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La IA derrite los fosos defensivos: dónde se pierden y dónde se construyen

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La IA derrite los fosos defensivos: dónde se pierden y dónde se construyen

La inteligencia artificial está dinamitando las ventajas competitivas de toda la vida (software empresarial, monopolios regulados) mientras levanta otras nuevas en el mundo físico, la nube privada y la seguridad de los agentes.

La inteligencia artificial no solo cambia productos: está desmontando las murallas que protegían a sectores enteros durante décadas. Ese es el mensaje que lanza Zeno Mercer, responsable de investigación en robótica e IA de VettaFi, en un análisis publicado por ETF Trends. La idea de fondo es sencilla de explicar: un "foso competitivo" es cualquier barrera que impide que un rival te quite clientes, ya sea una tecnología difícil de copiar, una norma que te reserva el mercado o simplemente la complejidad que hace que cambiarse de proveedor sea un infierno. Según Mercer, la IA está secando justo esas tres fuentes de ventaja.

El ejemplo más claro es el software empresarial. Compañías como Salesforce (CRM) llevan años cobrando algo parecido a un peaje por gestionar los flujos de trabajo y las relaciones con clientes de otras empresas. El problema es que ahora un empleado puede pedirle a un agente de IA que le construya un sistema equivalente sobre su propio hardware, sin pagar ese peaje. La fricción y la complejidad que justificaban los precios altos se convierten en mercancía barata, y el golpe afecta a todo el sector del software como servicio. El caso más brutal que cita el artículo es el de Fair Isaac Corporation (FICO), que pasó décadas con un cuasi monopolio en la puntuación de crédito de los consumidores estadounidenses y que salió del índice del ETF THNQ en junio de 2025. El 29 de septiembre sus acciones se hundieron un 26% en su peor sesión de la historia: la agencia federal que regula el mercado hipotecario (FHFA) aprobó el modelo VantageScore 4.0 y rompió de un plumazo un monopolio de 30 años en las hipotecas. Moraleja: un foso sostenido por una norma puede desaparecer en un día.

Si unos muros caen, otros se levantan en el mundo físico. Mercer habla de un concepto con nombre propio, HALO (activos pesados y baja obsolescencia), y de su versión mejorada, "HALO²": negocios de alto crecimiento que además son inmunes o beneficiarios directos de la IA. La robótica y la "IA física" encajan ahí, porque convierten electricidad y movimiento en tareas reales que el software por sí solo no puede replicar. El ejemplo que pone es Advantech, una compañía muy metida en ordenadores industriales, robots, drones y hardware resistente que trabaja en fábricas y almacenes, con miles de alianzas, entre ellas con Nvidia (NVDA). Su integración en esas cadenas es tan profunda que resulta muy difícil de desbancar. En la misma línea, el análisis señala dos fosos nuevos: la computación "soberana", es decir, empresas que prefieren no meter datos sensibles en plataformas públicas como OpenAI o Anthropic y montan sus propios modelos en su propio hardware a través de proveedores como Nebius (NBIS), y la seguridad e infraestructura de los agentes de IA, terreno donde coloca a JFrog (FROG), que gestiona y protege el proceso de despliegue del software de estos sistemas.

Para el inversor particular, la traducción práctica es que existen vehículos cotizados para apostar por el lado ganador de este cambio: los ETFs temáticos THNQ (índice de inteligencia artificial de ROBO Global) y ROBO (índice de robótica y automatización). Conviene saber que el artículo lo firma una casa, VettaFi, que es precisamente la proveedora de los índices de esos dos ETFs y cobra por licenciarlos, aunque no los emite ni los vende. Su conclusión: las ventajas basadas en la complejidad, la fricción artificial y el blindaje regulatorio se están erosionando, mientras ganan durabilidad las basadas en la irreemplazabilidad física, la infraestructura propia y una arquitectura de seguridad en la que se pueda confiar.

El análisis de Salseo

  • En Salesforce el debate no es si pierde clientes mañana, sino si su modelo de cobrar por usuario (por cada asiento que ocupa un empleado) pierde sentido cuando un agente de IA puede montar algo similar sin pasar por caja. La señal a vigilar no es el titular, sino cómo evoluciona su mezcla de ingresos y si consigue cobrar por resultados o por consumo en lugar de por número de licencias.
  • El batacazo del 26% de FICO es un aviso para cualquier empresa cuya cuota dependa de una norma, un estándar obligatorio o un contrato público: eso se paga muy caro en bolsa hasta que un regulador cambia de criterio y lo borra en una tarde. Merece la pena revisar qué compañías de tu cartera tienen su ventaja principal en una norma o una licencia, no en su producto.
  • El giro hacia lo físico (hardware industrial, sensores, robótica) explica por qué Nvidia sale reforzada en esta tesis: si la ventaja está en integrarse en máquinas y fábricas reales, el fabricante de los chips que alimentan todo ese ecosistema gana centralidad, como socio tecnológico de compañías tipo Advantech. Su riesgo, en cambio, no es la competencia de software sino el ciclo de inversión y la concentración de grandes clientes.
  • Nebius y JFrog son apuestas a negocios distintos y con letra pequeña: la nube privada para datos sensibles exige muchísimo capital (centros de datos, chips) antes de dar beneficios, así que importan los contratos cerrados y el uso real de su capacidad, no los anuncios; y JFrog depende de que las empresas necesiten gestionar y blindar despliegues de IA, algo que hoy es promesa más que certeza. Ojo también al conflicto de interés del artículo: quien lo firma cobra por licenciar los índices de los ETFs que recomienda.

Empresas mencionadas

Fuente: ETF Trends