Google y Nvidia llevan la IA al espacio: SpaceX se apunta a la fiesta orbital

Google probará sus chips de inteligencia artificial en órbita a bordo de un Falcon 9 de SpaceX, mientras SpaceX y Nvidia desarrollan su propio sistema de computación espacial. Las tres compañías cotizan y suben ligeramente en el premercado.
SpaceX (SPCX) vuelve al punto de mira por una razón poco habitual: la inteligencia artificial que sale de la Tierra. Google tiene previsto lanzar el próximo 1 de octubre la primera misión de su Proyecto Suncatcher, un satélite experimental que viajará a la órbita baja terrestre a bordo de un Falcon 9 de SpaceX, dentro de la misión compartida Transporter-18. La noticia ha sentado bien a las tres protagonistas: las acciones de SpaceX, Alphabet (GOOGL) y Nvidia (NVDA) subían ligeramente en la sesión previa a la apertura del viernes.
¿Qué va a hacer Google exactamente ahí arriba? Su plan es comprobar cómo se comportan sus TPU —los chips de IA que la compañía diseña para sí misma— en un entorno para el que no fueron pensados. En el espacio hay radiación, temperaturas extremas y el zarandeo del propio lanzamiento, condiciones muy distintas a las de un centro de datos en tierra. Para empezar, el satélite es modesto: lleva cuatro TPU y alrededor de un kilovatio de energía solar, y su capacidad de refrigeración limita las cargas de trabajo de IA a periodos cortos. Es decir, la misión de octubre es una prueba temprana, no un centro de datos en órbita.
SpaceX no se queda mirando. La compañía trabaja con Nvidia en su propio sistema de computación orbital: a través de SpaceXAI está desarrollando su primer satélite de IA, bautizado Starmind, alrededor de un sistema Nvidia Vera Rubin NVL72 adaptado. Ambas partes están ajustando la plataforma para funcionar en órbita, donde la energía, la refrigeración, el ancho de banda y la fiabilidad plantean retos distintos a los de tierra. Elon Musk ha dicho que confía mucho en poder lanzar ordenadores de IA con tecnología Nvidia al espacio en 2027, usando una versión del sistema Vera Rubin pensada para el vacío. Mientras tanto, SpaceXAI sigue ampliando sus sistemas Vera Rubin en suelo firme, lo que deja a Nvidia metida en las dos patas del plan: la de abajo y la de arriba.
La ambición no acaba ahí. Según los informes citados, SpaceX ha solicitado autorización para una red de computación orbital que podría llegar a incluir hasta un millón de satélites, conectados entre sí mediante enlaces láser y apoyados en la red Starlink existente para enlazar con usuarios e infraestructura terrestre. El problema es la física: los chips de IA generan mucho calor, refrigerar en el espacio es más complicado, la radiación castiga los componentes y el hardware se queda viejo antes de que el satélite termine su vida útil. Con esos mimbres, escalar la IA orbital resulta más difícil y caro que ampliar centros de datos en tierra. Aun así, si el plan avanza, SpaceX sumaría una pata de negocio adicional a sus lanzamientos y a Starlink.
El análisis de Salseo
- Para Nvidia, esto no es un capricho espacial: es abrir un mercado nuevo para su plataforma Vera Rubin antes incluso de que exista demanda real. Si la computación en órbita arranca, Nvidia se coloca en un terreno donde no compite directamente con los grandes hiperescaladores terrestres y donde su socio natural pasa a ser quien domina el transporte al espacio.
- Google juega una partida doble. Por un lado testea si sus TPU —su gran alternativa interna a los chips de Nvidia— sobreviven a radiación, temperaturas extremas y vibraciones. Si sus chips propios rinden en órbita, refuerza el argumento de que puede depender menos de terceros para su infraestructura de IA; si fallan, la conclusión también es valiosa y barata de obtener ahora.
- El movimiento interesante para SpaceX es el de convertirse en algo más que el transportista. Con Starmind, Starlink como red de conexión y los lanzamientos, aspira a controlar la infraestructura completa del negocio orbital, lo que diversificaría sus ingresos más allá de los cohetes y la conectividad.
- La lectura contraria: hoy esto es un experimento, no una línea de resultados. Los límites de refrigeración, radiación y obsolescencia del hardware hacen que la IA en órbita sea más un laboratorio que un negocio escalable a corto plazo. Señales concretas que vigilar: cómo se comporta la misión del 1 de octubre, si el calendario de 2027 con Nvidia se cumple y qué dice el regulador sobre una constelación de hasta un millón de satélites.