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Gorilla entra en EE. UU. con la compra de un centro de datos de 36 MW y aspira a más de 100 MW

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Gorilla entra en EE. UU. con la compra de un centro de datos de 36 MW y aspira a más de 100 MW

Gorilla Technology firma una carta de intención no vinculante para adquirir su primer centro de datos en Estados Unidos, un emplazamiento de 6 MW ampliables a 36 MW que serviría de base a un plan de más de 100 MW en 12-18 meses.

Gorilla Technology Group (cotiza en el Nasdaq bajo el ticker GRRR), compañía que ofrece soluciones de inteligencia de seguridad, inteligencia de red, inteligencia de negocio, tecnología IoT y centros de datos, ha dado el paso que llevaba tiempo preparando: entrar en el mercado estadounidense. La empresa ha anunciado la firma de una carta de intención no vinculante para adquirir su primer centro de datos en Estados Unidos, una operación que espera cerrar antes de finales de noviembre. El movimiento no es una compra cualquiera: es la pieza con la que Gorilla quiere construirse un negocio propio de infraestructura para inteligencia artificial en el país.

El emplazamiento en cuestión ya está operativo y genera ingresos, con actividad de "colocation" (alquiler de espacio y potencia a terceros) y oficinas. Hoy cuenta con unos 6 MW de capacidad eléctrica contratada, pero el atractivo está en su recorrido: el equipo del proyecto ha conseguido el respaldo por escrito de la compañía eléctrica local para unos 30 MW adicionales, lo que abriría la puerta a unos 36 MW de capacidad total en el emplazamiento. Eso sí, la utility ha señalado un plazo de aproximadamente 18 meses para entregar esa potencia extra, condicionado a las obras necesarias en la red y en la propia instalación. Mientras tanto, Gorilla está revisando la cartera de inquilinos actuales, los contratos de alquiler, sus condiciones y el histórico de resultados del centro como parte de la diligencia debida.

La ambición va mucho más allá de ese primer edificio. La compañía asegura que su estrategia para Estados Unidos apunta a superar los 100 MW de capacidad en los próximos 12 a 18 meses, combinando infraestructura en propiedad, despliegues de tarjetas gráficas (GPU) impulsados por los propios clientes y financiación específica de proyectos. La ampliación del sitio se haría por fases, ajustando cada tramo a la demanda real de los clientes, a la potencia disponible y a la configuración técnica que exigen los sistemas de GPU de última generación. En ese sentido, la compañía ya está evaluando la arquitectura eléctrica, de refrigeración y de red existente, así como la incorporación de refrigeración líquida directa para los futuros equipos de alta densidad.

Jay Chandan, presidente y consejero delegado de Gorilla, ha descrito la operación como "un paso decisivo" en la expansión de la compañía en Estados Unidos y ha subrayado que su intención no es simplemente "comprar un edificio", sino controlar la infraestructura que sostiene la economía de la inteligencia artificial. Según Chandan, ser dueños de la plataforma del centro de datos les da más control sobre los plazos de despliegue, la energía, la refrigeración y la economía operativa, y eso, unido a los despliegues de GPU liderados por clientes, debería traducirse en un modelo de negocio mucho más sólido a largo plazo. La empresa también está en conversaciones con posibles clientes interesados en contratar capacidad de cómputo e IA vinculada a la ampliación prevista.

Conviene no perder de vista que se trata de una carta de intención no vinculante: no se ha anunciado el precio de la operación, ni el detalle de cómo se financiará, ni la confirmación definitiva de las condiciones de los contratos de los inquilinos actuales. Es decir, hoy por hoy tenemos un plan ambicioso y un primer hito claro (el cierre previsto para finales de noviembre), pero la ejecución sobre el terreno —energía, permisos, capex y clientes que firmen— es lo que determinará si el proyecto se convierte en un negocio real o se queda en un anuncio.

El análisis de Salseo

  • Cambio de piel del negocio: Gorilla deja de ser solo una empresa que vende soluciones de software e inteligencia y pasa a ser dueña de infraestructura física. Eso le da control sobre plazos, energía y refrigeración, pero también la convierte en un negocio mucho más intensivo en capital, con un perfil de márgenes y de balance muy distinto al de una compañía tecnológica ligera.
  • El cuello de botella no es el edificio, es la electricidad. Hoy solo hay 6 MW operativos y la compañía eléctrica da un plazo de unos 18 meses para los 30 MW adicionales. Si ese calendario se retrasa, todo el plan de más de 100 MW se empuja hacia atrás, porque sin potencia no hay GPU ni ingresos de cómputo.
  • Todo cuelga de una carta de intención no vinculante: no hay precio de compra, ni estructura de financiación, ni confirmación sobre la rentabilidad de los contratos de los inquilinos actuales. El primer dato verificable será el cierre de la operación previsto para finales de noviembre; si se retrasa o se cae, la tesis se enfría.
  • Pasar de 36 MW a más de 100 MW en 12-18 meses es un salto enorme que la propia empresa condiciona a despliegues de GPU "liderados por clientes". Traducción: buena parte del plan depende de que terceros firmen y financien. Señal concreta a vigilar: anuncios de contratos de capacidad (offtake) y cómo se paga todo esto (deuda de proyecto, socios o ampliación de capital).

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