Un ingeniero lleva a Google al Supremo de EE.UU. para aclarar la ley de patentes

Jeff Kohler, ingeniero de software, pide al Tribunal Supremo de Estados Unidos que aclare cómo se aplica la doctrina que ha invalidado miles de patentes de software. El alto tribunal decide el 28 de septiembre si admite su caso contra Google.
Jeff Kohler era ingeniero de software en 2005 cuando empezó a dedicar noches y fines de semana a un proyecto propio: un sistema de videoconferencia por web capaz de grabar y reproducir sesiones en directo. Presentó la solicitud de patente sin ayuda de un abogado especializado y metió en el expediente dos CD llenos de código fuente en C++ para demostrar su trabajo. La patente le fue concedida en 2010 y, años después, ya trabajando en Microsoft, la compañía de Redmond licenció su tecnología para su plataforma de videollamadas Teams.
El conflicto llegó cuando YouTube incorporó la posibilidad de que el espectador pausara, rebobinara y cambiara la velocidad de reproducción de un vídeo en directo. Kohler, que vive en Bellevue (Washington), vio ahí lo que considera su propia invención y demandó a Google por infracción de patente en abril de 2023 ante el Tribunal de Distrito de Seattle. Google no se puso a discutir si la función era original: su defensa fue que la patente de Kohler era demasiado abstracta para merecer protección. El tribunal de distrito le dio la razón y desestimó el caso, y el Tribunal de Apelaciones del Circuito Federal confirmó esa decisión.
Ambas resoluciones se apoyan en Alice Corp. contra CLS Bank International, un fallo del Tribunal Supremo de 2014 que elevó el listón para patentar software al establecer que no se puede patentar una "idea abstracta" implementada con tecnología genérica. Desde entonces, esa doctrina se ha usado para invalidar miles de patentes de software y el Supremo ha rechazado una y otra vez revisar el criterio. Sus defensores subrayan que fue una herramienta clave contra los llamados "patent trolls", entidades opacas que compraban patentes vagas para demandar a tecnológicas con acusaciones endebles. Sus críticos, en cambio, sostienen que encaja mal con el software: como los programas suelen apoyarse en hardware que ya existe para ejecutar el código, los tribunales tienden a considerar que esas invenciones no aportan suficiente novedad. Jon McMichael, abogado de propiedad intelectual que ha escrito sobre este caso, señala que el problema es habitual cuando el inventor usa ordenadores de propósito general y componentes estándar. La profesora de la Universidad de Washington Toshiko Takenaka, que prepara un trabajo académico sobre el asunto, cree que la rapidez de la doctrina para tumbar malas patentes se produce "a costa de los mejores inventores" y opina que Kohler aportó algo que un ordenador corriente no podía hacer.
También algunos jueces han mostrado su incomodidad. La presidenta del Circuito Federal, Kimberly Moore, firmó la opinión que confirmó la desestimación del caso de Kohler, pero ya en 2020, en un asunto distinto, escribió que ella y sus colegas estaban "unánimes en nuestra petición sin precedentes de orientación" al Supremo sobre cómo interpretar una doctrina que describió como una "excepción judicial para matar patentes creada por nosotros mismos".
Ahora Kohler pide al Tribunal Supremo que acepte su caso, y lo hace con un enfoque nuevo: no pide tumbar la doctrina, sino aclarar cómo deben aplicarla los tribunales. "El sistema legal de patentes se ha vuelto hostil con los inventores", afirma. "Por culpa de Alice, mi caso se frenó antes de empezar". Kohler pasó más de 15 años en Microsoft, donde ayudó a lanzar HoloLens y llegó a director sénior de gestión de producto de la línea Surface, y después fue responsable de producto en Meta para su plataforma Horizon. Su nueva abogada, Kathryn Jean Miller, no tenía experiencia previa en patentes y se inscribió en el colegio de abogados del Supremo para este caso. "Estamos mi abogada y yo contra el mundo", dice. El alto tribunal ha rechazado más de 89 peticiones relacionadas con Alice, algunas con el respaldo del abogado general del Estado; decidirá el 28 de septiembre si admite esta y probablemente anunciará su decisión la semana siguiente. Los escritos de apoyo (amicus) deben presentarse antes del 23 de septiembre, y Kohler confía en que ilustren la necesidad de aclarar las reglas.
El análisis de Salseo
- El mecanismo que importa: hoy las grandes tecnológicas usan la doctrina Alice como escudo barato, porque les basta con argumentar que la patente es "demasiado abstracta" para tumbar una demanda sin entrar a discutir si copiaron algo. Eso es exactamente lo que hizo Google. Si el Supremo admitiera el caso y rebajara esa barrera, se reabriría la puerta a miles de patentes de software y subiría el riesgo legal de las compañías que hoy viven de invalidarlas a bajo coste.
- La jugada de Google no fue defender la originalidad de la función de YouTube, sino atacar la validez de la patente. Es la estrategia estándar cuando el coste de pelear el fondo es mayor que el de matar el caso al principio, y explica por qué casos así mueren antes de llegar a juicio. La señal concreta a vigilar es la del 28 de septiembre: con más de 89 peticiones ya rechazadas sobre esta misma doctrina, lo normal es que la respuesta vuelva a ser no.
- Lo que el titular no cuenta: Kohler no pide derogar Alice, pide que se aclare cómo se aplica. Es precisamente lo que llevan años reclamando jueces del propio Circuito Federal, así que un cambio, aunque parezca pequeño, tendría un efecto enorme porque la regla se aplica en masa y no caso por caso. Un ajuste técnico en la forma de interpretarla vale más que cualquier sentencia concreta.
- Para el mundo de la IA esto no es ajeno: muchas invenciones de software se construyen sobre hardware que ya existe, que es justo el supuesto que los tribunales castigan bajo Alice. Nuestra lectura es que la forma en que se resuelva este pulso influye en cómo podrán protegerse las invenciones de IA en Estados Unidos durante los próximos años, y eso es una variable de riesgo que las compañías del sector no controlan.