Goldman Sachs avisa: el trade HALO entra en una fase más dura y selectiva

El banco de inversión cree que la apuesta por empresas con activos pesados y baja obsolescencia frente a la IA ya no será tan fácil: ahora toca demostrar beneficios.
A principios de año, cuando el miedo a que la inteligencia artificial se comiera el mundo empezaba a calar entre los inversores, Josh Brown, CEO de Ritholtz Wealth Management, lanzó una idea que hizo fortuna: el trade HALO. Las siglas vienen de 'heavy assets, low obsolescence', es decir, empresas con activos pesados y baja obsolescencia. La tesis es sencilla: hay negocios que, por su propia naturaleza, son muy difíciles de replicar por un software o un algoritmo. Una refinería, una red eléctrica o un puerto no se pueden 'desinstalar' y sustituir por una app.
Esa apuesta ha funcionado bien hasta ahora. Según un equipo de estrategas de Goldman Sachs, las empresas que encajan en ese perfil han aguantado el tirón y han ofrecido rentabilidades sólidas en un entorno donde la disrupción tecnológica asustaba. Pero el banco de inversión avisa de que el juego está cambiando. En una nota a clientes, los estrategas explican que el trade HALO está entrando en una segunda fase, y que esta será más complicada.
¿Qué significa eso? Pues que ya no basta con ser una empresa difícil de reemplazar. Hasta ahora, el simple hecho de tener activos físicos valiosos y un negocio estable ha servido de escudo. Pero en esta nueva etapa, los inversores van a exigir algo más: resultados. Las compañías tendrán que demostrar que son capaces de generar beneficios crecientes y de mantener sus márgenes, incluso cuando la economía se ralentice o cuando la IA empiece a comerse parte del pastel en sectores adyacentes.
Goldman Sachs no da una lista cerrada de ganadores, pero sí deja claro que la selección será clave. Ya no valdrá comprar cualquier empresa con activos pesados y esperar que suba. Habrá que separar el grano de la paja. Algunas compañías, como Shell, aparecen mencionadas como ejemplos de nombres que podrían destacar en este entorno más exigente. La petrolera, con sus infraestructuras físicas y su capacidad de generar caja, encaja bien en el perfil HALO, pero ahora tendrá que demostrar que puede mantener su rentabilidad incluso si los precios del crudo no acompañan.
En resumen, el trade HALO no ha muerto, pero se ha vuelto más sofisticado. Los inversores que quieran seguir jugando esta carta tendrán que mirar más allá del balance y fijarse en la capacidad real de cada empresa para generar beneficios en un mundo donde la IA avanza rápido. La fase fácil ha terminado.
El análisis de Salseo
- El cambio de fase que describe Goldman Sachs es una llamada de atención: el mercado ya no premiará solo la 'inmunidad' a la IA, sino la capacidad de convertir esa ventaja en beneficios tangibles. Es el paso de una tesis defensiva a una tesis de calidad.
- Que un banco como Goldman Sachs ponga el foco en la selección dentro del trade HALO sugiere que la dispersión de rentabilidades entre estas empresas va a aumentar. Los inversores tendrán que vigilar métricas como el crecimiento del flujo de caja libre y la evolución de los márgenes, no solo el valor de los activos.
- La mención a Shell como ejemplo no es casual: las energéticas con infraestructuras físicas son un exponente clásico de activos pesados, pero su rentabilidad depende de los precios de las materias primas. Si el crudo cae, ni siquiera una refinería es inmune. Esa tensión entre activos duros y ciclo económico será clave en esta segunda fase.
- El riesgo para el inversor particular es quedarse con la etiqueta HALO y comprar cualquier empresa que parezca encajar, sin analizar su capacidad real de generar beneficios. La advertencia de Goldman es, en el fondo, un aviso contra la complacencia.