Financiación

Dos exdirectivos de Google levantan 11,3 millones para invertir en IA que las empresas sí paguen

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Dos exdirectivos de Google levantan 11,3 millones para invertir en IA que las empresas sí paguen

BAG Ventures, fundada por una exvicepresidenta de Google y un exsocio de CapitalG, cierra un fondo de 11,3 millones de dólares con la tesis de que la era de experimentar con IA en las empresas se acaba y solo se pagará por resultados concretos.

Dos nombres con pasado en Google han cerrado un fondo de 11,3 millones de dólares para invertir en startups de inteligencia artificial en fase temprana. Se llama BAG Ventures y lo han fundado Bontia Stewart, que pasó 17 años en Google (casi una década como vicepresidenta) y que también formó parte del consejo de Gradient Ventures, el fondo de IA en etapa inicial de la compañía, y Jackson Georges Jr., exsocio de CapitalG, el fondo de crecimiento de Alphabet, que antes trabajó en GE Healthcare y en Google, donde conoció a Stewart. El fondo se ha cerrado después de unos dos años invirtiendo mientras se constituía, y el equipo espera desplegar el resto del dinero en los próximos dos años.

La tesis de Georges es que el comportamiento de las empresas está cambiando de forma profunda. Según él, la fase de "arenero experimental" con la IA se está agotando: las compañías ya no pagan por chatbots abiertos sin más, sino por soluciones deterministas, que hagan siempre lo mismo y con resultado predecible, integradas de lleno en sus procesos internos y que ejecuten trabajo real. Sus ejemplos: automatizar revisiones de código o analizar documentos legales. Y va un paso más allá: cree que las empresas dejarán de comprar licencias por usuario (el clásico pago por asiento en el software) y pasarán a comprar "trabajos terminados y resultados" generados por flujos de agentes de IA.

Con ese marco, BAG Ventures invierte en áreas como infraestructura de IA, cómputo, IA física y en el dispositivo (edge), seguridad, gobernanza y software vertical. Escribe cheques de entre 100.000 y 500.000 dólares y ya ha respaldado a 10 compañías, entre ellas la firma de software SXD, el agente de viajes con IA BizTrip y la plataforma de razonamiento agéntico Nomadic. A la hora de elegir busca equipos técnicos que ya hayan trabajado juntos, que tengan un producto mínimo viable y al menos un socio, y que vean una vía clara para empezar a facturar "en 24 horas". Además, huye de los productos que son solo una capa fina sobre el modelo de IA de otro: si el producto no se mete de lleno en los procesos del cliente ni captura datos propietarios que no se puedan rastrear por internet, su destino, dice, es desaparecer en cuanto salga la siguiente versión de un gran modelo. También le interesan las startups que venden a sectores muy regulados (menciona a su participada Defendremate) y las herramientas de gestión de identidades y accesos pensadas para "trabajadores" que no son humanos, es decir, agentes de IA, un hueco que considera enorme y muy rentable.

Su supuesta ventaja no es el dinero, sino el acceso. Los socios limitados (quienes ponen el capital) incluyen a Google y a operadores procedentes de Nvidia, Amazon y Snowflake, y en total el fondo reúne a más de 150 inversores de empresas muy diversas. La idea, según Georges, es que los fundadores no reciban solo capital, sino presentaciones directas con posibles clientes y consejo práctico sobre cómo vender. Antes de lanzar el fondo, ambos cofundaron el sindicato de inversores ángeles BAG Collective, con más de 450 miembros, y los dos formaron parte de la primera promoción del Black Venture Institute de Berkeley.

¿Por qué importa esto a un inversor de bolsa? Porque, más allá del tamaño del fondo, es un termómetro de hacia dónde va el gasto empresarial en IA. Si la predicción se cumple y las compañías dejan de pagar por usuario para pagar por trabajo terminado, el modelo de precios de buena parte del software cotizado queda en cuestión. Y hay un detalle nada glamuroso pero revelador: los grandes de la tecnología se sientan como inversores en estos fondos pequeños, lo que les da un mirador privilegiado sobre las startups que se construyen encima de sus propias plataformas.

El análisis de Salseo

  • Alphabet aparece a la vez como socio limitado del fondo y como uno de los grandes laboratorios que lanzan modelos de IA: gana si las startups del ecosistema despegan, pero también si el valor se concentra en la capa de los modelos. Es una forma barata de cubrirse en todas las capas del pastel en lugar de apostar por una sola.
  • El punto más incómodo del artículo es el cambio de modelo de cobro: pasar de licencias por usuario a cobrar por 'trabajo terminado'. Si eso se generaliza, las empresas de software cotizadas que facturan por asiento tendrían que rediseñar su modelo de precios, porque su ingreso dejaría de crecer automáticamente al sumar empleados en el cliente.
  • El propio fondo avisa de que una startup que sea solo una capa fina sobre el modelo de otro está condenada: cada nuevo lanzamiento de un gran laboratorio puede borrar esa capa de un plumazo. La señal a vigilar es cada anuncio de producto empresarial de los grandes laboratorios, porque marca qué negocios de software intermedio se quedan sin defensa.
  • Con cheques de 100.000 a 500.000 dólares y un fondo de 11,3 millones, esto no mueve ninguna cotización. Su valor real es de indicador: dinero inteligente colocándose en gobernanza de IA, seguridad para agentes no humanos y gestión de identidades para máquinas, nichos que antes no existían y que pueden acabar siendo categorías de gasto obligatorio en las empresas.

Empresas mencionadas

Fuente: TechCrunch