Financiación

Fluxnium capta 7 millones para extraer uranio del agua de mar con Constellation como inversor

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Fluxnium capta 7 millones para extraer uranio del agua de mar con Constellation como inversor

La startup Fluxnium cierra una ronda semilla de 7 millones de dólares para sacar uranio del océano mediante una fibra que lo adsorbe de forma pasiva, con el brazo inversor de Constellation Energy entre los participantes.

Fluxnium, Inc., compañía con sede en Los Ángeles, ha anunciado una ronda semilla de 7 millones de dólares liderada por el fondo Congruent Ventures, en la que también participan Constellation Technology Ventures —el brazo de inversión en startups de Constellation Energy, que cotiza en el Nasdaq bajo el ticker CEG y se presenta como el mayor productor de energía limpia y libre de carbono de Estados Unidos— y Active Impact Investments, el mayor fondo semilla canadiense especializado en tecnología climática. El dinero irá destinado a seguir desarrollando su plataforma tecnológica, a las pruebas piloto y al escalado del proyecto.

¿Qué hace exactamente Fluxnium? Su idea parte de un dato llamativo: la mayor reserva de uranio del planeta no está bajo tierra, sino disuelta en el océano. El agua del mar alberga uranio suficiente para abastecer al mercado mundial durante siglos, aproximadamente mil veces más que todos los yacimientos terrestres conocidos juntos. El problema es que está en concentraciones muy bajas. Para capturarlo, la empresa ha desarrollado con un laboratorio nacional estadounidense una fibra de gran superficie que adsorbe el uranio de forma pasiva, simplemente al paso del agua. Esa fibra se despliega en sistemas de línea larga en mar abierto —la misma infraestructura marina que ya usan las granjas de algas y mejillones—, se recoge, se procesa y se vuelve a desplegar.

El contexto explica el interés: según la propia compañía, Estados Unidos importa más de 90% del uranio que consume, en un momento en el que la energía nuclear vuelve a mirarse con buenos ojos por el crecimiento de la demanda eléctrica. Tom Boddez, de Active Impact Investments, señala que la generación nuclear global podría multiplicarse por 2,5 en los próximos 15 años. La promesa de Fluxnium es producir uranio a un coste que, según sus proyecciones, podría competir con la minería convencional, y sin los residuos mineros ni los problemas de aguas subterráneas asociados a esta. Además, crecer no exigiría abrir una mina nueva —con los años de permisos y la inversión que eso conlleva—, sino desplegar más fibra.

Para Constellation, la operación es una apuesta de su vehículo de capital riesgo por una tecnología que podría ampliar las opciones de suministro de combustible en el futuro. Jason Murphy, vicepresidente de Combustibles Nucleares de la compañía, lo enmarca en la investigación de nuevas fuentes domésticas de uranio. Eso sí, la propia Constellation Technology Ventures aclara en el comunicado que su participación es una inversión de venture capital en el desarrollo de la tecnología y que, por ahora, no supone ningún compromiso de compra de combustible. Es decir: interés estratégico, sí; contrato firmado, no.

El análisis de Salseo

  • Para Constellation esta operación es una apuesta pequeña y de largo plazo: una ronda semilla de 7 millones es calderilla en el mundo nuclear, donde un proyecto convencional mueve cientos de millones. La propia compañía aclara que no es un compromiso de compra de combustible, así que hoy no cambia ni sus cuentas ni su suministro: es una opción de futuro, no una solución actual.
  • El mecanismo es lo interesante: si la fibra adsorbe uranio de forma pasiva, crecer no depende de abrir una mina nueva (años de permisos, capital enorme y conflicto social), sino de poner más fibra en el agua. Eso ataca justo el cuello de botella más lento del negocio minero. El riesgo es la otra cara: el uranio marino está muy diluido y el coste competitivo está 'proyectado', no demostrado a escala comercial.
  • La señal concreta a vigilar son los resultados del pilotaje y el escalado. Si Fluxnium consigue acercarse a los costes de la minería tradicional en pruebas reales, el mapa del suministro de uranio a 10-15 años podría empezar a cambiar; si se queda en fase de laboratorio, será un titular más de tecnología climática. Conviene seguir también si algún operador nuclear convierte el interés en un contrato de compra firme.
  • El matiz que el titular no cuenta: Estados Unidos seguirá dependiendo del uranio importado durante años, y el mercado global se sostiene sobre minas en países como Kazajistán, Canadá o Australia. Que una gran eléctrica ponga dinero en una idea no la convierte en competencia real de la minería a corto plazo; es una semilla, nunca mejor dicho, no un cambio de mercado.

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Fuente: PRNewsWire