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Google pone su primer chip en órbita, pero necesita 1.800 lanzamientos de Starship

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Google pone su primer chip en órbita, pero necesita 1.800 lanzamientos de Starship

Google ha lanzado al espacio un prototipo de satélite con su chip de inteligencia artificial para probar si un centro de datos en órbita es viable. Su propio análisis admite que harían falta unos 1.800 vuelos del cohete Starship de SpaceX en una década para que salga a cuenta.

Google ha dado el primer paso de su plan más ambicioso (y más raro) en inteligencia artificial: ha enviado al espacio un prototipo de satélite de computación orbital a bordo de un cohete de SpaceX lanzado desde California. Es la primera vez que la compañía pone uno de sus chips avanzados fuera de la Tierra. El aparato lo ha construido Planet Labs y servirá para comprobar que un TPU (la unidad de procesamiento de Google, su alternativa a las GPU de Nvidia) puede funcionar en condiciones espaciales: alimentarlo con un kilovatio de potencia continua, refrigerarlo y ejecutar varios modelos para ver si algo falla. «Hemos hecho pruebas en tierra, pero no hay prueba que sea tan buena como la real», resume Travis Beals, el directivo de Google que dirige el Proyecto Suncatcher.

Una vez puesto en servicio, el satélite encenderá su chip en ráfagas de 15 minutos para no forzar los sistemas de energía y control de temperatura. De momento va sobre una plataforma estándar de Planet Labs, pero ambas compañías trabajan ya en una demostración prevista para el año que viene con dos satélites diseñados específicamente para cómputo avanzado, capaces de mover cargas de trabajo más serias y de comunicarse entre sí mediante enlace láser. El cohete no iba solo con esta misión: transportaba más de 100 cargas distintas, incluidas misiones de Satlyt y Cowboy Space Company.

Lo que diferencia a Google de esas 'startups' (y de la propia SpaceX) es el horizonte temporal. Beals lo describe como un proyecto de largo plazo cuyo objetivo es la infraestructura espacial y las cargas de trabajo de IA que existirán en el futuro. La compañía imagina un centro de datos orbital formado por una red de 81 satélites volando en formación muy cerrada y procesando en paralelo. «El ancho de banda y la latencia entre TPUs importan muchísimo cuando intentas ejecutar una carga que ocupa varios bastidores... intentamos mirar no solo lo que existe hoy, sino dónde estará dentro de cinco años», explica. El motivo de fondo es que los cohetes necesarios para escalar estos centros de datos de forma rentable todavía no existen.

Precisamente de eso va el documento que Google publicó también este jueves: la versión revisada por pares de su informe sobre centros de datos orbitales, que verá la luz en la revista Joule y que es uno de los análisis más rigurosos que hay sobre cómo llevar cómputo al espacio. Aunque los investigadores insisten en que no es un estudio de viabilidad económica, dibuja cómo ve Google la evolución de los precios de lanzamiento. Partiendo de que SpaceX ha logrado una curva de aprendizaje que reduce costes un 20% anual desde el Falcon 1, consideran razonable esperar precios cercanos a los 200 dólares por kilogramo en 2035. Para lograrlo, calculan que Starship tendría que poner en órbita 370.000 toneladas de carga, lo que equivaldría a unos 1.800 lanzamientos en diez años (180 al año) y dando por hecho que cada misión pueda llevar 200 toneladas. Es una exigencia enorme para un vehículo que nunca ha volado más de cinco veces en un año, aunque Elon Musk ha llegado a sugerir que Starship podría alcanzar una cadencia de un vuelo por hora en 2029. Google, por cierto, es también un inversor importante en SpaceX.

La buena noticia del informe actualizado es que los chips de Google parecen capaces de sobrevivir a la radiación espacial. La compañía tuvo que rehacer los test en un acelerador de partículas al darse cuenta de que la configuración de los chips les daba más blindaje del que tendrían en órbita, lo que produjo algo más de errores en los circuitos lógicos. Aun así, confían en que puedan asumir grandes cargas de inferencia durante los cinco años de vida útil de un satélite: «La tasa de error es muy baja si piensas en operaciones típicas de inferencia, como una entre un millón», dice Beals. «En cambio, ya era problemático para, por ejemplo, un entrenamiento a escala gigante en el que vas a tener miles de chips funcionando durante meses».

Corrección: el titular original de la noticia cifraba erróneamente en 1.600 el número de lanzamientos necesarios; son 1.800.

El análisis de Salseo

  • El verdadero cuello de botella no es el chip, es el transporte. Google calcula que para que un centro de datos orbital tenga sentido económico hacen falta unos 1.800 vuelos de Starship en diez años, cuando el cohete nunca ha superado los cinco vuelos anuales. Es decir, toda la tesis depende de que un tercero (SpaceX) cumpla un ritmo que hoy suena a ciencia ficción.
  • Es una apuesta a 5-10 años, no un negocio que vaya a mover las cuentas de Google mañana. El informe sirve sobre todo para marcar terreno técnico y de estándares, y para justificar por qué Google, que además es inversor en SpaceX, quiere estar dentro desde el principio. La señal concreta que hay que seguir es la demo de dos satélites con enlace láser prevista para el próximo año.
  • El matiz que no cuenta el titular: el propio Google admite que sus chips van bien para inferencia (un error por millón) pero no para entrenamientos masivos. Eso dibuja un 'centro de datos orbital' más parecido a servir modelos ya entrenados desde arriba que a fabricar inteligencia artificial desde cero en el espacio.
  • Cuidado con el relato de Musk: promete una cadencia de un vuelo por hora en 2029, pero la realidad del Starship hoy son unos pocos vuelos al año. La variable que decide todo es el precio por kilo lanzado: si no se acerca a los 200 dólares en 2035, el plan completo de cómputo orbital se cae, por muy bien que aguanten los chips la radiación.

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Fuente: TechCrunch