El CEO de Intel ve la cuántica junto a las CPUs y IonQ le responde con un ejemplo real

Lip-Bu Tan (Intel) sostiene que los procesadores cuánticos trabajarán codo con codo con CPUs y GPUs, y días después IonQ demuestra que la corrección de errores cuánticos puede ejecutarse en un solo procesador convencional.
El consejero delegado de Intel, Lip-Bu Tan, dejó clara su visión sobre el futuro de la computación cuántica durante su intervención en la conferencia .conf26 de Splunk, celebrada en Denver el 14 de septiembre. Según Tan, los procesadores cuánticos no van a sustituir a las CPUs ni a las GPUs, sino que acabarán funcionando junto a ellas según lo que exija cada aplicación: «Las GPUs, las CPUs y la computación cuántica son formas de computación, así que correrán juntas en determinadas áreas de aplicación». El directivo también señaló dos frentes donde la industria todavía tiene trabajo pendiente: la corrección de errores y la llegada de aplicaciones realmente prácticas.
Pocos días después, IonQ puso un ejemplo concreto de cómo sería ese modelo híbrido. La compañía anunció el martes que sus investigadores han desarrollado y probado lo que describen como el primer decodificador de corrección de errores cuánticos en tiempo real y de extremo a extremo capaz de funcionar en una única CPU convencional, de las que se compran en cualquier tienda. El sistema se probó con circuitos de referencia que simulaban hasta 408 cúbits lógicos y más de 31,5 millones de operaciones. Bajo supuestos estándar de ruido de funcionamiento, la compañía asegura que el decodificador añadió apenas un 0,02% al tiempo de ejecución. Conviene hacer una matización importante: esto no significa que IonQ haya operado un ordenador cuántico con 408 cúbits lógicos, sino que se trabajó con cargas simuladas sobre una arquitectura de iones atrapados tolerante a fallos, una diferencia clave para medir cuánto falta para el uso comercial.
El problema que ataca IonQ es uno de los grandes muros de la computación cuántica: estos sistemas son extremadamente sensibles a los errores y corregirlos es imprescindible para construir máquinas fiables. La parte complicada es a la vez clásica, porque el procesador que descifra esos errores tiene que ir al mismo ritmo que el ordenador cuántico o el cálculo se ralentiza. La propuesta de IonQ plantea que la máquina cuántica haga los cálculos y que una CPU normal se encargue de identificar y corregir los fallos de forma continua. Ese esquema encaja con el modelo que describió Tan, aunque Intel e IonQ usan tecnologías cuánticas distintas y el trabajo de la segunda no debe leerse como una validación de la hoja de ruta de Intel. Nicolas Delfosse, responsable de investigación cuántica de IonQ y coautor del estudio, defiende que el resultado supone «un camino práctico hacia la computación cuántica tolerante a fallos a escala comercial».
En el mercado, la reacción fue suave: las acciones de Intel subieron un 1,71% el martes y cerraron en 123,86 dólares. El propio Tan puso sobre la mesa una pregunta que sigue sin respuesta y que es, en realidad, la que más importa a largo plazo: quién va a pagar unos sistemas cuánticos a gran escala. Un avance técnico como el de IonQ reduce incertidumbre sobre el camino a seguir, pero no resuelve todavía el negocio.
El análisis de Salseo
- La clave del anuncio de IonQ no es cuánta potencia cuántica tiene, sino que el trabajo sucio de corregir errores puede recaer en una CPU normal y barata. Si eso se confirma, se cae la idea de que hará falta desarrollar chips clásicos especializados y carísimos solo para acompañar a cada máquina cuántica.
- El dato del 0,02% de sobrecarga es el más revelador: si decodificar errores casi no frena el cálculo, el sistema se puede escalar. Pero son simulaciones con supuestos de ruido estándar; con ruido real peor de lo previsto, el decodificador se queda corto. La señal a vigilar es cuándo IonQ repita la prueba sobre hardware cuántico real y no simulado.
- Para Intel, este marco le viene bien: si la cuántica es un complemento y no un sustituto, sigue vendiendo CPUs y GPUs en la ecuación. Ojo con leerlo como un espaldarazo a Intel, porque IonQ trabaja con iones atrapados, una tecnología distinta a la que persigue la compañía de Santa Clara y que la propia fuente advierte que no valida su hoja de ruta.
- La pregunta que deja Tan sin contestar —quién paga la cuántica a gran escala— es la que de verdad mueve la tesis de IonQ: el avance técnico no cambia sus ingresos ni su consumo de caja a corto plazo. Habrá que seguir si aparecen acuerdos con grandes nubes o el primer caso de uso comercial que alguien esté dispuesto a pagar.