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Google DeepMind cambia de líder: Hassabis se aparta y la división pierde su alma independiente

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Google DeepMind cambia de líder: Hassabis se aparta y la división pierde su alma independiente

El cofundador de DeepMind, Demis Hassabis, deja la dirección ejecutiva para ser presidente y científico jefe de Alphabet. El movimiento confirma que la antigua startup británica ya es una pieza más del engranaje comercial de Google, con la presión de rentabilizar la enorme inversión en IA.

Cuando Demis Hassabis dijo hace un mes que la inteligencia artificial había llevado al mundo a un «momento crucial en la historia de la humanidad», ya sabía que otro cambio importante estaba al caer. Esta semana, el ganador del Nobel de Química anunció que deja sus funciones diarias como consejero delegado de Google DeepMind para convertirse en presidente de la división y científico jefe de Alphabet, la matriz de Google. Su mano derecha, el estadounidense Koray Kavukcuoglu, asumirá el mando con el cargo de vicepresidente sénior, pero sin el título de CEO.

El movimiento tiene una lectura clara para los conocedores de la casa: la era de DeepMind como entidad independiente se ha terminado. Un antiguo ejecutivo de Google lo resume sin paños calientes: «Has pasado de un líder fundador carismático a nombrar a Koray en un puesto sin título de CEO. Koray es un perfil técnico, no una figura inspiradora como Demis». La fusión hace tres años de los dos laboratorios de IA de Google —DeepMind en Londres y Google Brain en California— bajo el paraguas de Hassabis ya apuntaba en esa dirección, pero ahora el control parece regresar definitivamente a Mountain View, donde el cofundador de Google, Sergey Brin, está ganando peso en el desarrollo de la inteligencia artificial.

El cambio de guardia llega en un momento delicado. Los últimos modelos de la serie Gemini, la apuesta estrella de Google en IA generativa, están perdiendo terreno frente a rivales como Anthropic y OpenAI, especialmente en la capacidad de escribir código, una habilidad muy valorada por los desarrolladores. De hecho, el esperado Gemini 3.5 Pro aún no ha visto la luz y se habla de retrasos porque Google quiere mejorar precisamente esa faceta. La presión comercial es máxima: todas las grandes tecnológicas necesitan demostrar que los cientos de miles de millones invertidos en IA tendrán retorno.

Dentro de DeepMind, el ambiente tampoco es de celebración. Varios empleados consultados por The Guardian hablan de malestar por los contratos con el Pentágono y el temor a que la tecnología acabe en sistemas de armas autónomas. Una exempleada ha llevado a Google a los tribunales por despido improcedente relacionado con sus opiniones sobre Gaza, y otro trabajador dimitió en julio citando los vínculos con el Departamento de Defensa de Estados Unidos. Para algunos, la marcha de Hassabis es «el fin de una era» y la prueba de que la empresa que presumía de credenciales éticas es ya «una subdivisión más de Google».

En lo comercial, Google aún guarda un as en la manga: la capacidad de integrar sus modelos de IA con productos masivos como el buscador, YouTube o su plataforma en la nube. Y tiene músculo financiero de sobra para seguir invirtiendo, con unos beneficios netos de 132.000 millones de dólares el año pasado. Pero la reestructuración deja una certeza: la agenda científica que guiaba estos laboratorios ha dado paso a la fría realidad comercial. Como sentencia el antiguo ejecutivo, «esto es una señal clarísima de que todas estas empresas quieren recuperar el dinero invertido en IA».

El análisis de Salseo

  • El ascenso de Kavukcuoglu sin el título de CEO es una señal corporativa potente: DeepMind deja de ser tratada como una joya independiente y se convierte en una línea de negocio más de Alphabet, con menos autonomía y más presión por generar ingresos.
  • La salida de Hassabis del día a día refleja una tensión de fondo en la industria: el choque entre la investigación científica a largo plazo y la urgencia por monetizar la IA. No es un caso aislado; ya vimos movimientos similares con Yann LeCun en Meta o Geoffrey Hinton en Google.
  • El retraso de Gemini 3.5 Pro y la pérdida de terreno frente a Anthropic y OpenAI en generación de código son la señal concreta a vigilar. Si Google no logra acortar distancias en los próximos meses, la brecha competitiva podría ampliarse justo cuando el mercado exige resultados.
  • El malestar interno por los contratos militares añade un riesgo reputacional y de talento. Si la fuga de investigadores se acelera, el músculo financiero de Google podría no ser suficiente para mantener el liderazgo en innovación.

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Fuente: The Guardian