La IA sacude al software: por qué a gigantes como Salesforce les cuesta adaptarse

Ben Topor, autor de "Decoding the Software Landscape", sostiene que la inteligencia artificial está reescribiendo las reglas del negocio digital y que los grandes grupos, como Salesforce, lo tienen más difícil para reaccionar a tiempo.
El analista y autor Ben Topor, que acaba de publicar "Decoding the Software Landscape", ha puesto el foco en una idea incómoda para el sector tecnológico: la inteligencia artificial no está añadiendo una capa más de modernidad al software, sino que está cambiando las reglas del juego. En su intervención, recogida por Schwab Network, explica que esta disrupción afecta de lleno a las empresas digitales, esas compañías que viven de vender programas y servicios a otras empresas y usuarios. Y advierte de un detalle que suele pasarse por alto: aquí no se salvan necesariamente los más grandes.
Su tesis es que a las compañías consolidadas les cuesta más adaptarse al nuevo escenario. En concreto, menciona a Salesforce (CRM), uno de los nombres de referencia del software para empresas, como ejemplo de esa dificultad. La razón de fondo no es que estas empresas no vean venir el cambio, sino que su propio tamaño y su estructura las vuelve más lentas a la hora de mover ficha: tienen productos muy asentados, millones de clientes acostumbrados a un modo de trabajar concreto y modelos de negocio que llevan años funcionando. Girar todo eso en poco tiempo cuesta mucho más que en una compañía pequeña que empieza desde cero.
El telón de fondo es un cambio profundo en cómo se cobra por el software. Durante años, el sector ha vivido de vender suscripciones: se paga una cuota por cada persona que usa la herramienta. Si la inteligencia artificial empieza a hacer parte de ese trabajo de forma automática, la pregunta inevitable es qué pasa con ese modelo. ¿Se sigue pagando por usuario o se pasa a pagar por resultado, por uso o por lo que la máquina es capaz de resolver? Es la clase de duda que obliga a un gigante a replantearse precios, catálogo y organización interna, y eso no se improvisa.
Conviene no perder de vista que esto es un análisis de tendencia, no un anuncio de resultados ni una noticia corporativa. Topor aporta una lectura del sector, no una cifra nueva sobre las cuentas de nadie. Para el inversor particular, la utilidad está en entender el marco: la IA es a la vez la mayor oportunidad y el mayor riesgo para las empresas de software, y el pulso se librará entre los que consigan integrarla rápido en su producto y los que se queden defendiendo el modelo antiguo. En el caso de Salesforce, ese debate pasa por ver cómo convierte su tamaño en ventaja —datos, clientes y presencia en procesos críticos de las empresas— en lugar de en un lastre.
El análisis de Salseo
- El punto clave no es que la IA sea 'mejor' que el software tradicional, sino que cambia el modelo de cobro: si antes se pagaba por asiento (una cuota por cada empleado que usa la herramienta) y ahora la IA hace buena parte de ese trabajo, la base sobre la que se calcula el ingreso se tambalea. Es un riesgo de facturación, no solo de producto.
- El tamaño juega en contra en la fase de reinvención: una empresa con millones de clientes y contratos plurianuales no puede cambiar precios y producto de un día para otro sin dañar ingresos ya comprometidos. Su ventaja histórica (escala y base instalada) se convierte temporalmente en freno.
- La señal concreta que conviene vigilar es cómo evoluciona la forma de cobrar: cuánto peso gana el pago por uso o por resultado frente a la suscripción clásica, y si los grandes del sector anuncian agentes de IA propios que realmente sustituyan trabajo, no solo 'asistentes' decorativos.
- La lectura contraria, que conviene no descartar: los grandes tienen datos corporativos, integración en procesos críticos y confianza de las áreas de compras, algo que una startup tarda años en construir. La amenaza podría traducirse en presión sobre los precios y márgenes más que en una pérdida masiva de clientes.