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La Fuerza Aérea de EE.UU. alarga la vida del B-1B y el B-2 hasta finales de los 2030

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La Fuerza Aérea de EE.UU. alarga la vida del B-1B y el B-2 hasta finales de los 2030

El Pentágono invertirá 1.700 millones de dólares para modernizar sus bombarderos B-1B Lancer y B-2 Spirit, retrasando su retirada prevista ante la llegada del nuevo B-21 Raider. Las lecciones de la campaña contra Irán demuestran que estos veteranos aún tienen mucho que ofrecer.

La Fuerza Aérea de Estados Unidos ha decidido dar marcha atrás en sus planes de jubilar anticipadamente a dos de sus bombarderos más icónicos. Aunque la llegada del moderno B-21 Raider de Northrop Grumman parecía que iba a mandar al desguace a los veteranos B-1B Lancer y B-2 Spirit, el Pentágono ha anunciado una inversión de hasta 1.700 millones de dólares para modernizarlos y mantenerlos en servicio hasta bien entrada la década de 2030.

La experiencia acumulada en la Operación Furia Épica, la campaña aérea contra Irán, ha sido clave en este cambio de estrategia. Tanto el B-1B como el B-2 demostraron ser plataformas de combate plenamente capaces. Los B-2 realizaron misiones de ida y vuelta desde Estados Unidos continentales, con vuelos de más de 37 horas, mientras que los B-1B y los B-52 atacaron objetivos en Irán desde bases en Reino Unido. Estas operaciones evidenciaron que retirarlos prematuramente sería un error.

De los 1.700 millones, unos 342 millones se destinarán a modernizar los 45 B-1B que permanecen en servicio activo, repartidos entre las bases de Ellsworth (Dakota del Sur) y Dyess (Texas). El objetivo es garantizar su letalidad y relevancia hasta 2037. Los 1.350 millones restantes irán a la flota de 19 B-2 Spirit, con base en Whiteman (Misuri), para mantenerlos operativos durante el mismo periodo. Ambos programas de actualización se desarrollarán entre 2027 y 2031.

El B-1B, aunque carece de capacidad furtiva, es el bombardero más rápido de la flota estadounidense y el que mayor carga útil puede transportar: hasta 34.000 kilos en bombas de diversos tipos. En los ataques contra Irán, empleó municiones guiadas de precisión y bombas penetrantes para destruir infraestructura de misiles. Por su parte, el B-2 sigue siendo el único avión certificado para portar la GBU-57 Massive Ordnance Penetrator, una bomba de 13.600 kilos capaz de destruir instalaciones nucleares subterráneas, como se demostró en la Operación Martillo de Medianoche contra las instalaciones nucleares iraníes.

La decisión también responde a una cuestión de números. Los planes actuales contemplan la adquisición de unos 100 B-21, pero muchos mandos creen que harán falta al menos 145, o incluso más de 200, para cubrir las necesidades estratégicas a largo plazo. Mientras la producción del Raider no alcance un ritmo suficiente, mantener los B-1 y B-2 es una forma de evitar quedarse corto de capacidad de bombardeo de largo alcance. Como señaló un experto, "el B-2 es el único bombardero furtivo plenamente operativo que tenemos, y la capacidad de ataque de penetración de largo alcance es una de las carencias más significativas de nuestras fuerzas armadas".

El análisis de Salseo

  • La inversión en modernización sugiere que los retrasos o limitaciones en la producción del B-21 Raider son más serios de lo que se admitía públicamente. Si el Pentágono gasta 1.700 millones en mantener aviones de los 80 y 90, es porque no confía en tener suficientes Raiders a corto plazo.
  • Para empresas como AeroVironment, especializada en sistemas no tripulados y municiones merodeadoras, esta noticia es un arma de doble filo. Por un lado, la extensión de la vida de los bombarderos tripulados podría retrasar la inversión en nuevas capacidades autónomas. Por otro, la necesidad de modernizar sensores y sistemas de comunicación en estos aviones podría abrir oportunidades para sus tecnologías.
  • El factor geopolítico es clave: la experiencia en Irán ha demostrado que los conflictos reales exigen una combinación de capacidades que los planificadores teóricos no siempre anticipan. La capacidad del B-2 para portar la bomba GBU-57, que el B-21 solo puede llevar de una en una, es un ejemplo de cómo una ventaja técnica específica puede alargar la vida de una plataforma décadas.
  • A largo plazo, esta decisión podría retrasar la transición hacia una fuerza de bombarderos totalmente furtiva y más automatizada, lo que afecta las proyecciones de gasto en nuevos programas. Conviene vigilar si el presupuesto de defensa empieza a priorizar sostenimiento frente a modernización, un cambio que beneficiaría a contratistas de mantenimiento y actualización más que a los de nuevos desarrollos.

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Fuente: Forbes