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Google lanza un satélite para comprobar si la IA puede funcionar en el espacio

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Google lanza un satélite para comprobar si la IA puede funcionar en el espacio

Google pone en órbita un prototipo con cuatro de sus chips de inteligencia artificial a bordo de un cohete de SpaceX. El experimento durará un año y busca comprobar si los centros de datos pueden operar fuera de la Tierra.

Google ha dado el primer paso para averiguar si los centros de datos pueden instalarse en el espacio. La compañía ha puesto en órbita un satélite prototipo que lleva a bordo cuatro de sus chips de inteligencia artificial, conocidos como Tensor Processing Units (TPU). El lanzamiento lo llevó a cabo SpaceX el jueves desde California, poco después de las 11:30 de la mañana hora local, y el satélite viajaba junto a otras cargas dentro del mismo cohete.

Conviene aclarar qué es un TPU: un chip diseñado específicamente para hacer los cálculos que exige la inteligencia artificial, en lugar de un procesador de propósito general como el que llevan los ordenadores de casa. Google los utiliza en sus propios centros de datos, así que la pregunta que se hace ahora es si esos mismos chips son capaces de trabajar en órbita. Y ahí las condiciones no se parecen en nada a las de una sala de servidores en tierra: radiación, cambios bruscos de temperatura y la imposibilidad de mandar a un técnico a cambiar una pieza averiada.

El experimento está planteado para durar un año. Durante ese tiempo, Google comprobará si los TPU sobreviven y siguen funcionando ahí arriba, un requisito previo para cualquier idea de montar capacidad de computación fuera de la Tierra. El prototipo es deliberadamente pequeño: cuatro chips no son un centro de datos, son una prueba de concepto para ver si el concepto se sostiene.

El interés de fondo lleva años rondando en el sector y apunta a un recurso que en tierra es cada vez más caro de asegurar: energía solar disponible de forma prácticamente continua, sin depender de la red eléctrica. A cambio, el espacio impone sus propias dificultades, porque enviar hardware hasta ahí arriba cuesta muchísimo y disipar el calor que generan los chips en el vacío no es nada sencillo.

Para el inversor particular, esto es más una señal de hacia dónde mira la industria que un negocio tangible a corto plazo. Es investigación y desarrollo en fase muy temprana, sin cifras de inversión ni plazos comerciales anunciados, y con un único satélite en juego. La pregunta que de verdad importa —si la computación en órbita puede competir en coste con la de tierra— tardará bastante en tener respuesta.

El análisis de Salseo

  • Es un experimento, no un producto: cuatro chips son una muestra mínima y el plazo es de un año. La clave está en si aguantan radiación y temperaturas extremas sin fallar; solo si eso se cumple tiene sentido hablar de centros de datos espaciales.
  • El cuello de botella que persigue Google no es el chip, es la infraestructura. Los grandes centros de datos consumen cantidades crecientes de energía y refrigeración, y el espacio ofrece sol casi permanente, pero a cambio de dos problemas serios: cada kilo lanzado cuesta una fortuna y evacuar calor en el vacío es técnicamente complicado.
  • Señal concreta a vigilar: si tras el año de pruebas Google anuncia una segunda fase con más chips a bordo, significará que los resultados han sido buenos. Si el experimento se queda en un comunicado y no hay continuación, será la pista de que el rendimiento en órbita no compensa.
  • Matiz que el titular no cuenta: aquí lo llamativo es el envoltorio (Google y SpaceX en la misma frase), pero ninguna empresa de nuestro radar cambia su tesis por este lanzamiento. Es posicionamiento tecnológico y marketing de futuro, no un movimiento que mueva previsiones a corto plazo.

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Fuente: WSJ