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Goldman ve intacto el 'boom' de los centros de datos en EE. UU. pese al rechazo local

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Goldman ve intacto el 'boom' de los centros de datos en EE. UU. pese al rechazo local

El banco Goldman Sachs sostiene que la creciente oposición política a los centros de datos en Estados Unidos apenas frena su expansión a corto plazo y mantiene prácticamente intactas sus previsiones de crecimiento hasta 2027.

Goldman Sachs ha salido al paso del ruido político que rodea a los centros de datos en Estados Unidos con un mensaje tranquilizador: la creciente oposición a estas instalaciones tiene un impacto limitado en el corto plazo y su previsión de crecimiento del sector hasta 2027 sigue prácticamente intacta. Es decir, el banco no ve en las protestas y los bloqueos locales una amenaza capaz de descarrilar el despliegue que se está viviendo en el país.

Conviene recordar qué es lo que está en juego. Un centro de datos es, en esencia, una nave repleta de servidores que se pasan el día procesando información. Son la infraestructura física sobre la que se apoya toda la inteligencia artificial: sin estas instalaciones, no hay modelos que se entrenen ni respuestas que se generen en segundos. Su multiplicación en los últimos años responde directamente al tirón de la IA, que exige muchísima capacidad de cálculo y, por tanto, cada vez más metros cuadrados y más energía.

El problema es que estas instalaciones consumen electricidad a espuertas y también agua para refrigerarse, ocupan grandes extensiones de suelo y generan bastante ruido, pero relativamente pocos empleos para el tamaño de la inversión. Eso ha encendido a vecinos y ayuntamientos de distintas zonas del país, que empiezan a organizarse para frenar o retrasar permisos. Es una resistencia local, dispersa y que se libra pueblo a pueblo, no una norma federal que apague el sector de un día para otro.

De ahí la conclusión de Goldman: el golpe a corto plazo es acotado. La demanda de capacidad de cómputo para IA sigue siendo tan fuerte que los promotores tienen margen para llevar sus proyectos a estados y condados más receptivos, y el calendario de expansión apenas se resiente. Dicho esto, el asunto merece seguimiento: si el malestar por el precio de la luz o por el uso de recursos hídricos escala del ámbito local al estatal, la historia podría cambiar y con ella las cuentas de toda la cadena que vive de esta infraestructura.

El análisis de Salseo

  • El cuello de botella real de los centros de datos no suele ser el permiso, sino la electricidad: conseguir conexión a la red y contratos de suministro a largo plazo lleva más tiempo que convencer a un ayuntamiento. Por eso Goldman resta importancia al rechazo vecinal: aunque un proyecto se retrase o se mueva de condado, la demanda de cómputo sigue ahí y esperando.
  • La oposición es local y fragmentada, lo que la hace muy desigual por territorios. El efecto práctico no es que se dejen de construir centros de datos, sino que cambian de sitio: gana peso el mapa de estados con energía barata y normativa amable, y eso altera qué compañías eléctricas, constructoras y proveedores de refrigeración salen beneficiados.
  • Ojo a la lectura contraria: que el banco diga que a corto plazo no pasa nada no elimina el riesgo a medio plazo. Si la carga de los centros de datos acaba trasladándose a la factura de la luz de los hogares, el asunto puede politizarse a nivel estatal o federal, y ahí es donde una protesta vecinal se convertiría en un problema serio para el sector.
  • Señal concreta que vigilar: no tanto el titular de la protesta, sino el volumen de proyectos anunciados que efectivamente llegan a construirse y los resultados de las utilities y empresas de infraestructura expuestas a esta demanda. Si los anuncios de capacidad siguen batiendo récords mientras las protestas crecen, la tesis de Goldman se confirma; si empiezan a cancelarse proyectos, la historia cambia.

Empresas mencionadas

Fuente: Reuters