero delegado de Groq, Jonathan Ross, su presidente, Sunny Madra, y otros directivos, además de entre 150 y 200 ingenieros que pasaron a ser empleados del gigante de los chips, una compañía valorada en unos 5 billones de dólares. Groq asegura que sigue siendo una empresa independiente y que ha levantado alrededor de 1.000 millones de dólares desde junio, con Nvidia entre sus inversores.

La demanda entra al detalle de cómo se repartió ese dinero: Nvidia habría asignado 17.000 millones a una licencia etiquetada como "no exclusiva" y otros 3.000 millones en acciones restringidas de Nvidia para los empleados que se fueron con la tecnología. El escrito sostiene que los fondos de inversión que designaron a varios miembros del consejo de Groq se beneficiaron después de ese reparto, que una mayoría del consejo actuaba con conflicto de interés y que la operación se aprobó "sin el voto de los accionistas que exige la ley de Delaware". Groq lo tiene claro: "Nuestro acuerdo de licencia con NVIDIA aportó un valor excepcional a Groq, a nuestros inversores y a nuestros empleados", y califica la demanda de "sin fundamento", asegurando que se defenderá con firmeza. Nvidia no ha hecho comentarios por ahora, pero su consejero delegado, Jensen Huang, ya explicó a la plantilla que la idea es integrar los procesadores de baja latencia de Groq en la arquitectura de "fábricas de IA" de la compañía, y dejó claro que no estaban comprando Groq como empresa.

¿Por qué importa esto al inversor? Porque pone bajo la lupa una fórmula cada vez más habitual entre los gigantes tecnológicos: quedarse con el talento y la tecnología de una startup mediante una licencia, sin comprar la compañía. Para Nvidia, 20.000 millones son casi calderilla en relación con su tamaño, pero el movimiento le sirve para reforzar el flanco de la inferencia, el terreno donde más competencia se espera. El riesgo aquí no es una multa millonaria, sino el precedente: si los tribunales de Delaware empiezan a tumbar este tipo de estructuras por saltarse los derechos de los accionistas, muchas operaciones parecidas tendrán que replantearse.

El análisis de Salseo

  • La clave del caso no es el precio, sino la estructura: Nvidia no compró Groq, pagó por una licencia y se llevó a los ingenieros. Ese formato permite repartir el dinero sin someterlo al voto de los accionistas que exige Delaware, así que lo que se decide aquí es si esa fórmula sigue siendo válida para todo el sector tecnológico.
  • El objetivo real de Nvidia es la inferencia, no el entrenamiento: es donde más presión competitiva se espera (chips a medida, diseños alternativos) y Groq es conocida por procesadores de baja latencia. Para una empresa de 5 billones de dólares, este desembolso apenas mueve la cuenta de resultados; la señal a vigilar es si esos procesadores acaban de verdad dentro de productos de Nvidia o se quedan en un buen titular.
  • Los demandantes son dos ex empleados que se fueron antes del acuerdo, es decir, un grupo pequeño de minoritarios. Llama la atención que el propio escrito reconoce que los empleados que se quedaron recibieron 3.000 millones en acciones de Nvidia: la pregunta de fondo es si el consejo de Groq miraba por los accionistas o por los fondos que nombraron a sus miembros.
  • Ojo con el contexto: Delaware es el mismo tribunal que tumbó el paquete de Elon Musk en Tesla y es especialmente sensible a los casos de "consejo conflictivo sin voto de accionistas". La mayoría de estas demandas acaban en acuerdo o desestimación, pero una sentencia dura empujaría a más empresas a instalarse en Nevada o Texas, o a blindar estas operaciones con más pasos previos.

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Fuente: CNBC