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«Frena los cohetes»: un inversor pide cautela con SpaceX pese a su potencial

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«Frena los cohetes»: un inversor pide cautela con SpaceX pese a su potencial

La acción de SpaceX cotiza un 33% por debajo de su máximo de junio y cerca de su precio de salida a bolsa, pero su valoración de 1,86 billones de dólares sigue siendo muy exigente. Un inversor conocido por su seguimiento de Tesla pide calma hasta que Starship demuestre que funciona.

La acción de SpaceX (SPCX) no vive su mejor momento: cotiza alrededor de un 33% por debajo de su máximo de junio y ronda los 135 dólares de su precio de salida a bolsa. Aun así, su valoración de 1,86 billones de dólares sigue siendo astronómica, y hay quien piensa que los inversores están pagando una prima descomunal por las expectativas de crecimiento. Es el caso de Bruno Montoya Amador, un inversor que ya aplicaba el mismo argumento a Tesla: el llamado «Musk Premium», la disposición del mercado a poner precio al historial de Elon Musk, a su capacidad para atraer talento y a su ambición de emprender proyectos enormes. Como muestra de esa confianza institucional, el fondo de la Universidad de Harvard tiene a SpaceX como su mayor posición en renta variable estadounidense, con 2.200 millones de dólares.

Para Montoya Amador, el factor que más pesa en la historia de SpaceX es Starship. La compañía realizó 165 lanzamientos de Falcon 9 en 2025 y otros 78 en el primer semestre de 2026, y la mayoría sirvieron para desplegar sus propios satélites Starlink. El inversor subraya un detalle contable importante: el coste de esos lanzamientos se añade en gran parte al valor de los satélites en el balance y se reconoce como depreciación con el paso del tiempo. Es decir, los costes reportados de Starlink no reflejan de inmediato todo el gasto de poner los satélites en órbita. De hecho, estima que el lanzamiento puede suponer más del 80% del coste de los satélites que se están depreciando.

Ahí entra Starship. El Falcon 9 no puede desplegar de forma eficiente algunos de los satélites de nueva generación de SpaceX, mientras que Starship está diseñado para ser totalmente reutilizable y capaz de llevar más de 100 toneladas a órbita baja terrestre, frente a las 23 toneladas del Falcon 9. Si Starship consigue volar con frecuencia, los costes de lanzamiento podrían caer con fuerza y los nuevos satélites, con una vida útil más larga, también reducirían la depreciación. El problema es que Starship todavía no ha demostrado que pueda alcanzar la órbita de forma fiable y transportar carga, así que los inversores tienen muy pocos datos reales con los que trabajar. Montoya Amador espera que los retrasos sigan siendo un lastre para la acción.

Mientras tanto, Starlink sigue siendo el motor de ingresos de la compañía y aporta alrededor del 62% de la facturación total. Los ingresos por conectividad subieron un 66% interanual en el segundo trimestre, con el crecimiento de suscriptores más que compensando la caída del ingreso medio por usuario. Al inversor le interesa especialmente la apuesta por la conectividad directa al móvil, que ve como potencialmente transformadora. SpaceX ya trabaja con operadores móviles en unos 30 países y planea desplegar los satélites V2 Mobile en 2027, aunque los derechos de espectro y las aprobaciones regulatorias siguen siendo un desafío. La inteligencia artificial es otra pata de crecimiento: los ingresos de ese segmento se dispararon un 247% interanual en el segundo trimestre, al empezar a ofrecer capacidad de cómputo a empresas como Anthropic y Google. Pero exige un enorme gasto de capital, está expuesta al coste de las GPU (las unidades de procesamiento gráfico necesarias para la IA) y depende de unos pocos clientes grandes. Montoya Amador tampoco cree que los centros de datos en el espacio vayan a ser viables pronto, porque los costes de lanzamiento siguen siendo demasiado altos.

En resumen, Montoya Amador ve un potencial enorme, pero cree que todavía es pronto para poner un valor fiable a muchas de las ambiciones de SpaceX. Para él, la clave sigue siendo Starship: unos costes de lanzamiento más bajos podrían desbloquear la conectividad móvil, nuevas constelaciones de satélites y, quizá, la computación espacial. Hasta que eso ocurra, mantiene una recomendación de mantener (Hold, es decir, neutral) sobre el valor. En Wall Street, cinco analistas también se mantienen al margen, mientras que otros 24 recomiendan comprar y 3 vender, lo que arroja un consenso de compra moderada. El precio objetivo medio de 232,35 dólares implica un potencial de retorno del 69,5% en doce meses.

El análisis de Salseo

  • El «Musk Premium» funciona como una espada de doble filo: el mercado descuenta el historial de Elon Musk, pero eso también significa que cualquier retraso en Starship puede castigar la acción con más dureza, porque la valoración ya incluye mucha ambición.
  • El detalle contable de Starlink es clave: al capitalizar los lanzamientos como parte del valor de los satélites, el gasto real se difiere. Si Starship reduce el coste por kilo y alarga la vida útil de los satélites, la depreciación caería y el margen de Starlink podría mejorar de forma estructural.
  • La caída del ingreso medio por usuario en Starlink es la señal a vigilar: el crecimiento de suscriptores lo compensa hoy, pero si la competencia aprieta, la ecuación puede invertirse. La conectividad directa al móvil y los satélites V2 Mobile en 2027 son la gran apuesta, con el espectro y la regulación como riesgos concretos.
  • El negocio de IA crece a triple dígito, pero es intensivo en capital y depende de unos pocos clientes como Anthropic y Google. Si el gasto en GPU sube o esos clientes diversifican, el crecimiento podría enfriarse; además, los centros de datos espaciales son por ahora más humo que realidad.

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Fuente: TipRanks