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Google lanza un servidor de IA al espacio: primer paso hacia centros de datos orbitales

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Google lanza un servidor de IA al espacio: primer paso hacia centros de datos orbitales

Google tiene previsto lanzar el 1 de octubre un satélite capaz de ejecutar inteligencia artificial en órbita, con la ayuda de SpaceX y Planet Labs. Es solo un servidor, pero la tecnológica aspira a algo mucho mayor y varios gurús del sector ya lo respaldan.

El próximo 1 de octubre, Google tiene previsto poner en órbita un satélite capaz de ejecutar sus tecnologías de inteligencia artificial en el espacio. Lo hará con la ayuda de SpaceX, la compañía de cohetes de Elon Musk, y de la empresa de satélites Planet Labs. Conviene aclarar una cosa desde el principio: no es un centro de datos volando, ni mucho menos. Se trata de una prueba temprana en la que va montado el equivalente a un único servidor, el mismo tipo de máquina que Google apila por miles en sus enormes instalaciones en tierra.

Ese servidor lleva dentro cuatro chips especializados, conocidos como unidades de procesamiento tensorial (TPU), los mismos que la compañía utiliza para construir y dar servicio a sus chatbots y al resto de sus tecnologías de inteligencia artificial. La idea de fondo es sencilla de explicar: si en el espacio los paneles reciben luz del Sol de forma prácticamente constante en determinadas órbitas, sin nubes ni noches de por medio, se podría alimentar y refrigerar la maquinaria sin depender de la red eléctrica ni del agua que hoy consumen los grandes centros de datos terrestres.

No es una ocurrencia aislada de Google. Musk aseguró hace poco que la inteligencia artificial en el espacio será la forma más barata de alimentar esta tecnología "en no más de cinco años". También han respaldado esa visión Jeff Bezos, fundador de Blue Origin (rival directo de SpaceX), Sam Altman, consejero delegado de OpenAI, y Jensen Huang, el jefe de Nvidia. Todos ellos coinciden en el mismo punto: aprovechar los rayos del Sol para alimentar centros de datos situados fuera de la Tierra.

Ahora bien, muchos expertos dudan de que esto sea realmente viable. Y hay motivos para el escepticismo. Sacar hardware al espacio sigue siendo carísimo, y una vez allí no se puede mandar a un técnico a cambiar una pieza que falla: cada avería, cada actualización, cada problema de temperatura o de radiación se convierte en un problema mucho más complicado de resolver que en un edificio en tierra. Además, lo que se lanza el 1 de octubre es un solo servidor, no la infraestructura completa que haría falta para que el invento tenga sentido económico.

Así que la noticia hay que leerla como lo que es: un experimento temprano que Google quiere escalar en los próximos años, y que servirá sobre todo para comprobar si un chip de este tipo funciona con normalidad en el espacio. Si sale bien, la compañía tendrá una pieza más para su estrategia de computación; si sale mal, no habrá cambiado nada en su negocio actual, que sigue dependiendo de los centros de datos que ya tiene repartidos por el mundo.

El análisis de Salseo

  • El cuello de botella que intenta resolver esto no es el de la inteligencia artificial, sino el de la energía: los grandes centros de datos necesitan muchísima electricidad, agua para refrigerarse y suelo con conexión a la red, y ahí es donde están chocando los planes de todas las tecnológicas. La promesa del espacio es esquivar esos tres límites de golpe. El problema es que cambia un cuello de botella por otro: el del lanzamiento, que hoy manda en el precio de todo lo que sube a órbita.
  • Lo que de verdad hay que mirar no es el titular, sino la letra pequeña del experimento: si las cuatro TPU funcionan sin fallos en condiciones de radiación y cambios bruscos de temperatura, y cuánto cuesta cada hora de computación ahí arriba frente a hacerlo en tierra. Mientras no haya una cifra de coste por cálculo y no se suba un rack completo en lugar de un servidor suelto, seguimos en fase de demostración.
  • Si el invento madura, el gran beneficiado no sería Google, sino quien controle el transporte: hoy poner cosas en órbita depende de muy pocos operadores y eso da un poder de negociación enorme a las compañías de lanzamiento. Es decir, el socio en esta prueba podría acabar siendo el que fije los precios de toda la industria, un riesgo de concentración evidente.
  • Cuidado con el entusiasmo: que Musk, Bezos, Altman y Huang defiendan la idea no es un aval técnico, es señal de que a nadie le conviene quedarse fuera de la narrativa. El negocio real de los centros de datos, con sus contratos de energía y sus proveedores de refrigeración, no desaparece ni de lejos en los próximos años. El plazo de "cinco años" es una estimación personal, no un plan de empresa con fechas y presupuestos.

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Fuente: NYTimes