Google pide a la justicia europea congelar la orden que le obliga a abrir sus datos a la IA rival

Alphabet recurre ante el Tribunal General de la UE y solicita una medida cautelar para que no se aplique la orden de Bruselas de compartir sus datos de búsqueda con OpenAI y buscadores rivales. Google alega riesgo grave para la privacidad de los europeos.
Google ha movido ficha en Bruselas. La compañía de Alphabet ha pedido al Tribunal General de Luxemburgo —la segunda instancia judicial de la Unión Europea— que suspenda la orden que la Comisión Europea aprobó en julio y que le obliga a compartir su enorme base de datos de búsquedas con rivales, en especial con los chatbots de inteligencia artificial y con otros buscadores. Según ha confirmado la empresa, el martes presentó su demanda contra el Ejecutivo comunitario y, además, ha solicitado una medida cautelar para que la orden no se aplique mientras se resuelve el fondo del asunto.
La Comisión, que en Europa actúa a la vez como regulador y como autoridad de competencia, quiere que Google abra esos datos para que otros puedan competir de tú a tú con su buscador y para dar más opciones a empresas y usuarios. Google se ha opuesto frontalmente a la medida y sostiene que pone en peligro las barreras de privacidad y seguridad que protegen a millones de europeos. Un portavoz de la compañía ha justificado así la petición urgente: «Las medidas cautelares son para casos que plantean riesgo de daño grave. Es el caso del 6(11), que, como hemos dicho, amenaza con causar un perjuicio serio a la privacidad de los usuarios europeos». Esa referencia, el apartado 6(11), alude al tipo de práctica empresarial que Bruselas quiere corregir con su orden.
Conviene aclarar qué significa pedir una medida cautelar: no es una sentencia definitiva, sino un «botón de pausa». Google pide al tribunal que, mientras los jueces estudian el fondo del recurso —un proceso que en la UE suele alargarse años—, la orden quede en el aire y no tenga que cumplirse. De concederse, la compañía ganaría tiempo y evitaría tener que abrir sus datos a corto plazo; de denegarse, la presión regulatoria seguiría su curso sin tregua. La Comisión, por su parte, defiende que sus decisiones ya tienen en cuenta los requisitos de integridad y seguridad de los sistemas, así como la protección de los datos personales de los usuarios finales. La agencia MLex fue la primera en adelantar la existencia de esta petición.
El trasfondo del pulso es enorme, aunque no se vea en la cotización de un día. Los datos de búsqueda son la materia prima con la que se entrena y se afina la inteligencia artificial: saber qué pregunta la gente, cómo lo pregunta y qué acaba clicando es oro puro para cualquier chatbot que quiera responder mejor. Abrir esa mina a OpenAI y a otros competidores tocaría directamente el foso competitivo que ha protegido a Google durante dos décadas. A la vez, el caso refleja la tensión de fondo entre la política europea de limitar el poder de las grandes tecnológicas y los argumentos de privacidad y seguridad que esgrimen esas mismas compañías para frenar las órdenes. Lo próximo que hay que vigilar es la respuesta del Tribunal General a la cautelar: marcará si la orden queda congelada durante el litigio o si Google tendrá que empezar a negociar cómo abre sus datos sin comprometer la privacidad de los usuarios.
El análisis de Salseo
- Aquí no se juega una multa, se juega el acceso a la materia prima de la IA: si Google tiene que compartir sus datos de búsqueda, rivales como los chatbots de OpenAI podrían afinar sus respuestas con la información de lo que millones de personas buscan cada día. Eso ataca justo el foso que ha protegido a Google durante años, y una cautelar concedida le daría tiempo —posiblemente años— antes de abrir nada.
- La defensa de la privacidad es también una defensa del negocio. Google sostiene que ceder esos datos pone en riesgo a los usuarios europeos, pero ceder datos de búsqueda es ceder señales de intención de compra, el activo publicitario más valioso que tiene. La clave a seguir: si el tribunal entra a valorar en serio el argumento de privacidad, sentaría jurisprudencia sobre cómo se combinan protección de datos y defensa de la competencia en Europa.
- Ojo con los tiempos. La Comisión ordenó la apertura en julio y Google ha tardado semanas en judicializar el asunto con una petición urgente. Los litigios europeos se cuentan en años, así que el escenario más probable es que la orden quede bloqueada o a medio aplicar durante mucho tiempo; el mercado debería mirar la decisión sobre la cautelar, no el titular del recurso.
- La lectura contraria: Bruselas ya ha dicho que sus decisiones contemplan la integridad, la seguridad y la protección de datos personales. Si el tribunal considera que esas salvaguardas son suficientes, Google se queda sin su principal baza y tendría que negociar cómo abrir datos sin comprometer la privacidad, un marco que podría acabar convirtiéndose en el estándar para toda la industria.